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martes, 21 de julio de 2026

"Ultra alto vacío" (Enrique Sahagún, 2026): Contener la historia de la humanidad en un espacio reducido, comprensible y práctico.

Nota: En nuestros artículos renunciamos al uso de Inteligencia Artificial, somos más de estupidez natural. Para el "lirili" y para el "lerele".  

 

  

Enrique Sahagún es doctor en física teórica y director del recomendable pódcast "Mundo Gilipoy", en el que aborda diversos temas relacionados con la ciencia, historia y filosofía que le llaman la atención. Además ha escrito el libro Ultra alto vacío para, en sus propias palabras, "ordenar ideas". En este último aspecto es una rara avis. Habitualmente los escritores escribimos para ganar dinero, ser conocidos y contar historias que pensamos pueden tener interés por el motivo que sea. La proporción entre los tres elementos varía en función del escriba, a veces con resultados explosivos en diversas acepciones. Para el proposito de ordenar ideas los seres humanos solemos pasear o escribimos en un cuaderno. Creamos un blog si me apuran pero no un libro, tarea mucho más tediosa y frustrante de lo que se cree habitualmente. Por eso se espera a poseer con ella fama y riquezas. Y porque vivimos en un mundo en el que la aspiración a ser reconocidos y con mucho dinero se nos vende como el summun de lo deseable. A Sahagún estas cuestiones le dan igual, o no son lo primordial. Él quiere "ordenar ideas". Y vaya si lo hace, porque explica muy clarito cómo hemos llegado a la organización social que nos lanza el canto de sirena del deseable parné y admiración. A través de lo que sea, vale un libro o gritarle a otro homínido a través de redes sociales.

  


Estamos ante una obra ambiciosa en lo temático. Esto de por sí no determina la calidad de un texto, que depende de conseguir sus objetivos y hacerlo de manera que no sea un suplicio para el lector. Los hay geniales con un foco muy amplio, como existen grandes libros que hablan de algo muy concreto. En Ultra alto vacío el autor busca explicar (¿explicarse?) algunas de las carencias sociopolíticas más relevantes del mundo actual: polarización, enfrentamientos, ausencia de espíritu crítico en política; y para ello nos cuenta cómo surge la vida en el universo, qué lugar ocupa el homo sapiens en relación con el resto de organismos y los condicionantes que la biología tiene en la cultura humana. Pim, pam, pum. Logra lo que pretende; a un lego en ciencia como yo le queda claro lo que explica, la relación entre causas y consecuencias —clave en un ensayo— es impecable, y se lee en un suspiro por una extensión limitada así como por un estilo directo cargado de humor. 

 

En la exposición de sus argumentos Sahagún aparece como el científico que es. Observa, relaciona, presenta de manera ordenada y concluye racionalmente.  Se suma a la lista de útiles filósofos relacionados o muy interesados por la ciencia, caso de Bertrand Russell o Jesús Mosterín. He aquí algunas de sus ideas principales:

 

Bertrand Russell, otro que lo mismo te ganaba el Nobel de literatura que te planteaba una paradoja matemática.
 

—El ser humano es un animal aparecido en la Tierra por las características del planeta y el universo, no muy diferente del resto de seres vivos, particularmente similar a organismos emparentados con nosotros —como otros mamíferos, especialmente los primates—, sujeto al igual que los demás a la evolución natural y a la transmisión del acervo genético mediante la reproducción.

 

—Las características propias del homo sapiens vienen determinadas, como en el resto de seres vivos, por cómo ha reaccionado frente a los cambios del ecosistema en el que vive. Los homo sapiens somos gregarios, manejamos herramientas (es decir, hemos desarrollado tecnología), poseemos consciencia (es decir, somos capaces de percibirnos individualmente) y transmitimos conocimientos (es decir, hemos desarrollado una cultura) mediante comunicación tanto oral como escrita (es decir, hemos desarrollado un lenguaje vehiculado en distintos idiomas y soportes). 

 

—Debido a los rasgos humanos presentamos dos estrategias de supervivencia principales y opuestas: empatía con respecto a los individuos que consideramos de nuestro grupo social y competencia, cuando no abierta hostilidad, hacia quien consideramos ajeno a la tribu propia.

 

—Las fuerzas que rigen las diferentes sociedades de las personas (cooperación y lucha) han estado presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad, permeando en las diferentes ideologías y creencias humanas, incluyendo la religión. Esto no es ajeno a nuestra época más contemporánea. Pese a las apelaciones a la razón, ilustración o progreso, los instintos más agresivos han sido potenciados en los últimos siglos por algunas de las doctrinas dominantes, como el nacionalismo; o por la organización de las estructuras políticas, que en la mayoría de países premian al político cínico y preocupado más por su propio bienestar que el del conjunto de personas. Todo ello agravado por la aparición de las redes sociales, que potencian el exhibicionismo aunque no esté sustentado en un conocimiento real.

 

Las tesis sobre la historia (Über den Begriff der Geschichte) de Walter Benjamin son una de las más conocidas críticas a la idea del concepto de progreso, utilizado en numerosas ocasiones para la alienación humana en época contemporánea.
 

El autor no se queda solo con el diagnóstico y descripción de la historia humana en un sentido amplio. En las últimas páginas del libro propone soluciones, apelando a ponernos de acuerdo en unas pocas ideas compartidas por todos, usar un lenguaje que pueda ser comprendido por el conjunto de seres humanos (no en el plano filológico sino conceptual) de la misma forma que en matemáticas todo el mundo está de acuerdo en cómo actúa una formulación matemática (por ejemplo la suma 2 + 2) y en la ejemplaridad del comportamiento, es decir que si un gestor propugna que se debe ser honesto debe actuar honestamente. Aquí Ultra alto vacío apela a la virtud científica de la objetividad aplicada a lo político, con la defensa de que la revolución comienza por uno mismo como describió otro autor imprescindible pero poco escuchado, Baltasar Gracián.

 

Tal vez se pueda echar de menos en el libro algún ejemplo de político virtuoso, que los ha habido, como los defensores y constuctores del derecho internacional, siendo un exponente Woodrow Wilson; o la cita a algún filósofo de la máxima utilidad por su apelación, aunque fuera intuitiva —pero tan valida como la científica por su lógica poética al extender la empatía a todo lo existente—  como el León Tolstói de El camino de la vida, entre otros ejemplos. Sin embargo no es imprescindible para que Ultra alto vacío sea eficaz y necesario en el mensaje que nos traslada. Tampoco es un libro que desarrolle una idea novedosa. Más autores han señalado cuestiones parecidas, desde el mencionado Gracián a Erich Fromm con El miedo a la libertad. Pero tampoco hace falta. Aunque sean reflexiones expuestas en otros lugares, Ultra alto vacío lo hace de una manera modélica: entretenida, divertida y clara. Algo al alcance sólo de los buenos escritores. Además Sahagún nos hace recomendaciones excelentes, desde Don Quijote de la Mancha a la Odisea, pasando por los trabajos de Arsuaga, o sobre el proceso conocido como la "Gran Oxidación" que yo desconocía. Por lo que respecta a lo más puramente formal, el libro tiene alguna errata pero nada serio. Hay que tener en cuenta que el autor ha maquetado el libro, incluyendo diferentes formatos electrónicos, todo sin el apoyo de un editor y un corrector. Los fallos al respecto que hay son disculpables —existen incluso en editoriales importantes, preocupadas en demasiadas ocasiones por aspectos diferentes a la excelencia— y además no estropean el conjunto, que no solo tiene mérito sino también calidad.

 


 

Uno de mis sueños sería ser editor. Si lo fuera publicaría en papel Ultra alto vacío sin dudarlo. Ganaría dinero, estoy seguro, aunque el autor regale el texto como ya lo hace. Pero además contribuiría a mejorar la sociedad, ya que los individuos que la conforman necesitan conocerse mejor a sí mismos si quieren mejorarla y por tanto sus vidas. Porque el texto, pese al subtítulo Una reflexión (paradojicamente larga) sobre la nada, que en realidad alude al humo de la mayoría de discursos actuales, es un libro lleno de la información más útil posible: la que nos permitirá —si escuchamos— pervivir como especie.

 


 

 

¿QUIERE SABER MÁS?

 

 —Ultra alto vacío. Una reflexión (paradojicamente larga) sobre la nada. Completo en diferentes formatos vía archive.org:

https://archive.org/details/ultra-alto-vacio_20260402_1715 

 

—Pódcast "Mundo Gilipoy":  

https://www.ivoox.com/podcast-mundo-gilipoy_sq_f11501113_1.html 

 

—Entrevista al autor en Podcaliptus:

 https://www.ivoox.com/12-x-17-por-seres-humanos-audios-mp3_rf_174720264_1.html 

 

—Una perspectiva filosófica de la unidad de lo existente:

 

https://blogcaliptusbonbon.blogspot.com/2020/05/tu-dignidad-es-la-de-todos-quinta.html  

 

—Las Tesis de Benjamin:

https://archive.org/details/benjamin-walter.-tesis-sobre-la-historia-y-otros-fragmentos-ocr-2008 

 

—Pódcast sobre Baltasar Gracián: 


https://www.ivoox.com/10-x-27-filosofia-politica-baltasar-gracian-audios-mp3_rf_127414422_1.html 

 

—Pódcast sobre Tolstói:

 https://www.ivoox.com/podcaliptus-8-x-02-la-filosofia-tolstoi-audios-mp3_rf_74894528_1.html

  

"Ultra alto vacío" (Enrique Sahagún, 2026): Contener la historia de la humanidad en un espacio reducido, comprensible y práctico © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0

lunes, 8 de junio de 2026

"Puta fábrica" (“Putain d´Usine”. Levaray-Efix, 2007). ¿Quién contará el infierno del trabajo asalariado?


Una fábrica es uno de los lugares que mejor representa el modelo de trabajo contemporáneo. En ellas los trabajadores se someten voluntariamente al proceso de cosificación que demanda la producción en cadena, siendo en muchos casos sitios peligrosos, estresantes y con un régimen de sanciones al margen de lo público. El tiempo entra en un paréntesis y las jornadas laborales se extienden creativamente con el uso de las horas extras, para compaginar la figura del "destajo" (cubrir una producción que siempre va a más evitando la comodidad de los adelantos técnicos) con el horario “oficial”. Incluso los descansos ―de haberlos― están medidos al segundo, de forma que también las necesidades básicas del ser humano están subordinadas a las de producción. El operario como un eslabón llevado al límite de sus capacidades lo reflejó de manera magistral la película Tiempos modernos (Chaplin, 1936).



Ya en el siglo XXI, para contextualizar estos espacios Puta fábrica es un cómic imprescindible. ¿Cuántas veces no habréis oído ya ese adjetivo empleado para multitud de obras artísticas de diferentes formatos, desde películas a libros, pasando por videojuegos o cualesquiera otras que podamos imaginar? En muchas ocasiones, la mayoría, la descripción entra en el universo de lo subjetivo y será más o menos acertado en función de nuestros gustos, prejuicios, intereses o sensibilidades. Este caso es diferente. Aquí nos encontramos con uno de los pocos ejemplos en el que “imprescindible” se puede aplicar sin dudas, sin temor a exagerar.


¡Nos tocan ocho horas! ¿Quién hablará de esto? De esta vida perdida. De esta vida ya de por sí corta, y que el curro te araña despacio... ¿Quién contará el infierno del curro asalariado?


Curiosamente, o no tanto, esto ya ocurría antes de que la crisis mundial que provocó el coronavirus tambaleara todo el sistema económico y social del tan orgulloso capitalismo, entidad que se vanagloria de ser la cumbre de la evolución humana y que se mueve con soltura igual de bien en regímenes de diferente corte ideológico. Sin embargo ahora, en la época postcóvid, el carácter revelador de Puta fabrica es inevitable si queremos sobrevivir como especie. Porque una enfermedad puso de manifiesto la vulnerabilidad y las mentiras en las que se sustenta, bamboleante y sobre los hombros de las masas de trabajadores del mundo, nuestro sistema de creencias. Si pese a obras como la que hoy nos ocupa, no nos atrevemos a mirar bajo el velo de Isis del sistema económico mundial, seremos destruidos y la historia de la humanidad no dejará de ser una nimiedad cósmica, protagonizada ―si se puede usar este término para un evento tan intrascendente― por un simio pagado de sí mismo que se convirtió en un virus para su propia ecología. Un cáncer, decía el filósofo Jesús Mosterín.


A la muerte en el puesto de trabajo se le suele denominar "accidente". Pero en la mayoría de los casos no son eventos fortuitos, como explica el cómic. Entre las causas, que además interactúan, está la presión para alcanzar una producción mínima, el agotamiento y el estrés. Por ello sería más lógico calificar el fallecimiento laboral de homicidio.


El cómic, guionizado por Jean-Pierre Levaray (trabajador en una planta química durante treinta años) y basado en su libro Putain d’usine, magnificamente dibujado en un estilo sobrio y oscuro por Efix, nos cuenta un secreto a voces: nuestros trabajos son una mierda. Y dentro de esa porquería uno de los ejemplos más representativos son las fábricas. Casi sin excepción lugares contaminantes, peligrosos y alienantes, así como basados en una relación laboral jerárquica que descansa en el miedo a la sanción y en la esperanza (el peor de los males custodiados por Pandora y casi siempre vana) de poder mejorar algo, aunque sea para nada, en el escalafón de la empresa. Sitios defendidos con uñas y dientes por la legislación de los grandes partidos políticos. Los únicos derechos importantes que se mantienen ―cuando lo hacen― se consiguieron hace un siglo, como la jornada de ocho horas (no olvidemos el tiempo de ir y de volver al “curro”, como bien dice Levaray) y constantemente amenazados por el temor al cierre o a la deslocalización. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, cómo aguantamos esta mierda, nos pregunta la obra? Entre otras cosas porque las inspecciones son un chiste, siendo frecuente incluso el avisar a los gerentes antes de realizarlas. Imposible no recordar a Gila: «Oiga, ¿es la fábrica? ¿cuándo les viene bien que nos pasemos?».

El problema de la alienación (sentirse un objeto) en el trabajo, lleva a muchas personas a recurrir a las drogas. Contra estas sería mucho más efectivo mejorar las condiciones de vida de la población, antes que el habitual enfoque punitivo policial.

Parece increíble encontrarse con unas páginas tan lúcidas, pero existen, debemos buscarlas, aferrarnos a ellas. Aprender. El autor logra también mostrarnos la respuesta en unas pocas hojas cristalinas para aquel que se atreva a mirar: hemos sido comprados. Pero lo grave es que el sistema lo ha conseguido sin ofrecernos algo real, sino un sueño. De nuevo, la esperanza. En tener un coche mejor, un teléfono móvil más potente, en vestir ropa a la moda en una sucesión de la frustración que es el alimento de nuestra economía. La felicidad que nos ofrece siempre está un poquito más allá, detrás del próximo objeto a comprar. Si no consumes el mago de Oz quedará visible. La Ciencia ficción también sirve para entenderlo, por ejemplo con el estupendo libro Mercaderes del espacio (Pohl-Kurnbluth, 1953). Interesante que un género “de mentira” sirva para contar tan bien la realidad. Y en el summum del éxito capitalista, de este drama de esclavitud voluntaria, el obrero jugará un maravilloso papel de inofensiva válvula de escape a cambio de unas migajas. Criticará a Amancio Ortega porque, no siempre pero muchas veces, lo envidia. Entre tanto paga a crédito un automóvil, firma una hipoteca y piensa que es alguien por tener el último cacharro tecnológico que no necesita. Irá una vez al año a una manifestación inocua para el sistema, como aquellas en las que igual puede ir una reina que un ministro, y se creerá revolucionario. El comunismo y el socialismo han muerto sin gloria en las fábricas de los estados liberales, mientras que en los países donde estos sistemas supuestamente triunfaron, se convirtieron en meros vehículos de dictaduras nacionalistas que también hacen buen uso ―para las élites― del capitalismo.

De tener dos dedos de frente, saldríamos corriendo enseguida

Y ahora, ¿qué? Levaray, entre otros a los que no queremos escuchar, nos ha avisado de las mentiras. Ha hecho falta un susurro de la naturaleza para que los cimientos de nuestras sociedades, frágiles como la ilusión de la que están hechos, se resquebrajen. De nosotros depende el futuro. El virus desde hace tiempo ya no nos encierra en casa, pero no hemos sabido construir una sociedad más justa y solidaria, en la que los trabajos cambien, con equilibrio en lo social y ecológico. A la par muchos ámbitos (como la sanidad, banca, energía, ciencia y otros) que deberían estar exentos de las necesidades e infinito apetito de lo que se ha denominado “mercado”, en realidad monstruo explotador para que unos pocos vivan ―y pongan en peligro― a una mayoría, sigue igual. En cambio hemos vuelto a abrazar la “libertad” de una cañita cuando se puede y del turismo masificado.


Con todo quiero acabar con una reflexión optimista. Necesitamos construir, incluso necesitamos las fábricas y otros trabajos. Pueden servirnos a nosotros y no a la inversa, pero para ello debemos acudir a obras como esta e incluso retornar a los clásicos. Prometeo ofreció el fuego, es decir la tecnología, a los seres humanos. Cuestión por la que hay autores que lo han identificado con Satanás y otros con un dios redentor. Tal vez sea ambas cosas, porque lo que nos entregó en verdad fue la decisión de usar el conocimiento como estimemos oportuno. Para crear o para destruir. Para liberarnos o para apretar aún más nuestras cadenas. En mi larga trayectoria laboral he descubierto algunas cosas. Casi todos los trabajos, los fabriles también, pueden ser dignos. Pero solo si nosotros queremos, si luchamos y ―muy importante― no nos dejamos dividir por espejismos. Nos regaló la posibilidad de elegir. Por ello fue condenado por el resto de los dioses, que percibieron la amenaza a su estatus, a un sufrimiento atroz. De nosotros depende ser dignos de aquel sacrificio.



¿QUIERE SABER MÁS?

—Para comprender el fenómeno fabril y la alienación relacionada con el trabajo industrial, resultan imprescindibles los trabajos de historiadores como E. J. HOBSBAWM (Las revoluciones burguesas. Labor, 1985; La era de la revolución, 1789-1848. Crítica, 1997), E. P. THOMPSON (La formación de la clase obrera en Inglaterra. Capitán Swing, 2012) o V. ROBERT ("El obrero" en El hombre del siglo XIX. Alianza, 2001).

—Artículo sobre el modernismo:


—Pódcast sobre el filósofo Jesús Mosterín:


—Pódcast sobre Mercaderes del espacio. Por supuesto la lectura de la novela es altamente recomendable:


Nota: Este artículo y sus imágenes se acogen a la licencia Creative Commons, de modo que pueden compartirse libremente haciendo referencia a la autoría. El texto no debe ser modificado. En la elaboración de este y el resto de mis trabajos no uso Inteligencia Artificial, tan solo estupidez (sobre todo vista desde la perspectiva del sistema) natural. 

"Puta fábrica" (“Putain d´Usine”. Levaray-Efix, 2007). ¿Quién contará el infierno del trabajo asalariado? © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0

lunes, 16 de febrero de 2026

ESTIGMAS POSMODERNOS Y PENÚLTIMAS VERDADES (Filosofía política en la obra de Philip K. Dick)

Lo parecía, pero algo no funcionaba bien. Era un presentimiento. En lo más profundo de su ser, Hamilton notaba la presencia de la enojosa sensación de que algo fundamental se había torcido.

P. K. Dick. Ojo en el cielo (1985), p.25


Un análisis exhaustivo de la obra del brillante escritor Philip k. Dick (1928-1982) es cuanto menos complejo. Realidades superpuestas en un juego especular inundan las páginas de sus libros, donde encontrar el asidero de lo real, el botón antipánico de lo cotidiano, se convierte en una ardua tarea tanto para sus protagonistas como para los lectores. Mi objetivo en este artículo es más humilde: enmarcar gran parte de su producción literaria en un contexto filosófico determinado, el del posmodernismo, y defender brevemente la utilidad de la lectura de sus textos en el marco político actual. Probablemente Dick no estaría de acuerdo con mis conclusiones, o sí, o durante un rato, o asentiría complacido en una dimensión paralela a la nuestra, o imprecaría horrorizado en algún mundo transversal. Tal vez todo ello a la vez. 

Cuando se habla de Dick es mejor estar despejado. Una tacita de café "Ubik" permite rendir durante tres días seguidos sin limitaciones inútiles como el sueño. El fabricante no se hace responsable de los posibles efectos adversos observados en algunos consumidores (irritabilidad, paranoia y en casos muy excepcionales, muerte).

La vida del autor en gran medida transcurrió en época de la guerra Fría, momento propicio para la paranoia política y los impulsos totalitarios por parte de los dos bloques en liza. Contexto que influyó en la obra de Dick, quien percibió los peligros derivados de unos gobiernos enfrentados por la hegemonía mundial y que buscaban limitar la disensión interna, aún a costa de coartar los derechos de sus ciudadanos. Dick, quien desde 1938 vivió largo tiempo en Berkeley, foco cultural y de debate político en los Estados Unidos, desconfió desde un principio de las dos ideologías contendientes y llegó a la idea de que tanto el capitalismo como el comunismo tenían impulsos eminentemente opresores, como  para él demostraban sus efectos sociales durante la época que nos ocupa. No detallaré aquí la perspectiva más puramente política de la guerra Fría por no ser el objetivo del artículo, bastando decir que fue una etapa de desconfianza tal que dio protagonismo a personajes como McCarthy, quien “sospechaba que todos los ciudadanos (…) eran comunistas camuflados” (Carrère. 2007, pp. 32-33) Personajes así indudablemente influyeron en los textos de Dick, en los que el tema de la persecución inmisericorde al disidente o sencillamente al diferente por un poder omnímodo es un tema recurrente. Un ejemplo claro puede ser —entre otros— la novela Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, que llegó a considerar su propio Archipiélago gulag (Ibid. p.194). En la trama los estudiantes deben vivir recluidos en campus convertidos poco más o menos que campos de concentración, donde los controles aleatorios y constantes de la policía suelen acabar con encarcelamientos masivos de simples civiles.

Empieza el concurso de portadas locas. Los germanoparlantes descalificados en primera ronda.

Esta época tras la Segunda Guerra Mundial no sólo estuvo cerca un par de veces de convertir el planeta en un solar radiactivo, sino que vivió la eclosión definitiva de la corriente filosófica conocida como Posmodernismo y en la que me atrevo a enmarcar gran parte de la obra de nuestro querido autor. Esta formulación de pensamiento, con precedentes en estudios de lingüística como los de Ferdinand de Saussure (1857-1913), denuncia la falacia de las "metanarrativas", es decir, “las verdades supuestamente universales, absolutas o últimas utilizadas para legitimar diversos proyectos políticos o científicos” (R. Appignanesi y Chris Garratt, 2002, p. 103). Todas las ideologías afirman partir de una supuesta verdad inmutable, externa a nosotros como observadores, pero el posmodernismo —desde su vertiente política— denuncia que no dejan de ser construcciones artificiales basadas en la idea de "razón". Jacques Derrida, por ejemplo, la llega a calificar de “tirano que sólo puede sostenerse mediante la malicia de reprimir o excluir lo (…) diferente” (Ibid, p. 79). Según este planteamiento, cuando cualquier ideología alcanza el poder, emprende la tarea —mediante elementos puramente propagandísticos— de crear una realidad que presenta como verdadera y que sirve para legitimarse. Es un tema abordado por Foucault, quien afirmó que “no existe la historia, sino series múltiples, superpuestas e interactivas de historias de lo legítimo vs lo excluido” (Ibid, p. 83). Así las cosas, el tomar como idealmente verdadero algo que no deja de ser propaganda de cada una de las ideologías representadas en los diferentes "-ismos" (capitalismo, comunismo, nacionalismo, etc.) pone una convención por encima del individuo y tiene como consecuencia —defiende el posmodernismo— los grandes desastres sufridos en el siglo XX y XXI, en definitiva derivados de la metanarrativa: los campos de concentración nazis, los gulags soviéticos, las guerras neo-imperialistas estadounidenses, etc. En las obras de Dick se nos invita constantemente a dudar de lo que se nos presenta como real por parte del orden establecido, lo que entronca claramente con el deconstruccionismo posmoderno. Sus protagonistas —por motivos diferentes— suelen llegar a la conclusión de que el mundo que les rodea es ficticio, lo que invita a estar alerta acerca de la naturaleza artificial de nuestra propia cotidianeidad. A Joe Chip se le deshacen los cigarros en Ubik, Barney Mayerson ve como gente normal se transforma en otra persona en Los tres estigmas de Palmer Eldricht, o Hamilton no puede desembarazarse de la molesta sensación de que algo no encaja en Ojo en el cielo, tramas con las que Dick  señala que hay elementos inconsistentes con la realidad normativa y que demostrarán que la existencia no es como se nos dice que es. Planteamiento que hace que sea un gran complemento de Jung (o viceversa) cuando éste habla no del más famoso inconsciente colectivo,  sino del consciente colectivo. Es decir, de las convenciones mentales de la sociedad que marcan lo ideológicamente correcto y que, pese a que consideramos como ideas propias, en definitiva son impuestas (Jung, 2000, p.61).

Si crees que llevas un día raro, piensa en los protagonistas de estas historias.

Por lo tanto, cuando en los libros de Dick se nos llama a poner en duda constantemente la realidad, se nos está transmitiendo un mensaje revolucionario y de importante carga política, en tanto en cuanto nos incita a no permitir que se piense por nosotros. En palabras de Hannah Arendt, la ideología busca que “la pluralidad se funda en un hombre de dimensiones gigantescas” (Arendt, 1982, p. 601). Si no nos interrogamos acerca de lo que es real, aceptamos la realidad dada por poderes en definitiva fácticos. Dicho de otro modo, “el pensamiento ideológico (…) insiste en una realidad más verdadera (…) usando para ello la propaganda, que también sirve para emancipar el pensamiento de la experiencia y de la realidad. [De este modo] cuando los movimientos han llegado al poder, proceden a modificar la realidad conforme a sus afirmaciones ideológicas” (Ibid, p, 607). Este proceso de propaganda política puede contemplarse en varios de los textos de Dick, pero por señalar uno que todavía no he mencionado, me referiré a La penúltima verdad, en la que es bastante significativo el hecho de que los lideres de los Estados Unidos y de la Unión Soviética no existen, sino que se trata de marionetas que repiten unos discursos redactados por la élite económica del mundo. Se invita así al lector a preguntarse, cuando muchos de nuestros políticos “reales” hablan, ¿quien pone las palabras en su boca?

Una gran manera de aprender sobre política (y de tener sueños raros)

Llegados a este punto, y teniendo claro que Dick sigue la línea posmodernista de desenmascarar la realidad aparente y oficial, podemos dar el siguiente paso. Por norma general, la metanarrativa ideológica perfila un adversario, constituyéndose parte de su identidad en su oposición a él. Fácilmente se le identificará como el enemigo, el loco o el inferior por no aceptar la verdad “inmutable” defendida por la ideología (Appignanesi y Garratt, op. cit. pp. 78-83). Hablamos del extranjero en el caso nacionalista, del burgués en el caso comunista, del antisistema para el capitalismo o del hereje si nos referimos a las diferentes religiones existentes. Constantemente en la obra de Dick, el protagonista tiende a desempeñar este papel de excluido y perseguido, y en una de las obras en que se ve claramente la conformación del otro a perseguir es en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? El libro tiene en mi opinión un final un tanto fallido, y el espíritu al que me refiero tal vez este mejor desarrollado en la magnífica adaptación cinematográfica Blade Runner, pero no deja de ser una obra altamente recomendable para percibir la incómoda sospecha de que el enemigo señalado por el sistema tal vez no sea tan fácilmente identificable como nos quieren hacer creer desde los medios de comunicación y de poder. De hecho puede que sea mucho más parecido —o incluso igual— a nosotros. En los mejores pasajes del libro, Rick Deckard sabe que no puede seguir persiguiendo androides, pues al pensar que —como él— tal vez sientan o sufran, es consciente de que está asesinando a otros individuos y no “retirándolos”, eufemística expresión utilizada por el sistema para referirse a la aniquilación de los sintéticos. ¿Y acaso no usa eufemismos la estructura de poder actual cuando se refiere a la destrucción de enemigos reales o imaginados? Gran parte de la prensa en todo el mundo está llena de “daños colaterales” y de “acciones preventivas” que recuerdan inevitablemente a la “retirada” de replicantes. Un ejemplo claro puede encontrarse en el programa de drones. De hecho, varios pilotos de estos aparatos, como los soldados estadounidenses Brandon Bryant o Heather Linebaugh, de la misma forma que Rick Deckard, tomaron la decisión de abandonar su trabajo cuando el nivel de empatía con el supuesto enemigo les hizo derrumbarse emocionalmente (Power, 2013), algo que parece bastante extendido en este programa militar en el que, además las bajas civiles son  elevadas e incluso se ha denunciado que buscadas para el entrenamiento o infundir terror entre la población, como en el caso de la invasión del gobierno ruso a Ucrania (Human Rights Watch, 2025) o del ejercito israelí justificando la muerte de inocentes por la necesidad de atacar a "terroristas" (Yan, 2025). Pero la búsqueda del enemigo y disidente toma además otras formas que ya fueron advertidas por Dick. En Nuestros amigos de Frolik 8 se nos habla del “Experimento del Gran Oído”, con el que el gobierno pretende la escucha telepática de sus ciudadanos. Sobran comentarios acerca del paralelismo con las denuncias de escuchas ilegales realizadas por el ex-analista, subcontratado por la NSA, Edward Snowden o con intentos constantes de gobiernos como el ruso —entre otros— para monitorizar comunicaciones privadas. Por citar un último ejemplo, otra ideología que se construye en gran parte como oposición al diferente-extranjero es, como ya señalaba, la nacionalista, y esta recibe una mordaz crítica en el relato de Dick Veterano de guerra.



En conclusión podemos afirmar que la carga política en la obra de Philip K. Dick es más que evidente y que se enmarca en la corriente de pensamiento posmoderna. Ésta denuncia la construcción de una realidad ficticia por parte de la metanarrativa dominante en cada momento histórico, la cual sirve para legitimarse a la élite gobernante y para la destrucción de todo pensamiento disidente al ser identificado como propio de un enemigo irracional. Con esto, no pretendo decir que este tipo de filosofía fuera la única influencia de Dick, ya que el esoterismo y el gnosticismo —que identifica el mundo con el infierno o con una carcel— son ideas que también dejaron una huella importante en sus libros (Carrère, op. cit. p. 150). Todo ello sin obviar experiencias personales como la muerte de su hermana y la importancia cultural de obras clave previas a su producción escrita y seguramente conocidas por él por estar en la órbita cultural anglosajona, como Un incidente en el puente del Río Búho (Bierce, 1890), que proponen el desmontaje de la realidad transmitida por los sentidos. Tampoco pretendo una defensa a ultranza de la doctrina posmoderna, que tiene algunos peligros evidentes, denunciados por autores como Terry Eagleton, y que se plasman en una excesiva deconstrucción del pensamiento ideológico que —a su vez— puede desembocar en un relativismo excesivo y en una equiparación demasiado radical de todas las ideologías. Incluso está demostrado desde hace tiempo la existencia de un posmodernismo populista que, aprovechado por líderes con tendencias totalitarias como Donald Trump o su ideólogo Roy Cohn —por cierto importante colaborador de McCarthy—, se convierte en una herramienta para justificar medidas antidemocráticas (Abbasi, 2024; Tyrnauer, 2019; Meeropol, 2019; Deckard, 2025). Pero no es el debate que me ocupa en este artículo. Lo que he pretendido demostrar es que gracias a las obras de Dick y sus influencias doctrinales, derivadas del posmodernismo, podemos estar alerta ante peligros evidentes de la sociedad actual. Estos pueden ser el control político de los medios de comunicación, el fomento del pensamiento único o la represión, más o menos violenta, de la disidencia. Debido a que los peligros son reales, la denuncia de Dick de la realidad “oficial” es útil. Además divertida, porque nuestro autor suele aderezar sus obras con una acción ágil y un humor elaborado, sobre todo en los diálogos (mención especial en este caso a Ubik y Ojo en el cielo, dos de mis obras favoritas de Dick). En fin, mirad a vuestro alrededor, seguro que encontráis algo que no encaja. Como sea una moneda con la cara de vuestro jefe, malo…


El posmodernismo, al ser en una de sus facetas herramienta política, puede ser utilizado para protegerse de los abusos del poder y para que este justifique medidas antidemocráticas. Conocerlo desde una perspectiva política se hace pues imprescindible.



Los artistas como Dick alertan de verdades incómodas. Uno de los mecanismos de defensa del sistema es convertir el arte en mercadotecnia.



OBRAS CITADAS DEL AUTOR:

—Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; traducción de César Terrón. Barcelona: Edhasa, 1992. Colección: Pocket Edhasa; nº 95. T.O.: Do androids Dreams of Electric Sheep? (1980).

—Fluyan mis lágrimas, dijo el policia; traducción de Domingo Santos. Barcelona: Acervo, 1976. Colección: Ciencia Ficción; nº 11. T.O. Flow My Tears, The Policeman Said (1974).

—La penúltima verdad; traducción de Antonio Ribera. Barcelona: Martínez Roca, 1976. Colección: Super Ficción; nº2. T.O.: The Penultimate Truth (1964).

—Los tres estigmas de Palmer Eldritch; traducción de Marcelo Tombetta, Barcelona: Minotauro. T.O.: The Three Stigmata of Palmer Eldritch (1964).

—Nuestros amigos de Frolik 8; traducción de Miguel Giménez Sales. Barcelona: Martínez Roca, 1987. Colección Super Ficción Segunda Época; nº 103. T.O. Our Friends From Frolik 8 (1970).

—Ojo en el cielo. Traducción de M. Blanco. Madrid: Orbis, 1985. Colección: Biblioteca de Ciencia Ficción; nº 22. T.O. Eye in the sky (1960).

—Ubik. Traducción de Manuel Espín con actualización de David Alabort. Madrid: La Factoría de Ideas, 2000. Colección: Solaris Ficción; nº 3. T.O. Ubik (1969).

—”Veterano de guerra”; traducción de Norma B. de López. Inc. En La máquina preservadora. Barcelona: Edhasa, 1977. Colleción: Nebulae, nº 23. T.O.: War Veteran (1955).


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

—APPIGNANESI, R y GARRATT, C. Posmodernismo para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente, 2002.

—ARENDT, H. Los orígenes del totalitarismo. Vol. 3. Totalitarismo. Madrid: Alianza, 1982.

—CARRÈRE, E. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philip K. Dick 1928-1982. Barcelona: Minotauro, 2007.

—DECKARD, V. Biografías para entender la sociedad: Trump y The Apprentice (Abbasi, 2024) en Blogcaliptus (26 de octubre de 2025). Disponible en línea:


—EAGLETON, T. Las ilusiones del posmodernismo. Buenos Aires: Paidós, 1998.

—"Hunted From Above. Russia's Use of Drones to Attack Civilians in Kherson. Ukraine" (Informe de Human Rights Watch, 3 de junio de 2023). Disponible en línea:


—JUNG, C. G. Archetyp und Unbewußtes. Zürich/Düsseldorf: Walter Verlag, 2000.

—QUEYSSI, L. y MARCHESI, M. Phil. Una biografía de Philip K. Dick. Barcelona: Norma, 2019.

—POWER, M. Confessions of an American Drone Warrior. En "GQ Magazine", 22 de octubre de 2013). Disponible en línea:


—YAN, S. Israel admits killing civilians in drone strike on Lebanon en "The Telegraph" (22 de septiembre de 2025). Disponible en línea:



FILMOGRAFÍA CONSULTADA:

—TYRNAUER, M. Where's my Roy Cohn (2019).

—MEEROPOL, I. Bully, Coward, Victim: The Story  of Roy Cohn. (2019).

—ABBASI, A. El aprendiz (The Apprentice, 2024). 

   
ENLACES DE INTERÉS:

—Pódcast sobre la huella de Philip K. Dick en España:


—Pódcast sobre Valis:


—Pódcast sobre La transmigración de Timothy Archer:


—Traducción y análisis de la conferencia que Philip K. Dick dio en Metz, Francia (1977):



—Análisis y traducción Creative Commons del relato Un incidente en el puente del Río Búho (Bierce, 1890. Trad. Deckard, 2026):



—Trilogía de pódcast sobre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y Blade Runner:





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ESTIGMAS POSMODERNOS Y PENÚLTIMAS VERDADES (Filosofía política en la obra de Philip K. Dick) © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0




domingo, 26 de octubre de 2025

BIOGRAFÍAS PARA ENTENDER LA SOCIEDAD: TRUMP Y "THE APPRENTICE" (ABBASI, 2024)

Uno de los debates clásicos entre los historiadores es acerca de la utilidad del género biográfico. Con posturas muy marcadas a lo largo del tiempo, desde la tradicional conservadora de considerar a las "grandes figuras individuales" como motores históricos, hasta la proveniente de la sociología marxista de señalar despreciable cualquier papel individual a la hora de explicar transformaciones sociales. En la actualidad el consenso se sitúa en tomar a la biografía, que puede ser de personas corrientes (microhistoria), como útil en tanto en cuanto nos sirva para comprender mejor la sociedad en la que el personaje estudiado se inscribe. Así en las últimas décadas han aparecido biografías imprescindibles y muy recomendables, pudiendo destacar la de Julio César por Luciano Canfora (2014), la de Hitler por Ian Kershaw (1990) o la de Franco por Paul Preston (2011), entre muchas otras. Por supuesto al hablar de un género, las obras a tener en cuenta no se circunscriben a un solo formato y el ámbito audiovisual cuenta con algunas de ellas. The Apprentice, que nos presenta un periodo clave en la vida de Donald Trump,  posteriormente a lo narrado  presidente de los Estados Unidos,  es una. Y es que refleja perfectamente la sociedad de los hechos descritos, la del establecimiento del "turbocapitalismo" consagrado por el gobierno Reagan en la década de los 80 del siglo XX y que en gran medida sigue siendo la nuestra actual. En este sentido Donald Trump, usando terminología historiográfica, no es una de las causas del mundo en el que vivimos, sino una de sus consecuencias. No confundir las primeras con las segundas es uno de los pilares del análisis político.

 


 

Por otro lado es muy importante no utilizar conceptos morales para un estudio riguroso. Gabriel Sherman, periodista y guionista de la película, ha afirmado que ésta trata "sobre un ser humano". Cuestión fundamental. Kershaw cuenta en la imprescindible introducción a su biografía de Hitler que este "no era un monstruo". Sus motivaciones eran humanas, así mismo su devenir personal y político. No debemos considerar estas figuras ajenas, sino como parte de nosotros e interrogarnos el porqué nuestro sistema recompensa comportamientos del estilo de Trump o Hitler, en vez de considerarlos peligrosos para sí mismos y los demás. El presidente de los Estados Unidos no es un demonio, es una persona que, en aras del bienestar general, no debería haber llegado hasta donde lo ha hecho. Pero su filosofía política es la hegemónica actualmente, lo cual debe hacer que nos interroguemos sobre cual es esta y porqué tiene tanto éxito. The Apprentice da pistas.

 

 Arriba: "El queso y los gusanos" se considera una de las obras fundacionales de la "microhistoria", es decir, del uso del género biográfico para el análisis social a través de la vida de personas cotidianas. Abajo: "Hitler" de Ian Kershaw se toma como una de la biografías canónicas, incluso por el tratamiento de los problemas metodológicos al respecto del estudio de figuras muy polémicas, que el autor expone en la introducción.


En la película es clave la relación entre Donald Trump y  su verdadero mentor político, Roy Cohn.  Éste es en sí mismo una figura trascendental para entender la segunda mitad del siglo XX estadounidense, siendo por su parte protagonista de biografías como el recomendable documental Cobarde, matón, víctima, La historia de Roy Cohn (Ivy Meeropol, 2019). Cohn demuestra, entre otras cosas,  que la aparente modernidad con la que se presentan políticos del estilo de Trump, omnipresente en redes sociales o en televisión (el título The Apprentice hace un guiño a un programa de telerrealidad que presentó el futuro presidente) no deja de ser fachada, pues su filosofía es arcaica. 

 

 La política de Trump no tiene nada de novedosa y se inscribe en la cultura tradicionalista, representada por derivadas como la macartista. Arriba: Ethel y Julius Rosemberg, matrimonio ejecutado en la silla eléctrica con el prominente papel de Cohn en la fiscalía. Abajo: El senador McCarthy (centro) con dos asesores, uno de ellos Roy Cohn (izquierda), en una vista de 1953. Licencia de la imagen: The Regents of the University of California under CC BY 4.0

 


Cohn fue uno de los más importantes consejeros del senador McCarthy en la cruzada que éste emprendió, contra lo que denominaba "comunismo", concepto que en realidad le servía para atacar a todo tipo de corrientes de pensamiento que le desagradaban, deshumanizando a personas y colectivos que opinaran de manera diferente a él. Una de las derivadas del clima general de paranoia que políticos así establecieron fue el juicio, en el que Cohn actuó como entusiástico fiscal, contra  Ethel y Julius Rosemberg, quienes fueron condenados a muerte. La sentencia se cumplió el 19 de junio de 1953, convirtiéndose en los únicos civiles ejecutados por espionaje durante tiempos de paz en Estados Unidos. El proceso fue polémico, plagado de irregularidades como las presiones al hermano de Ethel para lograr una confesión, existiendo además el consenso general de que, al menos en el caso de ella, no existen pruebas concluyentes de los delitos de los que se les acusó. 

 

Sebastian Stan como Donald Trump y Jeremy Strong como Roy Cohn. Ambos han sido nominados a los premios de la Academia de Hollywood por sus interpretaciones.

Roy Cohn cayó en desgracia como trabajador público con el fin político de su propio maestro McCarthy, quien cada vez fue siendo más violento, impredecible y radical, en parte por un proceso de alcoholismo agudo. Sin embargo Cohn supo reconvertirse en los años 70 en un influyente abogado con base de operaciones en Nueva York, desde donde llevó casos defendiendo eficazmente y —de nuevo con métodos cuestionables desde el punto de vista legal— a personas con grandes recursos, como magnates financieros, mafiosos o acusados que cumplían con ambos perfiles. La popularidad  de la que disfrutó entonces fue aún mayor que en época de su cercanía con McCarthy, siendo el momento en el que entró en contacto con un joven Donald Trump, quien estaba teniendo problemas legales por la forma en la que actuaba administrando los intereses de la compañía familiar que levantó su padre Fred. Ésta se basaba en la especulación inmobiliaria y en la administración de fincas, siendo frecuentes las acusaciones respecto al uso de métodos violentos para cobrar impagos y la discriminación hacia colectivos como el de las personas negras. Trump con la ayuda de Cohn, quien presionó a los acusadores para alcanzar un acuerdo, resolvió la situación y la relación entre ambos se volvió estrecha.

 


En gran medida la historia de la clase política contemporánea está unida a la especulación inmobiliaria, por lo que la desprotección de edificios históricos como el Hotel Commodore, uno de los inmuebles con cuya destrucción Trump hizo negocio, ha sido frecuente. Abajo: En el ámbito español es interesante la miniserie documental "El pionero", sobre Jesús Gil y Gil, personaje que, aún con su idiosincrasia propia, tuvo características similares a las de Trump. 
 

 

La colaboración de mentor y aprendiz dio un nuevo paso en la década de los 80, años dominados por la filosofía ultracapitalista surgida en la escuela de Chicago e implementada sin tapujos por políticos como el presidente Ronald Reagan, quien estuvo en el cargo entre 1981 y 1989. Sus medidas se basaron en el fomento del sistema crediticio, la bajada generalizada de impuestos directos (especialmente a las grandes fortunas) y una agresiva política exterior orientada a elevar el espíritu patriota, en declive desde la humillante intervención en Vietnam y la crisis del petroleo que dominó gran parte de los 70. Uno de los lemas del presidente fue Let's make America great again, apropiado por Trump años después para su propia carrera política. En ese contexto, personas con pocos escrúpulos como el magnate o Cohn pudieron medrar con facilidad y entre ambos lograron una de nuevo polémica victoria: la quita multimillonaria de tasas municipales que permitió al magnate construir el Hotel Hyatt Grand Central  y la famosa Torre Trump, destruyendo de paso en el proceso dos edificios arquitectonicamente importantes, el del Hotel Commodore y el que albergaba la histórica tienda Bonwitt Teller.

 


 Otra de las ideas recicladas de Trump es el lema "(Let's) Make America Great Again" (Hagamos a América grande de nuevo), que en realidad apela a un patriotismo superficial ya utilizado por Reagan. El movimiento  MAGA, asociación con tintes sectarios (señalamiento del disidente, coordinación por líderes carismáticos) y uno de los pilares mediáticos de Trump, es un heredero directo de este tipo de nacionalismo,  cristalizado en el siglo XVIII y crucial para la alta burguesía dominante en época contemporánea.
 
 
"Bonwit Teller", ha sido otro de los edificios víctima de la especulación de Trump. En esta parcela erigió su famosa "Trump Tower" (1983) Img. CC vía Digital Collections, The New York Public Library  https://digitalcollections.nypl.org/items/510d47e2-f1f8-a3d9-e040-e00a18064a99

 

Los años de la década de los 70 y 80 son los que aborda The Apprentice y con ellos basta para llegar a una serie de conclusiones fundamentales para comprender nuestro presente, más allá de las anécdotas personales de figuras extravagantes. Como hemos visto, nada es nuevo en Trump. Como discípulo de Cohn enlaza con el macartismo (agresividad política, falta de escrúpulos empáticos) y como seguidor de la filosofía económica del gobierno de Reagan, bajo el cual medró económicamente, lo hace con una política pública turbocapitalista (ausencia de cortapisas legales para las grandes fortunas, adelgazamiento máximo del estado de bienestar, nacionalismo exacerbado). Cohn resumió su doctrina en tres consejos que dio a Trump: ataca siempre, no reconozcas haber cometido ningún hecho reprobable y  pase lo que pase reclama la victoria. Lo cual a su vez se emparenta con la filosofía que marcó (parte) de la ideología del Renacimiento, la representada por (parte) de los trabajos de Maquiavelo, especialmente El príncipe y su ética utilitarista en beneficio del jefe del estado. 

 

 
El derecho del líder a poner en duda hechos objetivos es rastreable, entre otros autores, en Maquiavelo. Sin embargo no es la única ética surgida en el Renacimiento. Autores como Spinoza apelan a un egoísmo en el que el bienestar propio es facilitado por la ampliación de derechos y un poder político altamente fiscalizado, pero ha sido silenciado por las grandes ideologías contemporáneas. Abajo: uno de los fundamentos económicos del turbocapitalismo es la eliminación de impuestos. En realidad los únicos verdaderamente beneficiados al respecto son las grandes fortunas, pues en este tipo de modelos el pago de los ciudadanos por servicios básicos (educación, sanidad) es muy elevado. 
 

 
Arriba: Edificio (desaparecido) del Hotel Commodore (1919-1976). Abajo, su sustituto, el Hyatt Grand Central (1980). Se ha acusado a Trump de connivencia con la mafia de Nueva York, lo que le habría permitido el acceso privilegiado a materiales de construcción. Incluso cuando otros proyectos se paralizaban por huelgas.
 
 
Abajo: Torre Trump, la cual ha sido la principal residencia de Donald Trump desde su construcción hasta 2019.
 


Las consecuencias de la política de Reagan están muy bien estudiadas. Pese a las teorías de la escuela de Chicago, el crecimiento perpetuo basado en el crédito y la reducción impositiva (aunque relativa, pues la recaudación indirecta en los estados "adelgazados" es muy alta) constituye una imposibilidad. Los 90 y gran parte de los 2000 fueron tiempos de crisis, que estallaban conforme lo hacían las sucesivas burbujas (inmobiliaria, de banca comercial, tecnológica), hasta el punto de que amplios sectores de la población se vieron arrastrados a la pobreza. Los problemas no fueron ajenos a magnates como Trump, como queda reflejado en parte del metraje de la película y se vio así mismo asediado por las deudas contraídas por una serie de inversiones muy agresivas, por ejemplo las relacionadas con la construcción de varios casinos en Atlantic City. En cierto modo Saturno devoraba a sus hijos, algunos de los cuales por otro lado sufrían serios problemas psicológicos derivados de una atmósfera perjudicial incluso para los próceres y sus vidas personales. Si McCarthy había tenido graves problemas con una de las drogas aceptadas por el sistema, el alcohol, parece que Trump los tuvo con las anfetaminas, muy unidas al mundo de la competitividad sin apenas límites. Mientras tanto Cohn, homosexual no reconocido públicamente, vivió unos últimos años muy duros, roto por la contradicción interna de ser figura prominente de una casta homófoba, y acusado de actividades ilegales en el ejercicio de la abogacía (entre ellas falsificar una herencia), lo que le llevó a perder su licencia poco antes de su muerte, acaecida en 1986 por complicaciones derivadas del Sindrome de Inmundodeficiencia Adquirida (SIDA-AIDS).

 

 Arriba y abajo: los datos de endeudamiento público y de aumento de la desigualdad derivados de políticas como la de Reagan no son nada positivos. En realidad este tipo de economía genera problemas que llevan a una crisis social profunda, que a su vez eleva de nuevo a políticos populistas como Reagan o Trump en un proceso cíclico. La falta de impulso de la política tradicional (Partido Demócrata estadounidense, socialdemocracia europea) para abordar reformas estructurales tampoco resuelve el problema. Mientras tanto gran parte de otros movimientos reformistas, como el comunismo de corte ortodoxo, sigue en parámetros decimonónicos a su vez incapaces para una transformación social efectiva. Img sup. Creative Commons. Abajo licencia Creative Commons vía "The Spirit Level", Wilkinson & Pickett, Penguin 2009.

 

A diferencia de Cohn, Trump logró recuperarse, en parte por su proyección pública en emisiones de éxito como el mencionado The Apprentice durante los 2000, programa  de telerealidad en el que los ganadores eran contratados por su empresa y que así mismo ha sido objeto de polémicas. Finalmente su popularidad le sirvió para convertirse en una pieza fundamental del Partido Republicano (tras coqueteos con otras fuerzas políticas, incluida la demócrata) y acabar convirtiéndose en presidente del país estadounidense en dos ocasiones (2017 y 2025), mientras crecen los rumores de que busca esquivar el límite constitucional de dos mandatos. Sus medidas generan, como ocurrió en el caso de Reagan o McCarthy, polarización y desprecio por la legalidad. Sin embargo cuentan con un gran apoyo social, por lo que su análisis riguroso es imprescindible. Así mismo lo es la autocrítica de las fuerzas políticas que buscan ser alternativa. Biografías como la expuesta sobre Trump en The Apprentice, así como las de Hitler o Franco, nos hablan de los errores de sus opositores, e incluso de sus aliados. Por un lado subestimar a estos personajes: el hecho de que sean intelectualmente mediocres no significa que no sean astutos o muy inteligentes para con respecto a su supervivencia y en la búsqueda del éxito a cualquier coste. Por otro lado los llamados políticos tradicionales han fracasado rotundamente, pues al no haber sido capaces (o no haber querido) construir una sociedad cada vez más segura o igualitaria, han alimentado la frustración de la que viven personajes como Trump. Finalmente, no sirve utilizar contra estas figuras sus mismas armas (cinismo, ataque al disidente, violencia) pues si vivimos en un sistema que premia especialmente comportamientos agresivos, personajes populistas y sin escrúpulos como Trump siempre van a estar un paso más adelante en el uso efectivo de estas estrategias. Más allá de cuestiones morales es algo que han olvidado determinadas corrientes que buscan revoluciones violentas, lo que ha sido advertido por historiadores de la talla de Eric Hobsbawm: en el siglo XX practicamente ningún movimiento revolucionario de izquierdas ha sido capaz de deponer violentamente un sistema de democracia liberal. Sin embargo los golpes de estado de derechas sí han demostrado más éxito al respecto. De lo que se trata es de crear un ecosistema social en el que personas como Trump no sean recompensadas con poder, lo cual se logra con un sistema de contrapesos políticos firme, una separación de poderes efectiva, libertad real del ciudadano en lo personal, y garantía absoluta de determinados derechos mínimos (vivienda, alimentación, sanidad, seguridad). Así todos quedamos protegidos, incluso el propio Trump, pues está demostrado que gente como él, preocupada por una constante competitividad, por la aceptación pública y por los ataques que recibe frecuentemente el que ataca, no es feliz. De nuevo aludiendo a Hitler y Franco, se sabe que tuvieron una vida poco alegre, con una eterna frustración hasta el momento de su muerte. Tenemos que aprender a valorar un egoísmo saludable, a diferencia de lo defendido por McCarthy, Cohn, Reagan y Trump, sabiendo que la felicidad de los demás contribuye a la propia, de modo que un mundo más seguro lo es también más feliz, incluso para los que se creen la propaganda del capitalismo exacerbado. Debemos sustituir a Maquiavelo por Spinoza y al mundo sin reglas (para los de arriba) de Trump por un mundo de protección legislativa, nacional e internacional. Entre otras buenas obras biográficas, The Apprentice nos ayuda a comprenderlo.

  

La imagen de éxito de Trump poco se corresponde con la realidad, y se ha construido mediante una mitología pública que apela a la emoción acrítica del espectador, por ejemplo vía grandes eventos de masas (boxeo, lucha libre) o espectáculos televisivos. En verdad Trump se ha tenido que acoger en numerosas ocasiones, por sus malas decisiones financieras, al Capítulo 11 de la legislación estadounidense, el equivalente a la española suspensión de pagos, y ha sido acusado frecuentemente de deber dinero a trabajadores y socios. Arriba: Imagen del capítulo 1 de The Apprentice (programa televisivo).


 

 
Arriba: Biografías de personajes como Trump demuestran que en realidad no son felices y habitualmente incapaces de establecer una afectividad personal sana, debido a una educación que solo prima la competitividad máxima y un éxito medido según parámetros superficiales. En The Apprentice se aborda la tóxica relación familiar de Trump, incluyendo el alcoholismo y problemas de adicción de su hermano Fred, criticado por su padre "solamente" por ser piloto de aviación (imagen del verdadero Fred Trump Jr. en dominio público). 

Abajo: las relaciones sexuales y románticas son así mismo con frecuencia tóxicas en este tipo de perfiles. En The Apprentice se aborda el ámbito a través de la primera mujer de Trump, Ivana Zelnicková (1949-2022, interpretada por Maria Bakalova) quien en el proceso de divorcio manifestó "haberse sentido violada" por su marido, aunque posteriormente señaló que "no en un sentido penal". No ha sido la única acusación al respecto que ha recibido el magnate. siendo condenado como "responsable de agresión sexual" a la periodista E. Jean Carroll (imagen siguiente, con licencia Creative Commons por juliannemo vía Wikicommons). Famoso ha sido así mismo el caso, de nuevo con resultado de condena para Trump (mayo de 2024), relacionado con el dinero reservado a su campaña electoral de 2016, pero utilizado para pagar a la actriz pornográfica Stormy Daniels por su silencio respecto a relaciones sexuales extramaritales. La sentencia ha sido dejada sin efecto penal o civil por el juez Juan Merchan en 2025 debido al ascenso de Trump a su segundo mandato presidencial, pero no ha sido anulada en lo referido a la demostración de los hechos. Trump, por supuesto, sigue negando su culpabilidad. 








 
 
 
¿QUIERE SABER MÁS?

Bibliografía recomendada:
 
—Canfora, L. Julio César. Un dictador democrático (2014). 
 
—Ginzburg, C. El queso y los gusanos. (1976).
 
—Hobsbawm, E. Historia del siglo XX.  
 
—Kershaw, I. Hitler (1889-1945). 2 Vol. (2000).
 
—Maquiavelo, N. El príncipe. (1515, con múltiples ediciones críticas). 
 
—Preston, P. Franco. Caudillo de España. (2011).
 
—Spinoza, B. Ética demostrada según el orden geométrico (1675, con múltiples ediciones críticas). 
 
Filmografía recomendada:
 
—Bach, E. El pionero. (2019). 
 
—Meeropol, I. Bully, Coward, Victim. The Story of Roy Cohn. (2019).
 
—"The Apprentice" (programa de televisión). Primera temporada (2004) disponible en archive.org Enlace aquí:
 
 
Pódcast recomendados:
 
—Mundo Gilipoy. La culpa es de Maquiavelo, yo sólo pasaba por ahí. Publicado el 3/06/2025. Enlace aquí:
 
 
—Podcaliptus Bonbon. El género biográfico (historia, relevancia, recomendaciones). Publicado el 6/10/2025. Enlace aquí:
 
 
—Podcaliptus Bonbon. No es ningún carroza, el tío Spinoza.  Publicado el 11/10/2025. Enlace aquí:
 
 
 

 
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