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Hacer un recorrido por las versiones
fílmicas de la secular leyenda del gólem es todo un curso de cine.
Muchos conceptos que parecen muy recientes como guión adaptado, spoof (parodia), remake (nueva versión) o plagio existen desde los albores
del séptimo arte y esta historia sirve de ejemplo ilustrativo. Por otro lado permiten observar cómo mitologías tenidas como excepcionales, caso de la judeocristiana, en realidad son remakes (je je) de otras anteriores (1). Repasaremos varias obras, desde la trilogía clásica de Wegener comenzada en 1915, hasta la metafísica Golem del polaco Szulkin (1980).
El mito hebreo del gólem se fue conformando añadiendo elementos desde el conocimiento de la palabra golim (materia en bruto), que aparece en el Salmo 139 de la Biblia. El término se fue utilizando como oposición a un ser entero, con espíritu, que solo puede establecer el Dios único y todopoderoso que se conforma en la tradición judeocristiana por asimilación de culturas vecinas, como la Egipcia y algunas mesopotámicas. Después, a lo largo de época medieval, se iría perfilando la idea algo vaga de la posibilidad de crear autómatas a través de ciertos rituales. Estos implicarían el conocimiento de alguno de los nombres de Dios (poderoso elemento cabalístico también presente en la película π, ópera prima de Darren Aronofsky) o el uso mágico de la palabra Emet (“verdad”) para la activación pero también para la desconexión del ser, borrando la primera letra y dejando así el vocablo Met (“muerte”). Habrá que esperar a la llegada de Gustav Meyrink, quien no era judío pero estaba familiarizado con las conexiones de la leyenda vinculada al rabino Loew Ben Bezalel de Praga, para que con su novela El Gólem (1915 como libro, pero publicada antes por entregas) estandarizara la historia siguiendo criterios esotéricos. Aunque todas las versiones fílmicas de la historia toman elementos de Meyrink, ninguna es una adaptación fiel. Tal vez porque como señaló el director Paul Wegener, el primero en llevarla al celuloide, en el cine “la poesía está en la cámara”.

LA TRILOGÍA DE PAUL WEGENER (1915-1920)
Este director es considerado como uno de los exponentes del cine expresionista, en gran medida copado por la producción alemana de comienzos del siglo XX y los míticos estudios de la UFA (aún existentes) en Babelsberg-Potsdam. Wegener comentaba que mientras rodaba una de sus versiones de El estudiante de Praga conoció la leyenda del gólem. Se familiarizó con la novela de Meyrink, que tuvo un gran éxito para su época, pero cogió elementos de aquí y de allá para potenciar lo que consideraba crucial en el ámbito fílmico: la primacía de la imagen. Así llegó Der Golem en 1915. De esta obra se conservan solo unos pocos minutos pero ya queda claro que la filosofía de primacía visual está muy bien desarrollada con lo poco que tenemos, como la caída del monstruo (interpretado por Wegener) desde lo alto de una torre.

La primera versión de la historia fue un éxito y a su creador se le ocurrió hacer una parodia. Así es como llego en 1917 Der Golem und die Tänzerin (El Gólem y la bailarina). Por desgracia está perdida, algo muy habitual en el cine mudo, pero se conserva el guion, que es un locurón. En la historia una bailarina va al cine para ver la exitosa Der Golem y el director, que casualmente pasaba por allí, se enamora de ella. La muchacha no le hace caso pero como está encantada con el personaje, el pretendiente se disfraza de monstruo para enamorar a su amada y de paso provocar unos cuantos equívocos. Cervantes con Don Quijote de la Mancha había establecido el metalenguaje y en gran medida la parodia en la literatura. Ahora estos conceptos llegaban al cine y la película fue otro éxito. El “Breslauer Zeitung” por ejemplo señalaba: “Hay muchas risas en este encantador Capriccio de cuatro actos”. Como suele decirse, encantó a público y crítica.

Y si tenemos el guión adaptado del 15 y la parodia del 17, en el año 20 llegó la nueva versión o remake. Considerando Wegener que su primera obra estaba muy constreñida por cuestiones presupuestarias y de producción en general, realizó una nueva película más personal, Der Golem. Wie er in die Welt kam (El Gólem. Cómo llegó al mundo). Siguió algunos elementos narrativos de la primera cinta pero cambiándola a la época del rabino Loew. Por suerte está completa y es uno de los mejores exponentes conservados de cine mudo con tintes expresionistas y de terror. Una verdadera delicia que sigue demostrando virtuosismo técnico a día de hoy. Algo que por supuesto no pasó desapercibido a las nacientes industrias de la época, como la estadounidense, de modo que otras obras maestras de la época bailaron en la fina línea entre homenaje y plagio. El ejemplo más claro lo constituye el Frankenstein de 1931 dirigido por James Whale y protagonizado por Boris Karloff.
Póster de la película de 1920 donde están claros los elementos expresionistas, movimiento que supuso una reacción a la ordenada burguesía de la época.
LE GOLEM (DUVIVIER, 1936)
No deja de llamar la atención que a día de hoy siga conservando derechos de autor. Más teniendo en cuenta que el director fue demandado por los guionistas (Voskovec y Werich) que habían realizado una obra de teatro sobre el mito y que no fueron reconocidos en algunos elementos de la historia, la cual venía a ser una continuación de la de 1920. Al respecto, en el libro Down from the Attic: Rare Thrillers of the Silent Era through the 1950s por John T. Soister y Henry Nicolella, se puede leer:
“El éxito (…) del Gólem llevó al director francés Duvivier a encargar a la pareja [de escritores checos] la escritura de un guion. Sin embargo eliminó a los personajes del guion que recibió, y cambió el género así como la orientación del original. Sin embargo mantuvo partes del texto sin dar atribución, lo que desató otra batalla legal respecto al gólem que al final ganaron los artistas checos” (Traducción propia).
IT! CURSE OF THE GOLEM (J. LEDER, 1967)
Esta película también es muy interesante para ejemplificar algunos elementos de la historia del cine. Por esta época teníamos a la británica Hammer logrando un gran éxito con su aproximación, un tanto camp sumando toques eróticos, a los monstruos clásicos que ya había explorado desde otros parámetros la Universal (Frankenstein, Drácula). Por otro lado, directores como Hitchcock estaban revolucionando el cine a través de novedosas estrategias narrativas, siendo uno de los mejores ejemplos las sorpresas que desvelaba la historia contenida en Psicosis (Psycho, 1960). La maldición del Gólem es un magnífico caso de película subida al carro de las modas de la época, con una mezcolanza nada disimulada de elementos que tenían éxito. Es aburrida pese a los esfuerzos del actor Roddy Mac Dowall —más conocido por ser César en la saga de El planeta de los simios— e incluso por elementos de comedia involuntaria, como en algunas muertes un tanto ridículas y por el hecho de que un perturbado se encuentre con la posibilidad de manejar al Gólem a su antojo, entre otras cosas para ligar. Con todo merece la pena por estudiar lo que suponía una exploitation de otras épocas. En este caso por una productora (Seven Arts) un tanto desconocida en la actualidad pero que tiene en su haber clásicos como ¿Arde París? (Clément, 1966), Lolita (Kubrick, 1962) o Siete días de mayo (Frankenheimer, 1964).

GOLEM (SZULKIN, 1980)
La versión de la historia más interesante junto a la trilogía inicial es esta, desarrollada en Polonia por el director Piotr Szulkin. La Ciencia ficción de los países del este de Europa tiende a ser un tanto desconocida, aunque en algunos casos con la potencia suficiente como para que no tuviera que envidiar a la producida en otros lugares. Puede ser el caso de Письма мёртвого человека (Cartas de un hombre muerto, Lopushansky, 1987) o esta versión del gólem, que tiene muy poderosas reminiscencias de la literatura de Kafka, máximo exponente de la cultura de lengua alemana en Praga, y del género distópico. Unos cuantos elementos visuales y narrativos aprovechan aquí partes de la historia de Meyrink para establecer una historia sobre la identidad y la dificultad de distinguir entre la realidad cierta, de existir esta, y la sensible. Son características muy difíciles de llevar al cine que estaban en la novela de 1915 y el director polaco las lleva a su obra con maestría. Ecos de todo esto podemos encontrar en obras muy posteriores como The Matrix (Wachowski, 1999) o Dark (2017-2020, Bo Odar-Friese) ésta además con referencias a la leyenda del gólem, como sus ciclos de aparición cada 33 años, por citar un par de los muchos en los que se podría pensar.

EN CONCLUSIÓN
Algunas historias nos han acompañado desde siempre como especie. El gólem establece, a partir del reconocimiento de la idea de una divinidad omnipotente a través de influencias entre diversas culturas, una diferencia clara entre el ser completo y el autómata inanimado o copia vacía. De ahí a las grandes preguntas sobre qué constituye la voluntad o el espíritu vital —o incluso si este tiene algún significado— había solo un paso que esta historia ha ido recorriendo en sus diversas manifestaciones. Si Mary Shelley “inventó” el género de la Ciencia ficción con su causalidad científica y lo desarrolló con un “monstruo” más humano que los propios humanos, el gólem —sobre todo a través de su sistematización por Meyrink— se introducirá en ese naciente género a través del autómata. Hijo del gólem es el robot (término aparecido por primera vez en 1920 en la obra de Kapek R.U.R.), que exigirá por méritos propios su lugar en las historias de Ciencia ficción. Y en múltiples derivadas incluidas las más existenciales, como la desarrollada por Mamoru Oshii en los bellos animes que elaboró dentro del universo de Ghost in the Shell, también con referencias explicitas al gólem en la segunda parte (Innocence, 2004). Sin olvidar elementos políticos, pues el Gólem ha sido visto como ejemplo de tecnología muy poderosa de gran poder destructivo. Si a esto le sumamos el hecho de que la traslación de este mito prometeico al cine es una lección de historia del mismo, incluyendo innovaciones como las de Wegener, el conocimiento de este arquetipo permite saber más sobre nosotros, nuestro arte y nuestra identidad como especie y si esta puede ser ampliada al conjunto de la naturaleza. Casi nada.
NOTAS
(1) Fundamentalmente la egipcia y babilónica (Frankfort, Irvin. 1954).
(2) Para un desarrollo detallado de la narrativa de los androides desde arquetipos como el del gólem, ver Deckard (2020).
QUIERS APRENDER ARAGONÉS? / ¿QUIERES APRENDER ARAGONÉS?
¿QUIERE SABER MÁS?
—IRWIN, W. y FRANKFORT, H. A. (1954) El pensamiento prefilosófico. Vol. 2: Los hebreos. Obra que sigue siendo imprescindible para contextualizar el surgimiento de la idea de un Dios monoteísta todopoderoso a partir de un panteón previo, debido a elementos aculturizadores provenientes de la sociedad egipcia y mesopotámica hacia la hebrea.
—Capítulo de Podcaliptus Bonbon dedicado al Gólem:
https://www.ivoox.com/podcaliptus-8-x-12-el-mito-del-golem-audios-mp3_rf_77121291_1.html
—DECKARD, V.(2020). Los antropoides artificiales en la Ciencia ficción [Robots y cíborgs. Líneas narrativas y obras imprescindibles]:
https://blogcaliptusbonbon.blogspot.com/2020/05/los-robots-en-la-ficcion-dos-vias-hacia.html/
—Ver Der Golem. Wie er in der Welt kam (Wegener, 1920):
—Ver Le golem (Duvivier, 1936):








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