lunes, 16 de febrero de 2026

ESTIGMAS POSMODERNOS Y PENÚLTIMAS VERDADES (Filosofía política en la obra de Philip K. Dick)

Lo parecía, pero algo no funcionaba bien. Era un presentimiento. En lo más profundo de su ser, Hamilton notaba la presencia de la enojosa sensación de que algo fundamental se había torcido.

P. K. Dick. Ojo en el cielo (1985), p.25


Un análisis exhaustivo de la obra del brillante escritor Philip k. Dick (1928-1982) es cuanto menos complejo. Realidades superpuestas en un juego especular inundan las páginas de sus libros, donde encontrar el asidero de lo real, el botón antipánico de lo cotidiano, se convierte en una ardua tarea tanto para sus protagonistas como para los lectores. Mi objetivo en este artículo es más humilde: enmarcar gran parte de su producción literaria en un contexto filosófico determinado, el del posmodernismo, y defender brevemente la utilidad de la lectura de sus textos en el marco político actual. Probablemente Dick no estaría de acuerdo con mis conclusiones, o sí, o durante un rato, o asentiría complacido en una dimensión paralela a la nuestra, o imprecaría horrorizado en algún mundo transversal. Tal vez todo ello a la vez. 

Cuando se habla de Dick es mejor estar despejado. Una tacita de café "Ubik" permite rendir durante tres días seguidos sin limitaciones inútiles como el sueño. El fabricante no se hace responsable de los posibles efectos adversos observados en algunos consumidores (irritabilidad, paranoia y en casos muy excepcionales, muerte).

La vida del autor en gran medida transcurrió en época de la guerra Fría, momento propicio para la paranoia política y los impulsos totalitarios por parte de los dos bloques en liza. Contexto que influyó en la obra de Dick, quien percibió los peligros derivados de unos gobiernos enfrentados por la hegemonía mundial y que buscaban limitar la disensión interna, aún a costa de coartar los derechos de sus ciudadanos. Dick, quien desde 1938 vivió largo tiempo en Berkeley, foco cultural y de debate político en los Estados Unidos, desconfió desde un principio de las dos ideologías contendientes y llegó a la idea de que tanto el capitalismo como el comunismo tenían impulsos eminentemente opresores, como  para él demostraban sus efectos sociales durante la época que nos ocupa. No detallaré aquí la perspectiva más puramente política de la guerra Fría por no ser el objetivo del artículo, bastando decir que fue una etapa de desconfianza tal que dio protagonismo a personajes como McCarthy, quien “sospechaba que todos los ciudadanos (…) eran comunistas camuflados” (Carrère. 2007, pp. 32-33) Personajes así indudablemente influyeron en los textos de Dick, en los que el tema de la persecución inmisericorde al disidente o sencillamente al diferente por un poder omnímodo es un tema recurrente. Un ejemplo claro puede ser entre otros la novela Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, que llegó a considerar su propio Archipiélago gulag (Ibid. p.194). En la trama los estudiantes deben vivir recluidos en campus convertidos poco más o menos que campos de concentración, donde los controles aleatorios y constantes de la policía suelen acabar con encarcelamientos masivos de simples civiles.

Empieza el concurso de portadas locas. Los germanoparlantes descalificados en primera ronda.

Esta época tras la Segunda Guerra Mundial no sólo estuvo cerca un par de veces de convertir el planeta en un solar radiactivo, sino que vivió la eclosión definitiva de la corriente filosófica conocida como Posmodernismo y en la que me atrevo a enmarcar gran parte de la obra de nuestro querido autor. Esta formulación de pensamiento, con precedentes en estudios de lingüística como los de Ferdinand de Saussure (1857-1913), denuncia la falacia de las "metanarrativas", es decir, “las verdades supuestamente universales, absolutas o últimas utilizadas para legitimar diversos proyectos políticos o científicos” (R. Appignanesi y Chris Garratt, 2002, p. 103). Todas las ideologías afirman partir de una supuesta verdad inmutable, externa a nosotros como observadores, pero el posmodernismo desde su vertiente política denuncia que no dejan de ser construcciones artificiales basadas en la idea de "razón". Jacques Derrida, por ejemplo, la llega a calificar de “tirano que sólo puede sostenerse mediante la malicia de reprimir o excluir lo (…) diferente” (Ibid, p. 79). Según este planteamiento, cuando cualquier ideología alcanza el poder, emprende la tarea mediante elementos puramente propagandísticos de crear una realidad que presenta como verdadera y que sirve para legitimarse. Es un tema abordado por Foucault, quien afirmó que “no existe la historia, sino series múltiples, superpuestas e interactivas de historias de lo legítimo vs lo excluido” (Ibid, p. 83). Así las cosas, el tomar como idealmente verdadero algo que no deja de ser propaganda de cada una de las ideologías representadas en los diferentes "-ismos" (capitalismo, comunismo, nacionalismo, etc.) pone una convención por encima del individuo y tiene como consecuencia defiende el posmodernismo los grandes desastres sufridos en el siglo XX y XXI, en definitiva derivados de la metanarrativa: los campos de concentración nazis, los gulags soviéticos, las guerras neo-imperialistas estadounidenses, etc. En las obras de Dick se nos invita constantemente a dudar de lo que se nos presenta como real por parte del orden establecido, lo que entronca claramente con el deconstruccionismo posmoderno. Sus protagonistas por motivos diferentes suelen llegar a la conclusión de que el mundo que les rodea es ficticio, lo que invita a estar alerta acerca de la naturaleza artificial de nuestra propia cotidianeidad. A Joe Chip se le deshacen los cigarros en Ubik, Barney Mayerson ve como gente normal se transforma en otra persona en Los tres estigmas de Palmer Eldricht, o Hamilton no puede desembarazarse de la molesta sensación de que algo no encaja en Ojo en el cielo, tramas con las que Dick  señala que hay elementos inconsistentes con la realidad normativa y que demostrarán que la existencia no es como se nos dice que es. Planteamiento que hace que sea un gran complemento de Jung (o viceversa) cuando éste habla no del más famoso inconsciente colectivo,  sino del consciente colectivo. Es decir, de las convenciones mentales de la sociedad que marcan lo ideológicamente correcto y que, pese a que consideramos como ideas propias, en definitiva son impuestas (Jung, 2000, p.61).

Si crees que llevas un día raro, piensa en los protagonistas de estas historias.

Por lo tanto, cuando en los libros de Dick se nos llama a poner en duda constantemente la realidad, se nos está transmitiendo un mensaje revolucionario y de importante carga política, en tanto en cuanto nos incita a no permitir que se piense por nosotros. En palabras de Hannah Arendt, la ideología busca que “la pluralidad se funda en un hombre de dimensiones gigantescas” (Arendt, 1982, p. 601). Si no nos interrogamos acerca de lo que es real, aceptamos la realidad dada por poderes en definitiva fácticos. Dicho de otro modo, “el pensamiento ideológico (…) insiste en una realidad más verdadera (…) usando para ello la propaganda, que también sirve para emancipar el pensamiento de la experiencia y de la realidad. [De este modo] cuando los movimientos han llegado al poder, proceden a modificar la realidad conforme a sus afirmaciones ideológicas” (Ibid, p, 607). Este proceso de propaganda política puede contemplarse en varios de los textos de Dick, pero por señalar uno que todavía no he mencionado, me referiré a La penúltima verdad, en la que es bastante significativo el hecho de que los lideres de los Estados Unidos y de la Unión Soviética no existen, sino que se trata de marionetas que repiten unos discursos redactados por la élite económica del mundo. Se invita así al lector a preguntarse, cuando muchos de nuestros políticos “reales” hablan, ¿quien pone las palabras en su boca?

Una gran manera de aprender sobre política (y de tener sueños raros)

Llegados a este punto, y teniendo claro que Dick sigue la línea posmodernista de desenmascarar la realidad aparente y oficial, podemos dar el siguiente paso. Por norma general, la metanarrativa ideológica perfila un adversario, constituyéndose parte de su identidad en su oposición a él. Fácilmente se le identificará como el enemigo, el loco o el inferior por no aceptar la verdad “inmutable” defendida por la ideología (Appignanesi y Garratt, op. cit. pp. 78-83). Hablamos del extranjero en el caso nacionalista, del burgués en el caso comunista, del antisistema para el capitalismo o del hereje si nos referimos a las diferentes religiones existentes. Constantemente en la obra de Dick, el protagonista tiende a desempeñar este papel de excluido y perseguido, y en una de las obras en que se ve claramente la conformación del otro a perseguir es en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? El libro tiene en mi opinión un final un tanto fallido, y el espíritu al que me refiero tal vez este mejor desarrollado en la magnífica adaptación cinematográfica Blade Runner, pero no deja de ser una obra altamente recomendable para percibir la incómoda sospecha de que el enemigo señalado por el sistema tal vez no sea tan fácilmente identificable como nos quieren hacer creer desde los medios de comunicación y de poder. De hecho puede que sea mucho más parecido o incluso igual a nosotros. En los mejores pasajes del libro, Rick Deckard sabe que no puede seguir persiguiendo androides, pues al pensar que como él tal vez sientan o sufran, es consciente de que está asesinando a otros individuos y no “retirándolos”, eufemística expresión utilizada por el sistema para referirse a la aniquilación de los sintéticos. ¿Y acaso no usa eufemismos la estructura de poder actual cuando se refiere a la destrucción de enemigos reales o imaginados? Gran parte de la prensa en todo el mundo está llena de “daños colaterales” y de “acciones preventivas” que recuerdan inevitablemente a la “retirada” de replicantes. Un ejemplo claro puede encontrarse en el programa de drones. De hecho, varios pilotos de estos aparatos, como los soldados estadounidenses Brandon Bryant o Heather Linebaugh, de la misma forma que Rick Deckard, tomaron la decisión de abandonar su trabajo cuando el nivel de empatía con el supuesto enemigo les hizo derrumbarse emocionalmente (Power, 2013), algo que parece bastante extendido en este programa militar en el que, además las bajas civiles son  elevadas e incluso se ha denunciado que buscadas para el entrenamiento o infundir terror entre la población, como en el caso de la invasión del gobierno ruso a Ucrania (Human Rights Watch, 2025) o del ejercito israelí justificando la muerte de inocentes por la necesidad de atacar a "terroristas" (Yan, 2025). Pero la búsqueda del enemigo y disidente toma además otras formas que ya fueron advertidas por Dick. En Nuestros amigos de Frolik 8 se nos habla del “Experimento del Gran Oído”, con el que el gobierno pretende la escucha telepática de sus ciudadanos. Sobran comentarios acerca del paralelismo con las denuncias de escuchas ilegales realizadas por el ex-analista, subcontratado por la NSA, Edward Snowden o con intentos constantes de gobiernos como el ruso —entre otros para monitorizar comunicaciones privadas. Por citar un último ejemplo, otra ideología que se construye en gran parte como oposición al diferente-extranjero es, como ya señalaba, la nacionalista, y esta recibe una mordaz crítica en el relato de Dick Veterano de guerra.



En conclusión podemos afirmar que la carga política en la obra de Philip K. Dick es más que evidente y que se enmarca en la corriente de pensamiento posmoderna. Ésta denuncia la construcción de una realidad ficticia por parte de la metanarrativa dominante en cada momento histórico, la cual sirve para legitimarse a la élite gobernante y para la destrucción de todo pensamiento disidente al ser identificado como propio de un enemigo irracional. Con esto, no pretendo decir que este tipo de filosofía fuera la única influencia de Dick, ya que el esoterismo y el gnosticismo que identifica el mundo con el infierno o con una carcel son ideas que también dejaron una huella importante en sus libros (Carrère, op. cit. p. 150). Todo ello sin obviar experiencias personales como la muerte de su hermana y la importancia cultural de obras clave previas a su producción escrita y seguramente conocidas por él por estar en la órbita cultural anglosajona, como Un incidente en el puente del Río Búho (Bierce, 1890), que proponen el desmontaje de la realidad transmitida por los sentidos. Tampoco pretendo una defensa a ultranza de la doctrina posmoderna, que tiene algunos peligros evidentes, denunciados por autores como Terry Eagleton, y que se plasman en una excesiva deconstrucción del pensamiento ideológico que a su vez puede desembocar en un relativismo excesivo y en una equiparación demasiado radical de todas las ideologías. Incluso está demostrado desde hace tiempo la existencia de un posmodernismo populista que, aprovechado por líderes con tendencias totalitarias como Donald Trump o su ideólogo Roy Cohn —por cierto importante colaborador de McCarthy, se convierte en una herramienta para justificar medidas antidemocráticas (Abbasi, 2024; Tyrnauer, 2019; Meeropol, 2019; Deckard, 2025). Pero no es el debate que me ocupa en este artículo. Lo que he pretendido demostrar es que gracias a las obras de Dick y sus influencias doctrinales, derivadas del posmodernismo, podemos estar alerta ante peligros evidentes de la sociedad actual. Estos pueden ser el control político de los medios de comunicación, el fomento del pensamiento único o la represión, más o menos violenta, de la disidencia. Debido a que los peligros son reales, la denuncia de Dick de la realidad “oficial” es útil. Además divertida, porque nuestro autor suele aderezar sus obras con una acción ágil y un humor elaborado, sobre todo en los diálogos (mención especial en este caso a Ubik y Ojo en el cielo, dos de mis obras favoritas de Dick). En fin, mirad a vuestro alrededor, seguro que encontráis algo que no encaja. Como sea una moneda con la cara de vuestro jefe, malo…


El posmodernismo, al ser en una de sus facetas herramienta política, puede ser utilizado para protegerse de los abusos del poder y para que este justifique medidas antidemocráticas. Conocerlo desde una perspectiva política se hace pues imprescindible.



Los artistas como Dick alertan de verdades incómodas. Uno de los mecanismos de defensa del sistema es convertir el arte en mercadotecnia.



OBRAS CITADAS DEL AUTOR:

Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; traducción de César Terrón. Barcelona: Edhasa, 1992. Colección: Pocket Edhasa; nº 95. T.O.: Do androids Dreams of Electric Sheep? (1980).

Fluyan mis lágrimas, dijo el policia; traducción de Domingo Santos. Barcelona: Acervo, 1976. Colección: Ciencia Ficción; nº 11. T.O. Flow My Tears, The Policeman Said (1974).

La penúltima verdad; traducción de Antonio Ribera. Barcelona: Martínez Roca, 1976. Colección: Super Ficción; nº2. T.O.: The Penultimate Truth (1964).

Los tres estigmas de Palmer Eldritch; traducción de Marcelo Tombetta, Barcelona: Minotauro. T.O.: The Three Stigmata of Palmer Eldritch (1964).

Nuestros amigos de Frolik 8; traducción de Miguel Giménez Sales. Barcelona: Martínez Roca, 1987. Colección Super Ficción Segunda Época; nº 103. T.O. Our Friends From Frolik 8 (1970).

Ojo en el cielo. Traducción de M. Blanco. Madrid: Orbis, 1985. Colección: Biblioteca de Ciencia Ficción; nº 22. T.O. Eye in the sky (1960).

Ubik. Traducción de Manuel Espín con actualización de David Alabort. Madrid: La Factoría de Ideas, 2000. Colección: Solaris Ficción; nº 3. T.O. Ubik (1969).

Veterano de guerra”; traducción de Norma B. de López. Inc. En La máquina preservadora. Barcelona: Edhasa, 1977. Colleción: Nebulae, nº 23. T.O.: War Veteran (1955).


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

APPIGNANESI, R y GARRATT, C. Posmodernismo para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente, 2002.

ARENDT, H. Los orígenes del totalitarismo. Vol. 3. Totalitarismo. Madrid: Alianza, 1982.

CARRÈRE, E. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philip K. Dick 1928-1982. Barcelona: Minotauro, 2007.

—DECKARD, V. Biografías para entender la sociedad: Trump y The Apprentice (Abbasi, 2024) en Blogcaliptus (26 de octubre de 2025). Disponible en línea:


EAGLETON, T. Las ilusiones del posmodernismo. Buenos Aires: Paidós, 1998.

—"Hunted From Above. Russia's Use of Drones to Attack Civilians in Kherson. Ukraine" (Informe de Human Rights Watch, 3 de junio de 2023). Disponible en línea:


JUNG, C. G. Archetyp und Unbewußtes. Zürich/Düsseldorf: Walter Verlag, 2000.

QUEYSSI, L. y MARCHESI, M. Phil. Una biografía de Philip K. Dick. Barcelona: Norma, 2019.

—POWER, M. Confessions of an American Drone Warrior. En "GQ Magazine", 22 de octubre de 2013). Disponible en línea:


—YAN, S. Israel admits killing civilians in drone strike on Lebanon en "The Telegraph" (22 de septiembre de 2025). Disponible en línea:



FILMOGRAFÍA CONSULTADA:

—TYRNAUER, M. Where's my Roy Cohn (2019).

—MEEROPOL, I. Bully, Coward, Victim: The Story  of Roy Cohn. (2019).

—ABBASI, A. El aprendiz (The Apprentice, 2024). 

   
ENLACES DE INTERÉS:

—Pódcast sobre Valis:


—Pódcast sobre La transmigración de Timothy Archer:


Traducción y análisis de la conferencia que Philip K. Dick dio en Metz, Francia (1977):



—Análisis y traducción Creative Commons del relato Un incidente en el puente del Río Búho (Bierce, 1890. Trad. Deckard, 2026):



—Trilogía de pódcast sobre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Blade Runner:





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