viernes, 2 de octubre de 2026

"2001. Una odisea espacial". El papel clave de Arthur C. Clarke en la historia que transformó el arte.

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La novela 2001. Una odisea espacial en edición de La Biblioteca Básica Salvat. Incluye imágenes de la película.


La película 2001. Una odisea espacial fue un punto de inflexión en la historia del cine. El director Stanley Kubrick revolucionó el género y el cine en general con una obra que sigue impresionando en aspectos técnicos o narrativos. Especialmente si tenemos en cuenta el contexto en el que se produjo, hace más de medio siglo. En el proceso de su creación fue clave el escritor Arthur C. Clarke. Se sigue diciendo, yo mismo lo di por cierto de tanto escucharlo, que el papel de este último en el proceso se redujo a escribir la novelización de la película. Esto no fue así. Ni su participación en la película fue pequeña, ni el libro que —tras diversos avatares a lo largo de años— acabó firmando es simplemente la traslación ampliada del guion de aquella. Os lo contamos.


La primera recomendación que podemos hacer respecto al tema es el libro en el que Clarke cuenta su experiencia colaborando con Kubrick. Se trata de The Lost Worlds of 2001 (1972). Inédito en castellano, sería una buena idea editarlo en nuestro idioma porque la información que aporta es extensa. Por suerte es accesible con facilidad en su inglés original gracias a la gran labor de archive.org Dejamos un enlace al respecto en la sección "¿Quiere saber más?". El autor británico gustaba de escribir diarios, de modo que los datos que ofrece en el libro del 72 están relacionados con fechas concretas. Una mina tanto para el historiador como para el aficionado.




Cuando Kubrick terminó Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (1964), tomó la decisión de que su siguiente obra sería de Ciencia ficción. Como es bien sabido el director era un perfeccionista y quería controlarlo todo al detalle, incluido el conocimiento técnico del viaje espacial. Por otro lado pretendía que la historia fuera especial, relacionada con extraterrestres pero de elevada carga filosófica. Al enterarse de todo esto su conocido Roger Caras, por aquel entonces directivo de Columbia, le sugirió un nombre que aunaba los aspectos de experto en tecnología aeroespacial y de reputado narrador de historias de anticipación. La persona recomendada era Arthur Clarke.


Caras había dado en el clavo. Desde su juventud más temprana Clarke había demostrado un vivo interés en astronomía y Ciencia ficción, siendo muy aficionado a revistas del tipo de Amazing Stories y a autores de la talla de Olaf Stapledon. Tras la Segunda Guerra Mundial se graduó brillantemente en física y matemáticas, escribió diversos libros técnicos de cohetería así como vuelo espacial, mientras que en 1961 ya había recibido un premio de la UNESCO por su papel como divulgador científico. Caras no obstante le hizo una salvedad a Kubrick: "es muy posible que no quiera colaborar en un proyecto como el que pretendes, es una especie de ermitaño". En esto último sí erró. Clarke aceptó gustosamente el encontrarse con Kubrick y participar en la película, mientras que cuando se enteró del comentario del trabajador de Columbia, la observación le hizo mucha gracia. "¿Por qué pensaría que soy un tipo solitario?".


Número 1 de Amazing Stories. La publicación es una influencia reconocida por Clarke. Editada en 1926 por Hugo Gernsback, es considerada la primera revista dedicada exclusivamente a la Ciencia ficción.

El proyecto partió de las estructuras narrativas que Clarke había planteado en sus historias desde hacía años. El primer interés de Kubrick fue por la novela El fin de la infancia (Childhood's End, 1953) en la que fuerzas extraterrestres influyen en el devenir humano de manera acusada, pero el texto quedaba fuera de su alcance porque los derechos  habían sido adquiridos por el director Abraham Polonsky. No se suele poner de manifiesto al hablar de 2001, pero hay mucho de El fin de la infancia en la odisea espacial: intervención exterior que marca a la humanidad y un final que plantea más interrogantes que respuestas.


Al no poderse llevar a la pantalla el libro del 53, Clarke ofreció a cambio como punto de partida varios relatos, de los que Kubrick asumió para su historia dos. Por un lado El centinela (The Sentinel), magnífico texto que el escritor presentó a un concurso de la BBC en 1948 —que no ganó— y otro menos comentado, Encuentro en la aurora (Encounter in the Dawn), del mismo año que El fin de la infancia. El primero es crucial porque legó a la cultura artística un icono del siglo XX: el monolito como imponente vigilante cósmico. El segundo texto por su parte jugaba con una idea que ha estado presente de forma ubicua en el arte contemporáneo, pese a apoyarse en tropos de la Ciencia ficción como la representada por la revista Astounding, de la que Clarke era aficionado: el contacto humano con seres muy evolucionados que regalan un empujón de desarrollo a la civilización más atrasada. Esto entronca directamente con una de las reflexiones más famosas de Clarke, la de que cualquier tecnología lo suficientemente avanzada respecto al observador le sería a este indistinguible de la magia. Por cierto que el escritor contó que como idea aceptada para 2001 él y Kubrick partieron de la base de que esos individuos tan desarrollados eran así mismo humanos pero —como se dice en Encounter in the Dawn— separados 10 000 generaciones respecto a sus limitados hermanos. La idea no quedó explicitada en Una odisea espacial, pero sí en obras posteriores muy famosas, como Interestelar (Interstellar. 2014) de Cristopher Nolan.


Arriba y abajo: Dos de las obras fundamentales de Arthur C. Clarke. La primera es considerada por muchos críticos su mejor novela y tiene una importante carga filosófica. La segunda regaló uno de los iconos de la cultura popular contemporánea: el centinela extraterrestre conocido como "monolito".


Otra cuestión que no se suele poner de manifiesto al hablar de 2001 es el contexto histórico en el que se presentó, Por un lado nos encontrábamos en una situación geopolítica marcada por la carrera espacial y la guerra fría. Esto permite comprender mejor la considerada como más famosa elipsis en la historia del cine, en la que el protohumano Moonwatcher (conocemos su nombre por la novela) utiliza un hueso como arma que, al ser lanzado al aire, acaba convertido en nave espacial. Esta última es en realidad un elemento ofensivo igual que el hueso porque, aunque de nuevo no queda explicitado en la película, se trata para los autores de una más entre las muchas plataformas de misiles nucleares que rodean la Tierra en el marco de un conflicto a punto de estallar y que borraría a la humanidad de la faz del planeta que habitan. A su vez esta idea permite comprender mejor el final de la cinta, que tanto ha dado que hablar. El niño de las estrellas en el que acaba convertido Bowman salva a la humanidad, deteniendo los misiles, de las consecuencias de una guerra que ya ha estallado. Otra  intervención de un agente exterior que ayuda a una civilización infantil a no dañarse con un juguete que ella mismo ha inventado.


Arriba y abajo: Dos de las más famosas imágenes de la historia del cine. El hueso se convierte en un arma. De ahí a la posibilidad de que el ser humano se destruya con su propia invención hay un paso representado por la elipsis narrativa de la película. Hace falta un nuevo salto evolutivo, en este caso representado por la transformación de Bowman en el "niño de las estrellas" para que ese peligro desaparezca. En gran medida este es el mensaje de 2001.



En todo el contexto narrativo relacionado con la sociedad de mediados del siglo XX hay que comentar, aunque sea brevemente, un fenómeno crucial en la conformación de la cultura popular contemporánea: el contactismo extraterrestre. Es decir la idea de que algunos humanos han entrado en comunicación con seres de fuera de nuestro planeta y que estos demuestran un interés hacia nuestra civilización. Según los defensores de la realidad del fenómeno, la relación puede ser para ayudarnos, advertirnos de las consecuencias de nuestros actos, por mera curiosidad científica o por motivaciones incomprensibles para los humanos. El proceso, sobre todo tras el famoso avistamiento del piloto Kenneth Arnold en 1948, se ligó al del platillismo. Es decir que las fuerzas extraterrestres usarían como vehículos preferentemente platillos volantes. Una de las mejores obras de Ciencia ficción de todos los tiempos, Ultimatum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still. Wise, 1951) compagina ambas teorías. 2001 por su parte asume con fuerza la primera. No conviene infravalorar la fuerza de este ámbito cultural, que autores como Jacques Vallée relaciona en su ensayo Pasaporte a Magonia (1969) con historias previas de fantasmas o hadas, mientras que otros como Whitley Strieber lo vinculan a los seres llamados "visitantes de dormitorio", que aprovecharían la noche y el sueño de algunos humanos para secuestrarlos, investigarles y realizar con experimentos. De la fuerza de estas ideas da prueba el que estos dos autores han sido homenajeados en obras culturales de primer orden. El primero en Encuentros en la tercera fase  (Close Encounters of the Third Kind. Spielberg, 1977) y el segundo en Expediente X (The X-Files, 1993-2018). Por otro lado la cuestión permeó en escritores que, aunque ahora han quedado en el olvido, fueron muy importantes y sus tesis asumidas como ciertas por millones de personas en todo el mundo pese a la ausencia de evidencia científica, especialmente la de la idea de influencia extraterrestre en civilizaciones antiguas. En esta categoría encontramos a Erik Von Daniken, Peter Colosimo, o los franceses Bergier y Pauwels con su Retorno de los brujos (Le Matin des Magiciens, 1960), obra que tuvo un gran éxito entre otros lugares en España a través de la colección "Otros Mundos", publicada por Plaza & Janés entre 1967 y 1981. La fuerza del concepto de "antiguos astronautas extraterrestres" que habrían contribuido a la construcción de grandes obras antiguas del tipo de las pirámides de Guiza o de Chichén Itzá llegarán durante décadas a influencias para películas, siendo Prometheus (2012) de Ridley Scott uno de los casos más recientes.


Arriba: Dos de las ediciones clásicas de 2001 en castellano (Biblioteca Básica Salvat y Colección de Ciencia Ficción de Orbis). Ambas con traducción de Antonio Ribera, quien a su vez escribió libros sobre la temática platillista incluido el fenómeno Ummo. Alguno del ellos en la colección Otros Mundos, como el del centro de la imagen. Abajo: Esta serie de libros fue muy importante para crear un imaginario colectivo basado en el contactismo. Lo contamos en el vídeo de abajo donde así mismo mostramos otras obras clave al respecto.


Más ideas que asumieron Kubrick y Clarke son así mismo interesantes para comprender la conformación de gran parte de la cultura contemporánea. Por un lado la de panspermia accidental, es decir que la vida surgiera en la Tierra gracias a un efecto exterior a la misma pero a diferencia de por intervención de "astronautas antiguos" debido a un evento natural. Clarke cita al respecto lo mucho que le influyó la idea de mutaciones genéticas en los humanos por rayos cósmicos, algo defendido por el divulgador científico Robert Ardrey  en Genesis Africana (1961) quien calificó la posibilidad de "regalo de las estrellas" ("a gift from stars") expresión que encantó a Clarke. Por otro lado éste señaló que Kubrick estaba familiarizado con las tesis del antropólogo Joseph Campbell, defendidas sobre todo en el ensayo El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces. 1949) y referidas al concepto de "camino del héroe". Este último se ha vinculado más popularmente a la franquicia de La guerra de las galaxias iniciada en 1977 con Una nueva esperanza (Star Wars: A New Hope. Lucas) y señala la presencia desde el nacimiento de la cultura del mito del elegido, alguien que pese a no decidirlo voluntariamente emprende un camino vital plagado de dificultades y que acaba con la redención de la sociedad. Recordemos que Bowman, como queda explicado en la novela de 2001, salva a la humanidad de sí misma. El concepto une a las historias actuales con las de la mitología clásica, pues la narrativa de Ulises sobre todo a través de La Odisea homérica (s. VIII a.C?) ya tendría las características del mito del héroe. El subtítulo Una odisea espacial en la obra de Clarke y Kubrick fue un reconocimiento de este hecho.


Arriba y abajo: dos de las obras consideradas herederas de 2001. Se trata de Interstellar por Cristopher Nolan y Contact por Robert Zemeckis. La primera contó con el asesoramiento científico del físico Kip Thorne y la segundo parta de una novela del prestigioso Carl Sagan. A este último le consultaron Clarke y Kubrick respecto a cómo enfocar en 2001 una inteligencia extraterrestre más avanzada que la humana. Tanto Contact como Interstellar cuentan con Mattew McConaughey en un papel protagonista.

Como vemos la conceptualización temática de 2001 se forjó a través de multitud de ideas que sus creadores asumieron de su contexto histórico y cultural. Entre ellas la cada vez mayor importancia de la tecnología de ordenadores y computación, que derivó en el personaje "más humano de la obra": H.A.L. Sus padres fueron ambos, revolucionando de paso el cine de terror, especialmente el ligado a la Ciencia ficción, siendo un ejemplo claro Alien, donde el papel de la Inteligencia Artifical "Madre" encuentra paralelismos con el computador de la película dirigida por Kubrick. Para bautizar a H.A.L. se barajaron otros nombres como Atenea o Sócrates, lo que de nuevo demuestra la presencia de arquetipos clásicos en la historia de 2001. 


Escritor y director supieron sistematizar todos estos conceptos y presentarlos de una forma tal que hicieron de la película 2001 una obra maestra. Pero el proceso fue doloroso. Kubrick buscaba la perfección y no acababa de decidirse sobre cómo y qué manera rodar determinadas escenas. El proyecto se retrasó hasta 1968, siendo el año planeado de estreno inicialmente 1966, lo que puso a Clarke en una situación difícil. Le resultaba difícil publicar por estar casi a tiempo completo comprometido con 2001 y tenía vetado sacar a la luz la novela de la odisea espacial hasta que Kubrick no diera el visto bueno. Pero éste se encontraba en un mar de dudas sobre todo con cómo enfocar el final de la historia, e incluso contactó —a espaldas de Clarke— con los prestigiosos escritores James G. Ballard y Michael Moorcock para ver si podían sustituir a su colega. Ambos se negaron por considerarlo una falta de respeto a su compañero escritor. Finalmente Kubrick optó por el famoso metraje final de la puerta de las estrellas que todos conocemos, mucho más ambiguo que el presentado en la novela de Clarke. Aunque no hubo una ruptura oficial entre ambos, esta sí existió oficiosamente. Lo que estaba ideado como un proyecto conjunto de novela y película, firmadas ambas por los dos, quedó en un libro con la rúbrica exclusiva de Clarke en el que están presentes de manera explicada casi todas las ideas sobre las que se sustenta la historia; y una película mucho más ambigua que, aunque reconoce en créditos la participación del escritor británico, todo el mundo reconoce como "de Kubrick". No es de extrañar que muchas personas consideren la novela exclusivamente una novelización, pero está demostrado que fue mucho más. Incluso se había pretendido que la novela apareciera antes que la versión fílmica, pero Kubrick finalmente hizo que fuera al contrario. El papel de Clarke fue clave, aunque por supuesto sumado a la grandeza artística del director, para que la película de 2001 sea lo que es: un punto de inflexión en la historia de la Ciencia ficción y del cine en general. Así que por mi parte, gracias a ambos.


Otra escena para el recuerdo: la desconexión (¿el asesinato?) de H.A.L. Clarke siempre dijo que el hecho de que el nombre de la inteligencia artificial fuera IBM con la letra anterior fue casualidad. El escritor señaló que al ser consciente de ello, el hecho le abochornó pues la famosa compañía tecnológica había colaborado con la producción y no sabía hasta que punto era buena publicidad el que se les relacionara con una computadora neurótica. Forma parte de la grandeza de la escena el que Bowman demuestra que una simple herramienta manual, un destornillador, puede tener más poder que la tecnología más compleja.




¿QUIERE SABER MÁS?


—Artículo sobre las ideas políticas y filosóficas de Arthur C. Clarke:


—Pódcast de "Podcaliptus Bonbon" sobre la novela 2001. Una odisea espacial de Clarke y su relación con la película homónima de Kubrick:



—Pódcast sobre la película dirigida por Kubrick (dos partes):





—Pódcast sobre "Contact":


—Pódcast de "Torpedo Rojo" sobre Cita con rama:


—Pódcast de "Podcaliptus Bonbon" sobre Cita con rama:


"2001. Una odisea espacial". El papel clave de Arthur C. Clarke en una historia que transformó el arte. © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0

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