sábado, 28 de marzo de 2015

Ciencia ficción para aprender historia: La "Trilogía marciana" (Stanley Robinson, 1992-1996) y el materialismo histórico

¡Ustedes no harán más que repetir la catástrofe socialista!

—No juzgues tan a la ligera ese periodo replico Vlad. Los países socialistas estaban amenazados por el capitalismo exterior y la corrupción interior, y no hay sistema capaz de sobrevivir a eso. No hay que tirar al bebé socialista con el agua del baño estalinista, o perderemos muchos conceptos que necesitamos. La Tierra está en manos del poder que derrotó al socialismo, y ese poder es una jerarquía irracional y destructiva. ¿Cómo podemos tratar con él sin que nos aplaste? Tenemos que buscar la solución donde sea, incluso en los sistemas que el presente orden de cosas derrotó.

Kim Stanley Robinson, Marte Verde (1994).


En este fragmento de la "Trilogía marciana", en concreto de su segundo volumen, se pone de manifiesto lo que propugna Kim Stanley Robinson a través de su personaje Vlad Taneev: no se puede desdeñar las alternativas políticas disidentes, ni todo su corpus ideológico, sólo porque el aparato ideológico de la doctrina dominante las anule. A lo largo de estos libros el autor explora la posibilidad de colonizar Marte. La trama, que comienza en 2026, atiende no solamente a los complejos aspectos técnicos de la expedición, sino también y sobre todo a reflexionar sobre la posibilidad de la instauración de un sistema político lo más justo posible. Kim Stanley Robinson, doctor en literatura inglesa, juega en la liga de los mejores autores de Ciencia ficción: los que se sirven del género para comprender mejor nuestro presente, en aras de plantear soluciones a los peligros que nos acechan como especie. En este doble objetivo bebe de diversas fuentes, desde el cantonalismo suizo al anarquismo, pasando por las concepciones transnacionales de Kant. En el artículo me voy a centrar sin embargo en el concepto de "materialismo histórico", cuyo principal teorizador se considera fue Karl Marx.

 
Típicas barbas de teórico del XIX. Abajo: Kim Stanley Robinson realizó su tesis doctoral sobre Philip K. Dick. Los temas que aborda en sus novelas son similares a los de este último, pero desde una perspectiva tecnológica verosímil. Lo que se conoce como Ciencia ficción "dura" o "hard" (2017. Imagen Creative Commons por Gage Skidmore vía Wikicommons).


Hay figuras históricas que no suelen plantear incomodidad ante su nombre. Winston Churchill es una de ellas, habitualmente citada con admiración hace pocos días de este artículo por la política española Rosa Díez, porque se suele desconocer, o se obvia, que es una persona que defendió la posibilidad de gasear a los indígenas en las colonias británicas (1). Por contra Marx es con frecuencia visto con desconfianza. Es posible que la mayoría de la gente al oír su nombre, evoque desfiles militares de la Unión Soviética, gulags, tanques en Praga o cosas peores. Ésta es en gran medida una imagen construida por el aparato ideológico de los dos bloques principales de la Guerra fría. Los soviéticos trataron de propugnar ser los únicos y verdaderos herederos de Marx, mientras que los teóricos del bloque occidental, al unir su nombre al de la política de la URSS de aquellos años, han contribuido a desprestigiar la validez de su obra como elemento útil para encontrar alternativas al statu quo actual.

En realidad, hay muchos tópicos falsos alrededor del autor alemán. Fallecido en 1883, nunca conoció la Unión Soviética, de cuyos orígenes le separaron prácticamente 35 años. Ni siquiera fue el inventor del comunismo, como se piensa generalmente, pues era un movimiento que ya había nacido cuando se adscribió a él (2). Por otro lado hay dos ámbitos fundamentales en su obra, el de teoría política y el de investigador social, los cuales, aunque estén relacionados en su obra y desde algunos ámbitos ideológicos se buscan unir indisolublemente, constituyen elementos diferenciados que han dejado un legado teórico separado. El primero tiene como núcleo la lucha de clases y el advenimiento del comunismo como sistema político, mientras que el segundo trata de describir el funcionamiento de la sociedad. Este meta es la que se sirve del "materialismo histórico" término que es el que se ha asentado, aunque él no lo bautizó de esta maneracomo instrumento de análisis. Dejando de lado en este artículo la primera esfera marxista, la de acción política, me gustaría plantear la siguiente pregunta: ¿es el materialismo histórico una herramienta útil para interpretar la sociedad?

El ámbito de la teoría política marxista en aras del advenimiento del comunismo ha sido criticado, con buenos argumentos, por filósofos como Bertrand Russell. Consideró que conceptos como el de "dictadura del proletariado" son propensos al mesianismo y a la asunción de la ideología marxista en un plano similar al religioso. Este tipo de teorías han llevado a ciertos movimientos progresistas a volverse hacia pensadores como Baruch Spinoza, en busca de alternativas con una concepción revolucionaria menos elitista y vertical. 

El marco teórico del concepto se estableció por Marx, en colaboración con el en general obviado Friedrich Engels, principalmente en dos obras: La Ideología Alemana (1846) y el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859). Apoyándose en autores previos como Feuerbach, llega a la conclusión de que son los medios materiales de la sociedad (actividad económica, sistemas de producción) los que determinan los aspectos ideológicos de la mismaconocidos como "superestructura" (engranaje político, sistema judicial, ámbito cultural). En el texto de 1859 lo expresaba así: "El conjunto de estas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real, sobre la cual se eleva una superestructura jurídica y política y a la que corresponden formas sociales determinadas de conciencia (...) No es la conciencia de los hombres la que determina la realidad; por el contrario, la realidad social es la que determina su conciencia".

Esta herramienta de conocimiento social no parece absurda teniendo en cuenta el mundo que nos rodea. En las sociedades denominadas equivocadamente como "desarrolladas", nos encontramos con una estructura capitalista basada en la producción y demanda masiva de productos elaborados. Los objetos de consumo en un gran porcentaje no son indispensables para la vida, sino que se basan en parámetros de prestigio social. Éste a su vez es un constructo armado por medios publicitarios y propagandísticos. Basta ver unos cuantos anuncios televisivos o expuestos en las marquesinas urbanas para ser conscientes de ello, lo que es explicado correctamente por el materialismo histórico. La herramienta no tiene nada que ver con la búsqueda del advenimiento del comunismo o la dictadura del proletariado: es un elemento de investigación político-social no la única que funciona. Por ello historiadores de prestigio utilizaron o utilizan este instrumento "marxista" para realizar su trabajo. Como los surgidos a la sombra de la revista británica "Past and Present", entre otros Eric Hobsbawn o el arqueólogo Gordon Childe, mencionado este último en un detalle gracioso como defensor de nuevas teorías en la película Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Spielberg, 2008). Se pueden sumar a este corriente ciertas escuelas historiográficas francesas, con autores como Albert Soboul o Pierre Vilar.

Hobsbawn ha utilizado el materialismo histórico como forma válida de interpretación del pasado. Entre otros factores la publicidad, dictada por motivos económicos, transforma la forma de pensar de los seres humanos. Aunque tampoco debemos obviar que el papel de la cultura puede influir en la economía. De modo que es un camino bidireccional, algo a tener en cuenta para comprender correctamente el funcionamiento social.

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En conclusión, gran parte de la obra de Marx es válida como sistema de análisis social. Su uso no tiene nada que ver per se con la persecución de fines políticos represivos como los que instauró la Unión Soviética, pero a su vez puede ayudarnos a construir un mundo mejor como el teorizado en la "Trilogía marciana". Al respecto sirve junto con otros elementos de análisis social a encontrar los problemas que afectan al sistema en el que estamos imbuidos y que trata de anular cualquier alternativa.


NOTAS

(1) Glancey (2003).

(2) Antes de la fundación del Comunista por Correspondencia (1846) por Marx y Engels y su famoso Manifiesto de dos años después, el término en una concepción móderna ya circulaba al menos desde el siglo XVIII, con obras como el Projet de commounaté philosophe (1777).


¿QUIERE SABER MÁS?

—Uno de los documentos en los que Churchill defendió el uso de armas químicas, en este caso contra "tribus sin civilizar" (sic) en Mesopotamia (actual Irak), es el memorando que dictó el 12 de mayo de 1912. Aunque no lo he encontrado escaneado en línea, hace referencia a él Jonathan Glancey en "The Guardian" (Our last occupation, 19 de abril de 2003. Disponible aquí). La cita completa aparece así mismo en la web del America's National Churchill Museum (Disponible aquí).


—Pódcast sobre Spinoza:


—Pódcast sobre Marte, en el que se habla de la "Trilogía marciana" (dos partes):




—Pódcast sobre Bertrand Russell:

 
 
Ciencia ficción para aprender historia: La "Trilogía marciana" (Stanley Robinson, 1992-1996) y el materialismo histórico © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0

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