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sábado, 23 de mayo de 2026

Ciencia ficción que avisa: Veinte años de "La carretera" (Corman McCarthy, 2006) [Contexto, análisis, versiones]

 


La Ciencia ficción apocalíptica puede ser definida así mismo como "de la entropía". Es decir, del incremento del desorden en un sistema, en este caso el de la sociedad humana. Philip K. Dick es uno de los mayores exponentes con el concepto de kippel en ¿Sueñan los androides en ovejas eléctricas? (1968) (1). En los últimos años el subgénero ha conocido una revitalización, posiblemente por la convulsa situación político-económica globlal. Por citar ejemplos, han sido valoradas positivamente la serie francesa El colapso (L'effrondement, 2019) o la novela de Sara Mesa Un incendio invisible (2011). Qué duda cabe que Corman McCarthy marcó un punto de inflexión con La carretera (2006), ganadora del premio Pulitzer el año siguiente a su publicación. Ha conocido versión cinematográfica en 2009 y de cómic en 2024. 

 


 La portada de la primera edición de La carretera consiste en un fondo negro. Con posterioridad a la película será frecuente ver diseños en relación con ella (abajo)

 


El género apocalíptico o de la entropía tuvo otro punto álgido en época de la guerra fría, debido a la potencialidad destructiva de un posible conflicto que implicara armas nucleares. Una obra representativa es el telefilm El día después, que causó un gran impacto en su emisión original de 1983. La cadena estadounidense ABC lo programó junto a un debate en el que Carl Sagan utilizó la analogía de la situación política como una habitación llena de gasolina y ocupada por tipos enfrentados que contaban con muchas cerillas. Tras el final de la guerra fría el temor a un páramo nuclear se redujo, pero crisis como la climática, acompañada de un nuevo desprecio por parte de las principales potencias hacia el derecho internacional, han hecho que los temores del ser humano a un colapso de la civilización regresen con fuerza. También en el plano cultural.

 

Portada de "TV Guide" en referencia a la emisión de El día después en la cadena ABC. En el famoso debate posterior Sagan confrontó su posición con Henry Kissinger, uno de los artífices de la estrategia geopolítica de los Estados Unidos tras la II Guerra mundial.
 

En La carretera no conocemos las razones del apocalipsis, que ya se ha producido. El autor nos describe un mundo devastado en el que un hombre y su hijo menor de edad recorren los antiguos Estados Unidos en un viaje que les lleva hacia el sur, huyendo del frío desde su ciudad, en la cual —como en todas— han desaparecido las comodidades más básicas, desde la electricidad a la producción y distribución de alimentos.

 

Aviso. A partir de este punto se desvelan elementos importantes de la trama.

 

El niño ha nacido en esta sociedad en descomposición e interroga a su padre sobre el pasado, sorprendiéndose de conceptos como el de "estado" o ante las características de una lata de refresco. Sabremos que debido a la situación la madre optó por el suicidio y que se planteó muy seriamente el asesinato de su hijo para evitarle el sufrimiento de una vida sin esperanzas, repleta de peligros peores que la propia muerte. Es la figura de su marido, dispuesto a arriesgarse a una difícil supervivencia con su vástago, lo único que la disuade. Aunque no con la suficiente fuerza como para que ella tenga el ánimo suficiente como para sumarse a la empresa de encontrar un lugar mejor en el que vivir.

 

Charlize Theron interpreta el papel de la madre en la película. Entre los pequeños cambios que el film introduce está el añadir alguna escena ausente del texto, en aras de aumentar la presencia de la actriz.

 

En el trayecto hacia el sur por la carretera a la que se refiere el título, los protagonistas van a ser testigos del retorno de los seres humanos a la ausencia de civilización, con el agravante de un desastre ecológico absoluto. El resto de especies animales han desaparecido casi completamente, la vegetación se encuentra muerta y derivado de todo ello, la escasez de recursos es en la práctica total. De este modo las relaciones humanas se basan fundamentalmente en la violencia y  desconfianza. Padre e hijo, cuyos nombres no conocemos, serán testigos de episodios de canibalismo, encontrarán cadáveres de gente muerta en circunstancias atroces y serán víctimas y victimarios a causa de un estado general de paranoia. Con todo y pese a las dificultades, tratan de mantener un comportamiento de cierta virtud ética, calificándose como "los buenos" en parte por convencimiento y en parte como mecanismo psicológico del padre para mantener altos los ánimos del niño. La aspiración obliga a tabúes, de modo que renuncian a la ingesta de carne humana. En relación con su filosofía de comportamiento hay ciertas referencias prometaicas, al autodefinirse como los "portadores del fuego". 

 

Portada con referencia al simbolismo del fuego.
 

La historia no tiene un final per se. Tras la llegada de la pareja a la costa y comprobar que el mar se encuentra en un estado de contaminación aparentemente irreversible, el padre fallece. Su hijo decide acompañar a una familia de la cual la figura paterna le asegura que, como los protagonistas,  forman parte de "los buenos", aunque no puede ofrecerle garantías al respecto. El futuro del joven y del mundo quedan inexplicados.


Las características de la novela parecen apelar a la identificación del lector con los protagonistas. Son anónimos y las referencias geográficas vagas, sin una identificación clara con lugares reales, lo que invita a pensar que podrían ser cualquier padre e hijo en cualquier lugar del mundo. El hecho se verbaliza en la escena en la que están sentados frente a la costa y el niño pregunta qué hay al otro lado. El padre responde:


Tal vez hay un padre y su hijo pequeño y están sentados en la playa.


Corman McCarthy no fue un autor dado a las entrevistas, pero a raíz de La carretera hizo la excepción de conversar con la famosa periodista Oprah Winfrey, charla en la que dejó varios datos sobre la génesis de la novela. La historia le vino a la cabeza una noche de insomnio. Se despertó de madrugada en un hotel de la fronteriza localidad de El Paso y al observar a su hijo que dormía, se preguntó como sería el lugar pasados cincuenta o cien años. Una imagen de incendios en los alrededores se le apareció. A este esquema se le sumaron recuerdos de conversaciones del autor con su hermano, en las que trataban de describir un mundo apocalíptico, siendo una de sus conclusiones que el canibalismo estaría extendido. McCarthy además avisa: debemos valorar lo que tenemos. Tanto las comodidades como las salvaguardas sociales que nos rodean no salen de la nada y pueden desaparecer si no las protegemos.


Los temas tratados por La carretera son cruciales para comprender nuestro presente como seres humanos y algunos de los más peligrosos peligros que nos acechan.

 

—Las construcciones sociales son artificiales y al igual que han sido construidas, pueden destruirse. ¿Qué son los estados? pregunta el hijo a su padre en un momento determinado.


—Uno de los elementos innatos de las personas es su vertiente violenta. Somos animales y algunos de nuestros instintos tienen que ver con la competencia por los recursos. Para que esos comportamientos no afloren, se debe garantizar que los individuos disfruten de unos mínimos estándares de bienestar. La sanidad, la alimentación y la vivienda aseguradas contribuirían a reducir los conflictos a su mínima expresión posible.


—El ser humano forma parte de un ecosistema. La base ecológica para la supervivencia de un ser vivo es el equilibrio con su entorno. Si este es destruido o alterado más allá de ciertos límites, la supervivencia del ser humano está en serio riesgo.


—Hay que tener en cuenta las voces que alertan sobre los peligros sociales, económicos y políticos. Especialmente las de aquellos que tienen conocimiento profesional sobre estos temas, como los científicos o los historiadores. El personaje del anciano que los protagonistas encuentran en su devenir es representativo. Comenta que ya sabía que los hechos narrados en la novela iban a ocurrir. La mitología describe esta situación mediante la figura de Casandra. Tiene el conocimiento de que Troya será destruida, pero sufre la maldición de no ser creida. Si sus conciudadanos hubieran decidido prestar atención a sus avisos, no hubieran conocido una muerte atroz. 


—Existe en La carretera otra lección presente en la mitología. Padre e hijo se esfuerzan en definirse como "los buenos", renunciando a comportamientos opuestos a normas éticas empáticas, como el canibalismo o la violencia. La situación social límite hace que no siempre puedan cumplir con esta aspiración, siendo el padre el que renuncia a ella en aras de la defensa de su hijo o por rabia, como al obligar a un ladrón a desnudarse, condenándole en la práctica a la muerte. Con todo la virtud ética es motor de las acciones de la pareja, posiblemente como mecanismo psicológico que les da un objetivo que les permita continuar su viaje, pero también por convencimiento real. En varias ocasiones hablan de "llevar el fuego", referencia a uno de los elementos más representativos de la civilización (el fuego como símbolo del conocimiento que permite al ser humano superar el estado nómada) y —en relación con ello— al mito de Prometeo quien, pese a la prohibición de Zeus, regala el fuego a la humanidad para que ésta decida su futuro. La llama representa la herramienta y por tanto el uso que se decida darle: ¿instrumento para la aniquilación, incluso de quien la maneja, o ayuda para la construcción de una sociedad protectora y equilibrada? El autor nos recuerda que si la violencia está en nuestros instintos animales, también la cooperación. No solo como virtud ética, sino además como estrategia de supervivencia, de modo que incluso la vertiente egoísta debería comprender que la colaboración con otros es la mejor —o única— forma de seguir vivos en un mundo con tecnología de gran capacidad destructora.

 


 Entre los elementos impactantes de la historia está el de la destrucción del ecosistema. Los árboles se presentan como víctimas de constantes incendios.


Los temas descritos convierten a La carretera en Ciencia ficción muy ligada a la realidad, describiendo peligros ciertos y consecuencias posibles derivados de aquellos.

 


 

Poco tiempo después de la publicación de la novela y de su reconocimiento crítico, especialmente al recibir el premio Pulitzer, llegó una versión fílmica así mismo bien valorada. Se trata de una producción puesta en marcha por el productor independiente Nick Wechsler, quien pensó para el proyecto en el director John Hillcoat tras ver el film Propuesta de muerte, que posee un crudo tratamiento de la violencia y pertenece a un género —el western— que, entendido como narración de frontera (2) sería otro al que pertenece la historia. Se sumaría al proyecto el guionista Joe Penhall (Mindhunters) así como los actores Viggo Mortensen (padre), Kodi Smith-McPhee (hijo), Charlize Theron (madre), Robert Duvall (anciano), Michael K. Williams (ladrón) y Guy Pearce (miembro de la familia que aparece al final de la película).

 

La carretera cuenta con excelentes actores como Robert Duvall. La película se apoya en un eficaz diseño de producción, especialmente mediante maquillaje, vestuario y localizaciones. Abajo: Michael K. Williams, por desgracia fallecido tempranamente, se hizo famoso por la imprescindible serie "The Wire" donde interpreta al icónico Omar.

 


 
Guy Pearce tiene el rol del personaje clave en la conclusión. Se trata de un "no-final" cuyo significado se deja a la subjetividad del espectador.


Es una versión fiel, con pocos añadidos que sobre todo tienen que ver con la figura de la madre, la cual aparece más que en la novela, ahondando en la terrible disyuntiva de si es mejor la muerte, incluso la del propio hijo, que vivir en un mundo sin esperanzas. Es de las partes más crudas de la historia y las escenas añadidas funcionan perfectamente al respecto. Una de las frases más recordadas tiene que ver con esto y está presente en ambos formatos:


Me van a violar, y luego van a violar a tu hijo y nos van a matar y comernos.


La estructura visual de la película es eficaz, de modo que la historia no pierde fuerza en la traslación a imágenes. Antes al contrario. Es una gran idea reducir los efectos generados por ordenador a la mínima expresión, apoyándose la escenografía fundamentalmente en el maquillaje de los actores y en el rodaje en localizaciones exteriores. Con respecto a este último punto se aprovechó una antigua autopista abandonada de Pensilvania, los suburbios de Pittsburgh y entornos naturales agrestes, como los alrededores del lago Conneaut. Incluyendo un centro vacacional fundado en 1920 que había sufrido los efectos de un incendio pocos meses antes del rodaje. Los entornos urbanos y su problemática inserción con la naturaleza, derivada en muchas ocasiones de la especulación, son comunes en todo el globo y la elección de los escenarios es adecuada. No se dan apenas referencias de lugares reales y la trama transmite la sensación de poderse estar produciendo en cualquier lugar del mundo.

 

Portada del cómic La carretera en su versión original en francés
 

La versión más reciente de la carretera responde al cómic  La route por Manu Lancenet, colaborador de la revista "Fluide Glacial", la cual tiene cierto predicamento en Francia gracias a personajes como Les Bidochons. Al igual que con la película se trata de una adaptación fiel, con pocas variaciones respecto a la novela y una paleta cromática fría que incide en el contexto desolado de la narración. Se ha publicado en un formato grande, incluida la edición española por Norma, que permite apreciar los detalles del dibujo. 


La carretera es una historia dura, pero su crudeza radica especialmente en su verosimilitud. Credibilidad respecto al ser humano en su vertiente individual, con la tensión entre egoísmo y cooperación; así como en el plano social, incidiendo en el peligro cierto de que nuestro sistema social se derrumbe ante los desequilibrios de un capitalismo desaforado, entre otras ideologías destructoras. Por eso junto al resto del subgénero de la entropía, es una obra necesaria. Prometeo nos trajo el fuego, la decisión de qué hacer con él la dejó en nuestras manos.

 

NOTAS:

(1) Ver enlace sobre la novela Un incencido invisible para más información del concepto de entropía aplicado a la Ciencia ficción. 


(2) El western no hace referencia a la historia particular de los Estados Unidos, sino al marco de la frontera, entendida como el espacio donde el poder del estado se diluye.

 


 

¿QUIERE SABER MÁS?

 

—Pódcast sobre La carretera y sus versiones:

 

—Artículo sobre la serie "El colapso":

https://blogcaliptusbonbon.blogspot.com/2025/08/la-ciencia-ficcion-que-avisa-el-colapso.html 

 

—Artículo sobre la novela Un incendio invisible:

https://blogcaliptusbonbon.blogspot.com/2026/02/suena-sara-mesa-con-ovejas-electricas.html 

 

—Entrevista de Oprah Winfield a Corman McCarthy:

https://www.dailymotion.com/video/xb74sg 

 

Ciencia ficción que avisa: "La carretera" (Corman McCarthy, 2006) y sus versiones. © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0 Nota final: en mis artículos no uso IA, ni para la elaboración ni en correciones. No puedo echarle la culpa al informático.

domingo, 17 de agosto de 2025

LA CIENCIA FICCIÓN QUE AVISA: "EL COLAPSO" ("L'EFFONDREMENT". LES PARASITES, 2019)

La Ciencia ficción es un género, no una temática. No es que trate "del futuro",  "de los extraterrestres", o "de viajes en el tiempo". Lo que hace es especular sobre algo que no ha sucedido pero que científicamente, o  —menos señalado— políticamente, es plausible. Ese universo paralelo ni siquiera tiene que suceder en tiempos venideros, sino que el autor puede plantearlo como ocurrido en el pasado o coincidente con el presente. Y a partir de ahí los temas son de lo más diverso, como en cualquier género, con una salvedad: en al menos uno de ellos, el de plantear amenazas reales que pueden acabar con la humanidad  —por la posibilidad de un carácter especulativo desde la verosimilitud— la Ciencia ficción es especialmente potente. En este ámbito, una de las obras mejor realizadas y efectivas en los últimos años —tanto en fondo como en forma— viene de la vecina Francia: la serie El colapso (L'Effondrement, 2019). 

Cartel de la versión española

Vivimos en un mundo con infinitud de peligros para nuestras vidas, algo que ha sucedido desde que el ser humano comenzó su existencia, hace aproximadamente un par de millones de años. Con la particularidad actual de que, si antes la posibilidad de extinción venía derivada de —como para cualquier otra criatura— un fallo adaptativo en relación al entorno ecológico, ahora el principal problema de nuestra especie radica en un desarrollo tecnológico enfocado de tal manera, que sea éste el que lleve a un entorno incompatible con nuestra supervivencia. Recalco, con la nuestra. El planeta seguirá ahí hasta su explosivo encuentro con el sol, pero los bípedos que vamos en coche a todos sitios, si no cambiamos unas cuantas cosas de nuestra economía, nos vamos al garete. Para indiferencia de otros seres como las cucarachas o —expuesto en el clásico conjunto de relatos de Ciencia ficción Ciudad (City. Simak, 1952)— las hormigas.


En Ciudad la figura del ser humano, hace tiempo desaparecido, es tema de especulación para otros animales.

En este contexto narrativo nuestro querido género ha tenido mucho que decir. Incluso antes del oficial nacimiento del movimiento ecologista divulgativo con el ensayo La primavera silenciosa (Silent Spring. Carson, 1962), la Ciencia ficción viene avisando, acompañada de la investigación científica, del potencial desastre ecológico al que nos encaminamos vía esquilmación de recursos naturales, actividades que incrementan la contaminación atmosférica y otros comportamientos, promovidos por un sistema que hace creer que el estándar de la comodidad es que alguien te traiga a casa, transportada en furgoneta, una carcasa para el teléfono móvil. Autores como Frederik Pohl y Cyril Kornbluth con su compartida Mercaderes del espacio (1953), vienen avisando  de los peligros de esta estructura social desde, nada más y nada menos, que los años cincuenta. Tradición a la que se sumaran posteriormente, como hitos de la Ciencia ficción político-ecológica, la novela Hagan sitio, hagan sitio (Make room! Make Room! Harry Harrison, 1966), la película Naves misteriosas (Silent Running. Trumbull, 1972), el cómic La cosa del pantano (The Swamp Thing, especialmente en su etapa Moore, 1984-1987), la Trilogía de Marte, iniciada con Marte rojo (Red Mars, Kim Stanley Robinson, 1992), WALL-E  (Stanton, 2008) o Interstellar (Nolan, 2014). Todo ello sin salir del ámbito anglosajón y citando una obra relevante por década, lo que demuestra que la Ciencia ficción viene avisando de un posible y cada vez más probable colapso ecológico desde, al menos, hace más de setenta años. 


Dos de las obras culturales más relevantes en relación con la crisis ecológica y demográfica. Como se señala en la cinta de la edición de Acervo, ¡Hagan sitio! ¡Hagan sitio!, fue trasladada a la gran pantalla en Cuando el destino nos alcance (Soylent Green. Fleischer, 1973) película cuyo final ha impactado a miembros de varias generaciones.

El colapso se suma a esa tradición que nos alerta, pero va más allá, al adscribirse eficazmente a otra temática muy útil, la postapocalíptica, que aborda la precaria situación de los seres humanos en un entorno progresivamente hostil, derivada del hecho de que el hundimiento de la civilización ya se ha producido. Aquí uno de los hitos lo estableció precisamente el francés Pierre Boulle, con su El planeta de los simios (La Planète des singes, 1963) cuya influencia es ampliamente conocida. A la que desde luego se podrían sumar un listado interminable de obras, cuya crudeza describe como el colapso no solo nos llevaría a la extinción, sino que esta se produciría a través de un proceso enormemente doloroso. Y es que el ser humano necesita protecciones sociales, pues de lo contrario, las personas sin escrúpulos se embarcarían en una espiral de violencia por otro lado inútil, pues todos, incluidos los victimarios, se verían arrastrados por ella. Enseguida acuden a la mente ejemplos del tipo de Apocalipsis (The Stand. King, 1978) con un mundo arrasado por un virus, la desoladora Cartas de un hombre muerto (Письма мёртвого человека. Lopushanski, 1987), La carretera (The Road. McCarthy, 2006) o la eficaz Pronto será de noche, por el escritor español Jesús Cañadas (2015). Estas dos últimas ni siquiera ofrecen una causa para la gran crisis: hay diversas amenazas para nuestra frágil sociedad y con que una de ellas triunfe, llegará el caos absoluto. En el ámbito postapocalíptico se encuentra fundamentalmente El colapso, donde a lo largo de ocho capítulos se nos va a narrar el proceso de derrumbe social, que es de lo más rápido, apuntando a que la solidez de nuestras instituciones es cuanto menos precario, otro aviso a navegantes. En el primer capítulo solo han pasado dos días desde la crisis, cuyos efectos se notan casi inmediatamente en los supermercados (ep. 1.  Le supermarché), donde hay escasez y —acompañando a esta— especulación. En sucesivos episodios veremos las consecuencias de la crisis en otros ámbitos, como una gasolinera (ep. 2. La Station-service, 5 días tras el colapso), el aeródromo que los ricos utilizan para huir (ep 3. L'Aérodrome, 6 días), una comunidad autogestionada (ep. 4. L'Hameau, 25 días), una central nuclear (ep. 5. La Centrale, 45 días), una residencia de ancianos (ep. 6. La Maison de retraite, 50 días) y una isla, refugio para los privilegiados (ep. 7. L'Île, 170 días). Finalmente, aunque desde algunos foros se ha señalado que la historia no explica el porqué del colapso, esto no es del todo exacto. Un capítulo final, el octavo, cambia el arco temporal para hablarnos de cómo un científico, varios días antes del hundimiento, se cuela en un programa de televisión en directo para anunciar que aquel es inminente. Su explicación, de la que se ríen el resto de contertulios —incluida la ministra de medioambiente— es que el caos será responsabilidad de una crisis ecológica provocada por la actividad antrópica. Su apelación a actuar de inmediato es desatendida, uniéndose así el desenlace con el comienzo de la serie, en un elegante recurso de guion que integra la obra en los dos marcos temáticos señalados: alerta ecológica y postapocalipsis.


Arriba: El planeta de los simios (versión alemana), uno de los referentes de la Ciencia ficción europea. Abajo: Más ejemplos de la temática postapocalíptica.




Fotograma del primer capítulo de El colapso. En el supermercado, escenario de la primera entrega de la serie, se ven imágenes de lo que se describe en la última, siendo otro de los elementos que elaboran una narración circular.

Por otro lado, el ámbito formal de la serie es muy eficaz. Los episodios duran alrededor de los veinte minutos y están rodados en plano secuencia, elementos que logran un ritmo ágil y promover la sensación de tensión en el espectador. Los actores, en un reparto coral, son creíbles y resuelven con soltura las interacciones entre personajes. Estas, derivadas de una situación terminal, generan la tensión adecuada en relación con la historia. Además, aunque el protagonista cambia capítulo a capítulo, algunos individuos aparecen en varios de ellos, reflejando así que las decisiones humanas tienen consecuencias en las demás personas con el paso del tiempo. Basten dos ejemplos aparte del mostrado en la imagen anterior: el policía del segundo episodio, que amenaza con su arma para que le llenen en la gasolinera el depósito del vehículo, es el mismo que aparece en el episodio final para detener a los activistas climáticos; mientras que la política que aparece ridiculizando, en este último capítulo, las tesis ecologistas, es la misma que encontramos desesperada en el séptimo, intentando alcanzar el lugar en el que los ricos se esconden.



Arriba: la escena del policía se ha convertido en una de las imágenes de la serie. En el cartel se puede leer "
Nourriture seulement contre essence" ("Gasolina solo a cambio de comida"), mostrando que el dinero es inefectivo en una situación de crisis total. Abajo: Imágenes del episodio 8 y 7. El personaje de la ministra se ve en una situación desesperada por no haber creído la verosimilitud de la amenaza.


 



Añadido a lo anterior es preciso abordar un elemento de la producción de El colapso escasamente puesto de relieve por la crítica, pero que convierte a la serie en una obra de arte vinculada al mundo real en el que es creada, lo que busca salvar la contradicción entre la relación de un producto de consumo con su discurso político, así como con su esencia artística. Tema ampliamente abordado por las vanguardias artísticas desde comienzos del siglo XX, algo reflejado en los análisis de Walter Benjamin (la obra debe poseer un "aura" que la eleve sobre la técnica) o posicionamientos estéticos como el de Franz Kafka ("si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo?") (1). El colapso es fruto del trabajo del colectivo Les parasites ("Los parásitos"), surgido en 2013 por la asociación de antiguos estudiantes de la parisina EICAR (Escuela Internacional de Creación Audiovisual y Realización), entre ellos los directores Jérémy Bernard, Guillaume Desjardins y Bastien Ughetto, así como la intérprete Roxane Bret, todos presentes en la elaboración de El colapso. "Los parásitos" no solo se han mostrado eficaces en cuestiones técnicas y de guion en diferentes géneros, como la comedia (serie Ferdinand, 2014-19) el terror (Tentative 49, 2013) o la Ciencia ficción (Amour artificiel, 2014), lo que les ha supuesto un buen puñado de premios, sino que además entienden el mismo proceso de producción y distribución como obligado a un mensaje político. De esta manera, priorizan la financiación con contribuciones directas de particulares, vía el portal francés de pagos Tipee, mientras que sus obras son ofrecidas habitualmente gratis en su web, o en otras plataformas como el canal de YouTube del colectivo. Así, aunque El colapso ha conocido distribución en grandes medios, como Canal + Francia, RTVE o Netflix, que han permitido al gran público acceder a ella, su visionado gratuito es sencillo en espacios más alternativos. También han tratado, siguiendo la educación a través del ejemplo, defendida por filósofos como Baltasar Gracián, que el rodaje de la serie sea lo más coherente posible con su mensaje. Como está demostrado y se señala en el guion, si la contaminación es un serio problema para la supervivencia de nuestra especie, en la elaboración de la serie se ha tratado de reducirla al máximo mediante el concepto de "Ecoproducción", evitando productos desechables, apostando por un servicio de comida vegetariano y de origen local, así como por medios colectivos para el traslado del equipo (2). Autenticidad ausente en la creación de otros productos, como la señalada película WALL-E, sobre la cual se ha denunciado la incoherencia de postular un mensaje ecologista acompañado de una campaña publicitaria contaminante, con la producción de muñecos y otros accesorios, que además apela al consumismo que supuestamente se pretende denunciar.


Arriba: Imagen de Ferdinand fait la vélorution (Ferdinand hace la bicivolución). Abajo: fotograma de Tentative 49 (Intento 49) dentro de la temática de "metraje encontrado", evolución del literario "manuscrito encontrado".



El colapso es una de las mejores obras de Ciencia ficción de los últimos años, aunando elementos que la elevan a obra totalmente verosímil y necesaria. Prueba de ello es la atención que se le ha prestado a raíz de la crisis global desatada en 2020 por el virus SARS-Cov-2 o, en España, por el gran apagón del 28 de abril del 2025. Nuestro mundo da muestras de estar amenazado por las causas, así como sufrir las consecuencias, descritas en la serie. Cuestiones socio-políticas clave están en L'Effondrement: la necesidad de transformar un sistema económico que nos puede llevar al desastre, el evitar peligros como el representado por las centrales nucleares en un entorno de condiciones climáticas extremas, o la obligación de gestionar correctamente las instituciones para que sean capaces de defender a los ciudadanos en un marco de inestabilidad. La obra de arte francesa se suma por la puerta grande a una tradición de la Ciencia ficción que, como hemos visto, puede ser rastreada desde hace décadas. ¿Le haremos caso? La decisión es nuestra, pero lo que demuestra nuestro querido género desde hace mucho tiempo, es que, si finalmente llega el colapso, sí se podía saber. 




Arriba: Dos de los momentos más impactantes de la serie tienen que ver con la especial atención que merecen colectivos particularmente vulnerables, caso de los ancianos (episodio 6) y con comportamientos económicos irracionales, como el generar energía con tecnología especialmente peligrosa en momentos de crisis, siendo representativa al respecto la nuclear. Abajo: Otras escenas describen incómodas realidades de nuestro sistema (que vivimos en una sociedad de castas, en la que los ricos tienen muchas más ventajas que el resto de seres humanos, episodio 3) o posiciones ridiculizadas desde el estamento político hegemónico (la necesidad de la cooperación y sinceridad entre las personas, episodio 4). 






(1) BENJAMIN (2003), KAFKA (2018).

(2) WESSBECHER (2019).





El artículo y las imágenes propias se adscriben a la licencia Creative Commons 4.0. (Atribución, compartir igual).



¿QUIERE SABER MÁS?



—Serie completa en archive.org:


—Pódcast sobre el concepto de arte para Walter Benjamin:


—BENJAMIN, W. Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit (1936 en su primera publicación original en el periódico Zeitschrift für Sozialforschung) Hay traducciones al castellano: La obra de arte en época de su reproductividad técnica. Versión completa (traducción de Andrés E. Weikert, 2003) en archive.org:

https://archive.org/details/benjamin-walter.-la-obra-de-arte-en-la-epoca-de-su-reproductibilidad-tecnica-ocr-2003


—Las cartas de Kafka pueden consultarse en sus Obras completas, traducidas al castellano en edición de Galaxia Gutemberg (Cartas 1900-1914. Traducción de Adan Kovacsics, 2018). . La cita es de una carta del escritor a su amigo Oskar Pollak, fechada en 1904.


—Pódcast sobre Apocalipsis, de Stephen King:



—Sobre el concepto de "Ecoproducción", como es defendido por el equipo de El colapso: Pour "L'Effondrement", on est allés voir à quoi ressemble un tournage éco-responsable (Por "El colapso" vamos a ver a qué se parece un rodaje "eco-responsable"), artículo de Louise Wessbecher para el "Huffington Post" (11/11/2019). En francés en el original:



—Pódcast sobre el reflejo cultural de la ecología:


—Entrevista al escritor Jesús Cañadas: