¡Hola gente!
Vuelve "Blogcaliptus Bonbon", redactado desde el búnker de nuestra Fortaleza Secreta, para que lo podáis leer en vuestros propios refugios hasta que pase la cuarentena. Hoy os vamos a traer tres tebeos que nos han encantado, creados por dos autores españoles. Nos referimos a Javi de Castro (León, 1990) con su Sandía para cenar (2014, Thermozero Cómics) y a Anabel Colazo (Ibiza, 1993) por Encuentros cercanos (2017, Ediciones La Cúpula) y No mires atrás (2019, Ediciones La Cúpula).
Nos encanta el género fantástico. Dentro de él hay muchas ramificaciones y el elaborar una historia de estas características con éxito sin que se rompa el pacto de ficcionalidad es difícil. Pocos grandes han sido capaces de incorporar lo insólito a lo cotidiano sin sacar al lector de la historia, y entre los elegidos que nos vienen ahora a la mente podemos encontrar a personas como Carmen Martín Gaite, Jorge Luis Borges o Adolfo Bioy Casares, por poner algunos ejemplos en lengua hispana. Sandía para cenar cumple este difícil requisito. Imaginemos una historia en la que el joven protagonista se encuentra —de repente— en una situación en la que una sandía antropomorfa es su nuevo compañero de piso. Que locura, ¿no? ¿Cómo desarrollar algo así sin caer en el ridículo o en un sinsentido? Leyendo este tebeo, puedo decir que Javi de Castro lo ha logrado. No voy a desgranar los detalles de una historia que merece por su originalidad ser leída sin que nada se desvele, pero los puntos de inflexión de la narración —más que correctos en su número y orientación— nos llevan a varias sorpresas sin que se rompa el mencionado pacto entre autor-lector, así como a desembocar en un final inclasificable, de los que te mantienen dando vueltas a la cabeza tras cerrar el tomo. Al acabar su lectura un nombre me vino a la cabeza: Kafka. Al autor checo muchos han intentado seguirlo, fracasando bastantes en el cometido, y otros tantos explicarlo desde multitud de facetas (existencialista, religiosa o social, por indicar varias) sin que haya un análisis universalmente satisfactorio. No me duelen prendas al afirmar que el autor de Sandía para cenar ha seguido con la historia el manoseado término kafkiano con éxito. Eso, en un campo tan minado, es mucho. Por otro lado, no entraré en el aspecto técnico y calidad del dibujo. No soy persona capacitada para ello, con mayores especialistas en ese ámbito por aquí como el Sr. Ros y el Subteniente Gutiérrez. Baste decir que trazo, color (destacando —¿podría ser de otra manera?— un verde “sandía”) y acabado me han parecido elementos bien hilvanados con la trama, así que ningún problema en ese sentido.
Pasemos ahora a las obras de Anabel Colazo. De nuevo nos adentramos en tierras peligrosas, cartografiadas en más de una ocasión con mapas conducentes a nada. Encuentros cercanos nos va a contar una historia sobre OVNIS. Con esta premisa, lo primero que pensaría cualquiera sería en extraterrestres, muy posiblemente marcianitos verdes. Tal vez armados con pistolas láser y una actitud hostil o en “los amigos del espacio” que vienen con, más o menos éxito, a echar una mano, un tentáculo o lo que tengan como extremidad. Lugares comunes que fueron explorados con éxito cuando eran innovadores por autores como H. G. Wells en su inmortal La guerra de los mundos (1898) o por inolvidables películas como Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still. Robert Wise, 1951), pero que en la actualidad difícilmente conducen a algo alejado del hastío. La autora parece saberlo perfectamente y demostrando un impecable conocimiento de la literatura sobre “extrañología” más recomendable —y por desgracia bastante poco divulgada—, elabora una original historia en la que la tensión provocada por la incursión de lo desconocido en la cotidianeidad va a mantener al lector en una satisfactoria inquietud hasta el final de la narración. Y como ocurre con muchas grandes obras, acabaremos encontrando más preguntas que respuestas. Es la premisa principal de los más sugerentes autores de lo que se ha llamado a denominar mundo “del misterio”, cajón de sastre en el que hay pensadores como el astrofísico Jacques Vallée, o —más cercano— el sociólogo Pablo Vergel. Anabel Colazo con esta obra se demuestra como una magnífica acompañante en este ámbito de conocimiento tan complejo y en no pocas ocasiones, dependiendo del “autor”, denostado con razón.
Mención aparte merece la obra No mires atrás. Este cómic se interna en otro ámbito fascinante, el de los creepypasta, definidos de modo grueso como las leyendas urbanas de la era tecnológica por encontrar su origen y desarrollo en Internet. De nuevo Colazo sabe llevarnos por este terreno pantanoso con mano firme, sin caer en fáciles recursos narrativos de susto o impacto poco sutil. Tal vez es una historia más sencilla que la de su trabajo previo, pero mantiene el interés de principio a fin y —como en el caso anterior— es una gran toma de contacto en el tema para los no iniciados, así como un deleite para las personas introducidas en este ámbito sociológico; esto último al encontrarse en la trama puntos troncales de un fenómeno que otra vez deja más interrogantes que certezas. Tampoco entraré a valorar el estilo formal, pero en las dos narraciones el trazo de la autora se imbrica suave y profundamente al darle una atmósfera onírica, muy apropiada, a las ideas plasmadas en las páginas.
Para acabar, de nuevo mandar muchos ánimos a todo el mundo en estos días extraños y recordar que no hay que bajar la guardia. En Zaragoza, la librería Cálamo no solo ha cerrado sus puertas durante esta crisis, sino que también ha cancelado pedidos a distancia para proteger a los repartidores. Seguramente hay mucho para leer entre lo que tenéis en casa y si hacéis un pedido externo —no sólo de cultura, sino de cualquier otra cosa que esté permitida— no estaría de más que os interesarais por la protección de la gente que va a ir a vuestro domicilio para saber si están suficientemente a salvo con equipos de protección individual y si tienen un protocolo adecuado contra el virus. Recordad también que está la opción de leer en formato electrónico, algo que también salva todas estas dificultades. Todos somos importantes.
Un abrazo,
Víctor Deckard y todo Podcaliptus (Blogcaliptus) Bonbon



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