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martes, 21 de julio de 2026

"Ultra alto vacío" (Enrique Sahagún, 2026): Contener la historia de la humanidad en un espacio reducido, comprensible y práctico.

Nota: En nuestros artículos renunciamos al uso de Inteligencia Artificial, somos más de estupidez natural. Para el "lirili" y para el "lerele".  

 

  

Enrique Sahagún es doctor en física teórica y director del recomendable pódcast "Mundo Gilipoy", en el que aborda diversos temas relacionados con la ciencia, historia y filosofía que le llaman la atención. Además ha escrito el libro Ultra alto vacío para, en sus propias palabras, "ordenar ideas". En este último aspecto es una rara avis. Habitualmente los escritores escribimos para ganar dinero, ser conocidos y contar historias que pensamos pueden tener interés por el motivo que sea. La proporción entre los tres elementos varía en función del escriba, a veces con resultados explosivos en diversas acepciones. Para el proposito de ordenar ideas los seres humanos solemos pasear o escribimos en un cuaderno. Creamos un blog si me apuran pero no un libro, tarea mucho más tediosa y frustrante de lo que se cree habitualmente. Por eso se espera a poseer con ella fama y riquezas. Y porque vivimos en un mundo en el que la aspiración a ser reconocidos y con mucho dinero se nos vende como el summun de lo deseable. A Sahagún estas cuestiones le dan igual, o no son lo primordial. Él quiere "ordenar ideas". Y vaya si lo hace, porque explica muy clarito cómo hemos llegado a la organización social que nos lanza el canto de sirena del deseable parné y admiración. A través de lo que sea, vale un libro o gritarle a otro homínido a través de redes sociales.

  


Estamos ante una obra ambiciosa en lo temático. Esto de por sí no determina la calidad de un texto, que depende de conseguir sus objetivos y hacerlo de manera que no sea un suplicio para el lector. Los hay geniales con un foco muy amplio, como existen grandes libros que hablan de algo muy concreto. En Ultra alto vacío el autor busca explicar (¿explicarse?) algunas de las carencias sociopolíticas más relevantes del mundo actual: polarización, enfrentamientos, ausencia de espíritu crítico en política; y para ello nos cuenta cómo surge la vida en el universo, qué lugar ocupa el homo sapiens en relación con el resto de organismos y los condicionantes que la biología tiene en la cultura humana. Pim, pam, pum. Logra lo que pretende; a un lego en ciencia como yo le queda claro lo que explica, la relación entre causas y consecuencias —clave en un ensayo— es impecable, y se lee en un suspiro por una extensión limitada así como por un estilo directo cargado de humor. 

 

En la exposición de sus argumentos Sahagún aparece como el científico que es. Observa, relaciona, presenta de manera ordenada y concluye racionalmente.  Se suma a la lista de útiles filósofos relacionados o muy interesados por la ciencia, caso de Bertrand Russell o Jesús Mosterín. He aquí algunas de sus ideas principales:

 

Bertrand Russell, otro que lo mismo te ganaba el Nobel de literatura que te planteaba una paradoja matemática.
 

—El ser humano es un animal aparecido en la Tierra por las características del planeta y el universo, no muy diferente del resto de seres vivos, particularmente similar a organismos emparentados con nosotros —como otros mamíferos, especialmente los primates—, sujeto al igual que los demás a la evolución natural y a la transmisión del acervo genético mediante la reproducción.

 

—Las características propias del homo sapiens vienen determinadas, como en el resto de seres vivos, por cómo ha reaccionado frente a los cambios del ecosistema en el que vive. Los homo sapiens somos gregarios, manejamos herramientas (es decir, hemos desarrollado tecnología), poseemos consciencia (es decir, somos capaces de percibirnos individualmente) y transmitimos conocimientos (es decir, hemos desarrollado una cultura) mediante comunicación tanto oral como escrita (es decir, hemos desarrollado un lenguaje vehiculado en distintos idiomas y soportes). 

 

—Debido a los rasgos humanos presentamos dos estrategias de supervivencia principales y opuestas: empatía con respecto a los individuos que consideramos de nuestro grupo social y competencia, cuando no abierta hostilidad, hacia quien consideramos ajeno a la tribu propia.

 

—Las fuerzas que rigen las diferentes sociedades de las personas (cooperación y lucha) han estado presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad, permeando en las diferentes ideologías y creencias humanas, incluyendo la religión. Esto no es ajeno a nuestra época más contemporánea. Pese a las apelaciones a la razón, ilustración o progreso, los instintos más agresivos han sido potenciados en los últimos siglos por algunas de las doctrinas dominantes, como el nacionalismo; o por la organización de las estructuras políticas, que en la mayoría de países premian al político cínico y preocupado más por su propio bienestar que el del conjunto de personas. Todo ello agravado por la aparición de las redes sociales, que potencian el exhibicionismo aunque no esté sustentado en un conocimiento real.

 

Las tesis sobre la historia (Über den Begriff der Geschichte) de Walter Benjamin son una de las más conocidas críticas a la idea del concepto de progreso, utilizado en numerosas ocasiones para la alienación humana en época contemporánea.
 

El autor no se queda solo con el diagnóstico y descripción de la historia humana en un sentido amplio. En las últimas páginas del libro propone soluciones, apelando a ponernos de acuerdo en unas pocas ideas compartidas por todos, usar un lenguaje que pueda ser comprendido por el conjunto de seres humanos (no en el plano filológico sino conceptual) de la misma forma que en matemáticas todo el mundo está de acuerdo en cómo actúa una formulación matemática (por ejemplo la suma 2 + 2) y en la ejemplaridad del comportamiento, es decir que si un gestor propugna que se debe ser honesto debe actuar honestamente. Aquí Ultra alto vacío apela a la virtud científica de la objetividad aplicada a lo político, con la defensa de que la revolución comienza por uno mismo como describió otro autor imprescindible pero poco escuchado, Baltasar Gracián.

 

Tal vez se pueda echar de menos en el libro algún ejemplo de político virtuoso, que los ha habido, como los defensores y constuctores del derecho internacional, siendo un exponente Woodrow Wilson; o la cita a algún filósofo de la máxima utilidad por su apelación, aunque fuera intuitiva —pero tan valida como la científica por su lógica poética al extender la empatía a todo lo existente—  como el León Tolstói de El camino de la vida, entre otros ejemplos. Sin embargo no es imprescindible para que Ultra alto vacío sea eficaz y necesario en el mensaje que nos traslada. Tampoco es un libro que desarrolle una idea novedosa. Más autores han señalado cuestiones parecidas, desde el mencionado Gracián a Erich Fromm con El miedo a la libertad. Pero tampoco hace falta. Aunque sean reflexiones expuestas en otros lugares, Ultra alto vacío lo hace de una manera modélica: entretenida, divertida y clara. Algo al alcance sólo de los buenos escritores. Además Sahagún nos hace recomendaciones excelentes, desde Don Quijote de la Mancha a la Odisea, pasando por los trabajos de Arsuaga, o sobre el proceso conocido como la "Gran Oxidación" que yo desconocía. Por lo que respecta a lo más puramente formal, el libro tiene alguna errata pero nada serio. Hay que tener en cuenta que el autor ha maquetado el libro, incluyendo diferentes formatos electrónicos, todo sin el apoyo de un editor y un corrector. Los fallos al respecto que hay son disculpables —existen incluso en editoriales importantes, preocupadas en demasiadas ocasiones por aspectos diferentes a la excelencia— y además no estropean el conjunto, que no solo tiene mérito sino también calidad.

 


 

Uno de mis sueños sería ser editor. Si lo fuera publicaría en papel Ultra alto vacío sin dudarlo. Ganaría dinero, estoy seguro, aunque el autor regale el texto como ya lo hace. Pero además contribuiría a mejorar la sociedad, ya que los individuos que la conforman necesitan conocerse mejor a sí mismos si quieren mejorarla y por tanto sus vidas. Porque el texto, pese al subtítulo Una reflexión (paradojicamente larga) sobre la nada, que en realidad alude al humo de la mayoría de discursos actuales, es un libro lleno de la información más útil posible: la que nos permitirá —si escuchamos— pervivir como especie.

 


 

 

¿QUIERE SABER MÁS?

 

 —Ultra alto vacío. Una reflexión (paradojicamente larga) sobre la nada. Completo en diferentes formatos vía archive.org:

https://archive.org/details/ultra-alto-vacio_20260402_1715 

 

—Pódcast "Mundo Gilipoy":  

https://www.ivoox.com/podcast-mundo-gilipoy_sq_f11501113_1.html 

 

—Entrevista al autor en Podcaliptus:

 https://www.ivoox.com/12-x-17-por-seres-humanos-audios-mp3_rf_174720264_1.html 

 

—Una perspectiva filosófica de la unidad de lo existente:

 

https://blogcaliptusbonbon.blogspot.com/2020/05/tu-dignidad-es-la-de-todos-quinta.html  

 

—Las Tesis de Benjamin:

https://archive.org/details/benjamin-walter.-tesis-sobre-la-historia-y-otros-fragmentos-ocr-2008 

 

—Pódcast sobre Baltasar Gracián: 


https://www.ivoox.com/10-x-27-filosofia-politica-baltasar-gracian-audios-mp3_rf_127414422_1.html 

 

—Pódcast sobre Tolstói:

 https://www.ivoox.com/podcaliptus-8-x-02-la-filosofia-tolstoi-audios-mp3_rf_74894528_1.html

  

"Ultra alto vacío" (Enrique Sahagún, 2026): Contener la historia de la humanidad en un espacio reducido, comprensible y práctico © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0

martes, 16 de junio de 2026

Las máximas de Arthur C. Clarke: Un manual para filósofos, científicos y librepensadores

Nota: En nuestros artículos renunciamos al uso de Inteligencia Artificial. Lo siento, HAL. 


Arthur Charles Clarke, calificado como uno de los «tres grandes» del género en su vertiente anglosajona —junto a Asimov y Heinlein—, nos ha legado una serie de reflexiones que siguen siendo maravillosas por su utilidad y lucidez a día de hoy. No es de extrañar debido a su formación y experiencia (fue técnico de radar durante la II Guerra Mundial, amén de graduarse en física y matemáticas) que se añadieron a su interés por la filosofía. Pero no les voy a aburrir con detalles que pueden encontrar en cualquier biografía y paso directamente al «lío». Tampoco voy a ocuparme de presentar excesivamente interpretaciones personales, más allá de una contextualización relacionada con la historia del pensamiento. Al fin y al cabo la mayoría de estas máximas son una invitación a pensar por uno mismo y llegar a conclusiones propias. En numerosas ocasiones aparecen aisladas y con algún error. En este artículo hemos contrastado —y añadido— el original en inglés y la fuente de publicación.


«Las arenas de Marte» (Versión italiana en Wikicommons).

«Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia» («Any sufficiently advanced technology is indistinguishable from magic»).

Fuente: Profiles of the Future (1962) Véase Clarke’s three laws AQUÍ.  

Es una de sus reflexiones más famosas y junto con otras dos: «Cuando un científico distinguido pero de edad avanzada afirma que algo es posible, casi con toda seguridad está en lo cierto. Cuando afirma que algo es imposible, muy probablemente se equivoca» («When a distinguished but elderly scientist states that something is possible, he is almost certainly right. When he states that something is impossible, he is very probably wrong») y «La única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de dichos límites, en lo imposible» («The only way of discovering the limits of the possible is to venture a little way past them into the impossible») constituyen lo que se ha denominado como «tres leyes de Clarke».

Siempre me han parecido una apelación a la necesaria humildad del científico, que debe reconocer como base de la ciencia la asunción de la ignorancia y de aspectos aún inexplicables, alejándose así del «cientifista» que piensa que lo sabe todo, así como de la religión, forma de aproximación a la realidad a través de la necesidad de una voluntad divina. Lo desconocido tiene un halo romántico, de magia, indicándonos que al ignorar aún nos quedan muchos terrenos por explorar.


Imagen marcada como Creative Commons. 

«La tragedia mayor en toda la historia de la humanidad posiblemente sea que la idea de moral ha sido secuestrada por la religión» («The greatest tragedy in mankind’s entire history may be the hijacking of morality by religion». Credo, 1991). 

Fuente AQUÍ. 

Viejo debate filosófico. ¿Puede haber moral sin religión? Para Clarke y otros autores imprescindibles como Bertrand Russell, indudablemente, considerando que la sociedad ganaría si ambas se separaran. Estar preocupado por la religión y entender la posible necesidad de una perspectiva espiritual a la hora de comprender el mundo no necesita para estos pensadores de una organización religiosa. De hecho Clarke estipuló que en su funeral no se celebrara ningún ritual adscrito a una religión.

«Hay un esperanzador simbolismo en el hecho de que las banderas no ondearán en el vacío. Nuestros conflictos tribales presentes no pueden ser mantenidos en el entorno hostil del espacio». («There is a hopeful symbolism in the fact that flags will not wave in a vacuum; our present tribal conflicts cannot be sustained in the hostile environment of space»).

Fuente: TIME Magazine.  


Cita con Rama. Imagen marcada como Creative Commons. 

Investigadores del prestigio de Eric Hobsbawn han analizado los componentes sicológicos y sociales que relacionan los nacionalismos con la religión. Clarke parece ir en esa línea y, a diferencia de otros escritores con los que acertadamente se le relacionan, como Stanislaw Lem, Clarke era un gran defensor de la exploración espacial. En el enlace que acompaña a la frase en original se narra la transformación que en la cultura popular ha llevado a acabar cambiando «no ondearán» por «no ondean».

«La mejor prueba de que hay vida inteligente en el espacio está en el hecho de que no ha venido aquí» («The best proof that there’s intelligent life in outer space is the fact that it hasn’t come here»).

Acreditada por el biógrafo de Clarke, Neil Mc Alleer. Véase AQUÍ. 

El ser humano en un universo que gira a su alrededor y hecho a imagen de Dios es una idea eminentemente religiosa contra la que Clarke se rebelaba. La humildad parece necesaria para comprender (y poder sobrevivir) en un entorno con el que se necesita un equilibrio para poder subsistir (y tal vez para que otras inteligencias más avanzadas quieran saber algo de nosotros). Incluso llegó a señalar que, de «haber dioses cuya principal preocupación fuera el ser humano, no debían ser dioses muy importantes» (if there are any gods whose chief concern is man, they cannot be very important gods, Space and the Spirit of Man, 1965). Una versión de la cita es utilizada por otra gran obra filosófica, el «Calvin y Hobbes» de Watterson en una de sus viñetas.


Imagen marcada Creative Commons. 

«El profesor J. B. S. Haldane afirmó sagazmente en una ocasión, "el universo no es solo más extraño de lo que imaginamos. Es más extraño de lo que podamos imaginar"» («Professor J. B. S. Haldane once shrewdly remarked: “The Universe is not only queerer than we imagine—it is queerer than we can imagine”»).


Esta reflexión la hizo suya y popularizó en gran medida Clarke, citando a un autor previo (muy bien, Arthur). Aunque originalmente no fuera de él, el hecho de elegirla y de que contribuyera a difundirla habla en gran medida del espíritu de este autor. Estamos presos en un cuerpo físico cuyos órganos sensoriales han derivado hacia nuestra forma de pensar y hacia un lenguaje particular, en una trinidad (sentidos, pensamiento, lenguaje) que se retroalimenta y que está limitada por sus propias características. No es de extrañar que haya sido un ámbito de interés para filósofos como Wittgenstein. Estamos más preocupados por las respuestas —por darnos certezas tranquilizadoras— que por las preguntas, primer paso del conocimiento. Pero hay interrogantes que ni nos asomamos a imaginar, por lo que cambiar el enfoque o abrirse a nuevas perspectivas puede ser imprescindible si queremos encontrar la comprensión del universo. Para el señalado Lem en Solaris, Fiasco, Edén o El invencible; o para los hermanos Strugatski en Pícnic extraterrestre esto era poco menos que imposible: nunca podremos liberarnos de nuestras atávicas y limitadas estructuras de pensamiento. Clarke parecía más optimista. Tal vez simplemente tengamos que elegir.


Clarke en 1982. Dominio Público en Wikicommons.

Este artículo tiene licencia Creative Commons (4.0. Atribución-Compartir igual).





¿QUIERE UD. SABER MÁS?

—Pódcast de "Podcaliptus Bonbon" sobre la novela 2001. Una odisea espacial de Clarke y su relación con la película homónima de Kubrick:


—Pódcast de "Torpedo Rojo" sobre Cita con rama:


—Pódcast de "Podcaliptus Bonbon" sobre Cita con rama:


—Pódcast de "Podcaliptus Bonbon" sobre Bertrand Russell:


—Pódcast doble de "Podcaliptus Bonbon" sobre Isaac Asimov:



—En la web del Instituto de Educación Espacial Arthur C. Clarke se pueden encontrar citas acreditadas del autor británico:


—Por supuesto una aproximación a la bibliografía de Clarke es imprescindible para cualquier amante de la Ciencia ficción. El centinela (1951) anticipa no solo 2001 si no también la mitología popular de los astronautas ancestrales. Cita con Rama también aborda los problemas de comunicación con otras civilizaciones y en El fin de la infancia las preocupaciones existenciales del autor están muy presentes. Un heredero, más hacia la vertiente política de la Ciencia ficción hard, podría ser Kim Stanley Robinson. Por supuesto las obras señaladas de Lem y los Strugatski son también muy interesantes. Los compañeros de Torpedo Rojo recomendaron a su vez la serie (y libros) "The Expanse".

—Artículo con la entrañable relación, con sus pullas y anécdotas, que mantuvieron Clarke y Asimov (en inglés):


—En la web "xatacaciencia" se ocuparon de las «Tres leyes de Clarke»:



Las máximas de Arthur C. Clarke: Un manual para filósofos, científicos y librepensadores © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0

lunes, 16 de febrero de 2026

ESTIGMAS POSMODERNOS Y PENÚLTIMAS VERDADES (Filosofía política en la obra de Philip K. Dick)

Lo parecía, pero algo no funcionaba bien. Era un presentimiento. En lo más profundo de su ser, Hamilton notaba la presencia de la enojosa sensación de que algo fundamental se había torcido.

P. K. Dick. Ojo en el cielo (1985), p.25


Un análisis exhaustivo de la obra del brillante escritor Philip k. Dick (1928-1982) es cuanto menos complejo. Realidades superpuestas en un juego especular inundan las páginas de sus libros, donde encontrar el asidero de lo real, el botón antipánico de lo cotidiano, se convierte en una ardua tarea tanto para sus protagonistas como para los lectores. Mi objetivo en este artículo es más humilde: enmarcar gran parte de su producción literaria en un contexto filosófico determinado, el del posmodernismo, y defender brevemente la utilidad de la lectura de sus textos en el marco político actual. Probablemente Dick no estaría de acuerdo con mis conclusiones, o sí, o durante un rato, o asentiría complacido en una dimensión paralela a la nuestra, o imprecaría horrorizado en algún mundo transversal. Tal vez todo ello a la vez. 

Cuando se habla de Dick es mejor estar despejado. Una tacita de café "Ubik" permite rendir durante tres días seguidos sin limitaciones inútiles como el sueño. El fabricante no se hace responsable de los posibles efectos adversos observados en algunos consumidores (irritabilidad, paranoia y en casos muy excepcionales, muerte).

La vida del autor en gran medida transcurrió en época de la guerra Fría, momento propicio para la paranoia política y los impulsos totalitarios por parte de los dos bloques en liza. Contexto que influyó en la obra de Dick, quien percibió los peligros derivados de unos gobiernos enfrentados por la hegemonía mundial y que buscaban limitar la disensión interna, aún a costa de coartar los derechos de sus ciudadanos. Dick, quien desde 1938 vivió largo tiempo en Berkeley, foco cultural y de debate político en los Estados Unidos, desconfió desde un principio de las dos ideologías contendientes y llegó a la idea de que tanto el capitalismo como el comunismo tenían impulsos eminentemente opresores, como  para él demostraban sus efectos sociales durante la época que nos ocupa. No detallaré aquí la perspectiva más puramente política de la guerra Fría por no ser el objetivo del artículo, bastando decir que fue una etapa de desconfianza tal que dio protagonismo a personajes como McCarthy, quien “sospechaba que todos los ciudadanos (…) eran comunistas camuflados” (Carrère. 2007, pp. 32-33) Personajes así indudablemente influyeron en los textos de Dick, en los que el tema de la persecución inmisericorde al disidente o sencillamente al diferente por un poder omnímodo es un tema recurrente. Un ejemplo claro puede ser —entre otros— la novela Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, que llegó a considerar su propio Archipiélago gulag (Ibid. p.194). En la trama los estudiantes deben vivir recluidos en campus convertidos poco más o menos que campos de concentración, donde los controles aleatorios y constantes de la policía suelen acabar con encarcelamientos masivos de simples civiles.

Empieza el concurso de portadas locas. Los germanoparlantes descalificados en primera ronda.

Esta época tras la Segunda Guerra Mundial no sólo estuvo cerca un par de veces de convertir el planeta en un solar radiactivo, sino que vivió la eclosión definitiva de la corriente filosófica conocida como Posmodernismo y en la que me atrevo a enmarcar gran parte de la obra de nuestro querido autor. Esta formulación de pensamiento, con precedentes en estudios de lingüística como los de Ferdinand de Saussure (1857-1913), denuncia la falacia de las "metanarrativas", es decir, “las verdades supuestamente universales, absolutas o últimas utilizadas para legitimar diversos proyectos políticos o científicos” (R. Appignanesi y Chris Garratt, 2002, p. 103). Todas las ideologías afirman partir de una supuesta verdad inmutable, externa a nosotros como observadores, pero el posmodernismo —desde su vertiente política— denuncia que no dejan de ser construcciones artificiales basadas en la idea de "razón". Jacques Derrida, por ejemplo, la llega a calificar de “tirano que sólo puede sostenerse mediante la malicia de reprimir o excluir lo (…) diferente” (Ibid, p. 79). Según este planteamiento, cuando cualquier ideología alcanza el poder, emprende la tarea —mediante elementos puramente propagandísticos— de crear una realidad que presenta como verdadera y que sirve para legitimarse. Es un tema abordado por Foucault, quien afirmó que “no existe la historia, sino series múltiples, superpuestas e interactivas de historias de lo legítimo vs lo excluido” (Ibid, p. 83). Así las cosas, el tomar como idealmente verdadero algo que no deja de ser propaganda de cada una de las ideologías representadas en los diferentes "-ismos" (capitalismo, comunismo, nacionalismo, etc.) pone una convención por encima del individuo y tiene como consecuencia —defiende el posmodernismo— los grandes desastres sufridos en el siglo XX y XXI, en definitiva derivados de la metanarrativa: los campos de concentración nazis, los gulags soviéticos, las guerras neo-imperialistas estadounidenses, etc. En las obras de Dick se nos invita constantemente a dudar de lo que se nos presenta como real por parte del orden establecido, lo que entronca claramente con el deconstruccionismo posmoderno. Sus protagonistas —por motivos diferentes— suelen llegar a la conclusión de que el mundo que les rodea es ficticio, lo que invita a estar alerta acerca de la naturaleza artificial de nuestra propia cotidianeidad. A Joe Chip se le deshacen los cigarros en Ubik, Barney Mayerson ve como gente normal se transforma en otra persona en Los tres estigmas de Palmer Eldricht, o Hamilton no puede desembarazarse de la molesta sensación de que algo no encaja en Ojo en el cielo, tramas con las que Dick  señala que hay elementos inconsistentes con la realidad normativa y que demostrarán que la existencia no es como se nos dice que es. Planteamiento que hace que sea un gran complemento de Jung (o viceversa) cuando éste habla no del más famoso inconsciente colectivo,  sino del consciente colectivo. Es decir, de las convenciones mentales de la sociedad que marcan lo ideológicamente correcto y que, pese a que consideramos como ideas propias, en definitiva son impuestas (Jung, 2000, p.61).

Si crees que llevas un día raro, piensa en los protagonistas de estas historias.

Por lo tanto, cuando en los libros de Dick se nos llama a poner en duda constantemente la realidad, se nos está transmitiendo un mensaje revolucionario y de importante carga política, en tanto en cuanto nos incita a no permitir que se piense por nosotros. En palabras de Hannah Arendt, la ideología busca que “la pluralidad se funda en un hombre de dimensiones gigantescas” (Arendt, 1982, p. 601). Si no nos interrogamos acerca de lo que es real, aceptamos la realidad dada por poderes en definitiva fácticos. Dicho de otro modo, “el pensamiento ideológico (…) insiste en una realidad más verdadera (…) usando para ello la propaganda, que también sirve para emancipar el pensamiento de la experiencia y de la realidad. [De este modo] cuando los movimientos han llegado al poder, proceden a modificar la realidad conforme a sus afirmaciones ideológicas” (Ibid, p, 607). Este proceso de propaganda política puede contemplarse en varios de los textos de Dick, pero por señalar uno que todavía no he mencionado, me referiré a La penúltima verdad, en la que es bastante significativo el hecho de que los lideres de los Estados Unidos y de la Unión Soviética no existen, sino que se trata de marionetas que repiten unos discursos redactados por la élite económica del mundo. Se invita así al lector a preguntarse, cuando muchos de nuestros políticos “reales” hablan, ¿quien pone las palabras en su boca?

Una gran manera de aprender sobre política (y de tener sueños raros)

Llegados a este punto, y teniendo claro que Dick sigue la línea posmodernista de desenmascarar la realidad aparente y oficial, podemos dar el siguiente paso. Por norma general, la metanarrativa ideológica perfila un adversario, constituyéndose parte de su identidad en su oposición a él. Fácilmente se le identificará como el enemigo, el loco o el inferior por no aceptar la verdad “inmutable” defendida por la ideología (Appignanesi y Garratt, op. cit. pp. 78-83). Hablamos del extranjero en el caso nacionalista, del burgués en el caso comunista, del antisistema para el capitalismo o del hereje si nos referimos a las diferentes religiones existentes. Constantemente en la obra de Dick, el protagonista tiende a desempeñar este papel de excluido y perseguido, y en una de las obras en que se ve claramente la conformación del otro a perseguir es en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? El libro tiene en mi opinión un final un tanto fallido, y el espíritu al que me refiero tal vez este mejor desarrollado en la magnífica adaptación cinematográfica Blade Runner, pero no deja de ser una obra altamente recomendable para percibir la incómoda sospecha de que el enemigo señalado por el sistema tal vez no sea tan fácilmente identificable como nos quieren hacer creer desde los medios de comunicación y de poder. De hecho puede que sea mucho más parecido —o incluso igual— a nosotros. En los mejores pasajes del libro, Rick Deckard sabe que no puede seguir persiguiendo androides, pues al pensar que —como él— tal vez sientan o sufran, es consciente de que está asesinando a otros individuos y no “retirándolos”, eufemística expresión utilizada por el sistema para referirse a la aniquilación de los sintéticos. ¿Y acaso no usa eufemismos la estructura de poder actual cuando se refiere a la destrucción de enemigos reales o imaginados? Gran parte de la prensa en todo el mundo está llena de “daños colaterales” y de “acciones preventivas” que recuerdan inevitablemente a la “retirada” de replicantes. Un ejemplo claro puede encontrarse en el programa de drones. De hecho, varios pilotos de estos aparatos, como los soldados estadounidenses Brandon Bryant o Heather Linebaugh, de la misma forma que Rick Deckard, tomaron la decisión de abandonar su trabajo cuando el nivel de empatía con el supuesto enemigo les hizo derrumbarse emocionalmente (Power, 2013), algo que parece bastante extendido en este programa militar en el que, además las bajas civiles son  elevadas e incluso se ha denunciado que buscadas para el entrenamiento o infundir terror entre la población, como en el caso de la invasión del gobierno ruso a Ucrania (Human Rights Watch, 2025) o del ejercito israelí justificando la muerte de inocentes por la necesidad de atacar a "terroristas" (Yan, 2025). Pero la búsqueda del enemigo y disidente toma además otras formas que ya fueron advertidas por Dick. En Nuestros amigos de Frolik 8 se nos habla del “Experimento del Gran Oído”, con el que el gobierno pretende la escucha telepática de sus ciudadanos. Sobran comentarios acerca del paralelismo con las denuncias de escuchas ilegales realizadas por el ex-analista, subcontratado por la NSA, Edward Snowden o con intentos constantes de gobiernos como el ruso —entre otros— para monitorizar comunicaciones privadas. Por citar un último ejemplo, otra ideología que se construye en gran parte como oposición al diferente-extranjero es, como ya señalaba, la nacionalista, y esta recibe una mordaz crítica en el relato de Dick Veterano de guerra.



En conclusión podemos afirmar que la carga política en la obra de Philip K. Dick es más que evidente y que se enmarca en la corriente de pensamiento posmoderna. Ésta denuncia la construcción de una realidad ficticia por parte de la metanarrativa dominante en cada momento histórico, la cual sirve para legitimarse a la élite gobernante y para la destrucción de todo pensamiento disidente al ser identificado como propio de un enemigo irracional. Con esto, no pretendo decir que este tipo de filosofía fuera la única influencia de Dick, ya que el esoterismo y el gnosticismo —que identifica el mundo con el infierno o con una carcel— son ideas que también dejaron una huella importante en sus libros (Carrère, op. cit. p. 150). Todo ello sin obviar experiencias personales como la muerte de su hermana y la importancia cultural de obras clave previas a su producción escrita y seguramente conocidas por él por estar en la órbita cultural anglosajona, como Un incidente en el puente del Río Búho (Bierce, 1890), que proponen el desmontaje de la realidad transmitida por los sentidos. Tampoco pretendo una defensa a ultranza de la doctrina posmoderna, que tiene algunos peligros evidentes, denunciados por autores como Terry Eagleton, y que se plasman en una excesiva deconstrucción del pensamiento ideológico que —a su vez— puede desembocar en un relativismo excesivo y en una equiparación demasiado radical de todas las ideologías. Incluso está demostrado desde hace tiempo la existencia de un posmodernismo populista que, aprovechado por líderes con tendencias totalitarias como Donald Trump o su ideólogo Roy Cohn —por cierto importante colaborador de McCarthy—, se convierte en una herramienta para justificar medidas antidemocráticas (Abbasi, 2024; Tyrnauer, 2019; Meeropol, 2019; Deckard, 2025). Pero no es el debate que me ocupa en este artículo. Lo que he pretendido demostrar es que gracias a las obras de Dick y sus influencias doctrinales, derivadas del posmodernismo, podemos estar alerta ante peligros evidentes de la sociedad actual. Estos pueden ser el control político de los medios de comunicación, el fomento del pensamiento único o la represión, más o menos violenta, de la disidencia. Debido a que los peligros son reales, la denuncia de Dick de la realidad “oficial” es útil. Además divertida, porque nuestro autor suele aderezar sus obras con una acción ágil y un humor elaborado, sobre todo en los diálogos (mención especial en este caso a Ubik y Ojo en el cielo, dos de mis obras favoritas de Dick). En fin, mirad a vuestro alrededor, seguro que encontráis algo que no encaja. Como sea una moneda con la cara de vuestro jefe, malo…


El posmodernismo, al ser en una de sus facetas herramienta política, puede ser utilizado para protegerse de los abusos del poder y para que este justifique medidas antidemocráticas. Conocerlo desde una perspectiva política se hace pues imprescindible.



Los artistas como Dick alertan de verdades incómodas. Uno de los mecanismos de defensa del sistema es convertir el arte en mercadotecnia.



OBRAS CITADAS DEL AUTOR:

—Blade Runner. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; traducción de César Terrón. Barcelona: Edhasa, 1992. Colección: Pocket Edhasa; nº 95. T.O.: Do androids Dreams of Electric Sheep? (1980).

—Fluyan mis lágrimas, dijo el policia; traducción de Domingo Santos. Barcelona: Acervo, 1976. Colección: Ciencia Ficción; nº 11. T.O. Flow My Tears, The Policeman Said (1974).

—La penúltima verdad; traducción de Antonio Ribera. Barcelona: Martínez Roca, 1976. Colección: Super Ficción; nº2. T.O.: The Penultimate Truth (1964).

—Los tres estigmas de Palmer Eldritch; traducción de Marcelo Tombetta, Barcelona: Minotauro. T.O.: The Three Stigmata of Palmer Eldritch (1964).

—Nuestros amigos de Frolik 8; traducción de Miguel Giménez Sales. Barcelona: Martínez Roca, 1987. Colección Super Ficción Segunda Época; nº 103. T.O. Our Friends From Frolik 8 (1970).

—Ojo en el cielo. Traducción de M. Blanco. Madrid: Orbis, 1985. Colección: Biblioteca de Ciencia Ficción; nº 22. T.O. Eye in the sky (1960).

—Ubik. Traducción de Manuel Espín con actualización de David Alabort. Madrid: La Factoría de Ideas, 2000. Colección: Solaris Ficción; nº 3. T.O. Ubik (1969).

—”Veterano de guerra”; traducción de Norma B. de López. Inc. En La máquina preservadora. Barcelona: Edhasa, 1977. Colleción: Nebulae, nº 23. T.O.: War Veteran (1955).


BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:

—APPIGNANESI, R y GARRATT, C. Posmodernismo para principiantes. Buenos Aires: Era Naciente, 2002.

—ARENDT, H. Los orígenes del totalitarismo. Vol. 3. Totalitarismo. Madrid: Alianza, 1982.

—CARRÈRE, E. Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos. Philip K. Dick 1928-1982. Barcelona: Minotauro, 2007.

—DECKARD, V. Biografías para entender la sociedad: Trump y The Apprentice (Abbasi, 2024) en Blogcaliptus (26 de octubre de 2025). Disponible en línea:


—EAGLETON, T. Las ilusiones del posmodernismo. Buenos Aires: Paidós, 1998.

—"Hunted From Above. Russia's Use of Drones to Attack Civilians in Kherson. Ukraine" (Informe de Human Rights Watch, 3 de junio de 2023). Disponible en línea:


—JUNG, C. G. Archetyp und Unbewußtes. Zürich/Düsseldorf: Walter Verlag, 2000.

—QUEYSSI, L. y MARCHESI, M. Phil. Una biografía de Philip K. Dick. Barcelona: Norma, 2019.

—POWER, M. Confessions of an American Drone Warrior. En "GQ Magazine", 22 de octubre de 2013). Disponible en línea:


—YAN, S. Israel admits killing civilians in drone strike on Lebanon en "The Telegraph" (22 de septiembre de 2025). Disponible en línea:



FILMOGRAFÍA CONSULTADA:

—TYRNAUER, M. Where's my Roy Cohn (2019).

—MEEROPOL, I. Bully, Coward, Victim: The Story  of Roy Cohn. (2019).

—ABBASI, A. El aprendiz (The Apprentice, 2024). 

   
ENLACES DE INTERÉS:

—Pódcast sobre la huella de Philip K. Dick en España:


—Pódcast sobre Valis:


—Pódcast sobre La transmigración de Timothy Archer:


—Traducción y análisis de la conferencia que Philip K. Dick dio en Metz, Francia (1977):



—Análisis y traducción Creative Commons del relato Un incidente en el puente del Río Búho (Bierce, 1890. Trad. Deckard, 2026):



—Trilogía de pódcast sobre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y Blade Runner:





Este artículo se acoge a licencia Creative Commons (Atribución-Compartir igual)

ESTIGMAS POSMODERNOS Y PENÚLTIMAS VERDADES (Filosofía política en la obra de Philip K. Dick) © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0




sábado, 8 de agosto de 2020

No eres tu identidad (octava reflexión viral de una aspirante a filósofa)


Hasta ahora, estas reflexiones han tratado de desmontar distintas falacias que dominan la visión del mundo que encorseta nuestra sociedad: la ansiedad por un continuo hacer frente al ser, el desprecio del presente a la espera de un hipotético momento futuro más propicio o en la rumia de un pasado mejor irremediablemente perdido, la negación de la incertidumbre como rasgo esencial e inevitable de la vida misma, el condicionamiento del derecho a la alegría, la creencia en la desconexión e independencia del individuo con respecto al entorno y a los demás, y la distinción entre un odio justificado e incluso necesario (el propio) y otro censurable (el ajeno). 


Hoy le llega el turno a uno de los grandes ídolos de nuestro tiempo, que vertebra discursos políticos, programas académicos y relatos autobiográficos: la identidad. Individual y colectivamente, nos aferramos a este concepto creyendo que se trata de nuestra esencia, una esencia a la que defender a toda costa con uñas y dientes, cuando no es más que una construcción mental, un castillo en el aire. 


La Real Academia Española ofrece, en la línea de sentido que aquí nos interesa, dos definiciones de identidad: «Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás» y «Conciencia que una persona o colectividad tiene de ser ella misma y distinta a las demás». Se aprecia que una de las acepciones apunta a la supuesta realidad y otra a la «conciencia», al concepto mental que tiene de sí mismo un individuo o un grupo. Pero, ¿existe realmente esa diferencia? ¿Existirían esos rasgos diferenciales sin una conciencia pensante que simplificase el mundo y a sí misma en un intento de aprehenderlos y comprenderlos mejor? 


Por otro lado, la identidad sirve tanto para catalogar lo ajeno como para autodefinirse. Y en ambos casos se está operando una simplificación. Inevitablemente, al unificar lo diverso, acaban en el mismo saco personas muy divergentes, y ocurre lo mismo en el plano individual: la construcción de una identidad niega los matices al individuo, su riqueza, su capacidad y derecho de evolucionar, de no actuar siempre de manera homogénea y previsible. Por tanto, se está aplicando a grupos e individuos un patrón determinista, limitante y falaz. 


Y, como sugiere el diccionario, la identidad se basa siempre en la diferencia frente a «los demás». Sea de la naturaleza que sea, viene dada por oposición con respecto a quienes no la comparten y es, por tanto, una fuente potencial —y, en demasiadas ocasiones, real— de separación y confrontación. No es extraño, entonces, que el tema de la identidad acabe con frecuencia desembocando en conflicto. En este sentido, es paradigmático el caso de la identidad nacional. Sorprende que un constructo mental anacrónico, tan alejado del espíritu de época del siglo XXI, siga provocando una enorme crispación. Sorprende que todavía hoy, en la era de la globalización,  tanta gente decida someterse a una identidad colectiva tan azarosa como imaginaria. 


No cabe duda de que, pese a la obvia diversidad humana, determinadas identidades han sido erigidas históricamente por el discurso dominante en las únicas tolerables, las únicas dignas o, incluso, las únicas posibles. De ahí la necesidad del proceso de reivindicación de ciertas identidades consideradas minoritarias o periféricas, aunque algunas lo sean tan poco como el género femenino o la raza negra. Estos procesos han evidenciado que siempre cabe otra minoría dentro de una supuesta minoría, otra variante socialmente ignorada o silenciada en relación al grupo que se aspira a defender y reivindicar. Es conocido cómo las siglas del movimiento gay o LGTB fueron ampliándose hasta tener que decidir ponerles punto final, añadiendo en una de sus variantes un signo de adición representativo de la no exclusión de ninguna identidad sexual o de género (LGTBIQ+). No hay letras en el alfabeto para todas las posibilidades, para todos los individuos. Porque, a la postre, descubrimos que hay tantas identidades como personas. No en vano, nuestro documento de identidad es tan intransferible como nuestra huella dactilar.

 

© Angélica Dass (www.angelicadass.com)

 

Ocurre algo parecido en al ámbito del color de la piel. Así lo muestra, de una forma tan bella como reveladora, el proyecto Humanae, de la artista Angélica Dass, que ha fotografiado a cientos de personas y ha coloreado el fondo de cada una de las fotografías con la tonalidad correspondiente a la piel de cada retratado, tomada del sistema de definición cromática Pantone. Es llamativa la enorme variedad de colores resultante, muy superior a la de la descripción racial estandarizada, quedando así cuestionada de manera gráfica la propia noción de raza aplicada a grupos humanos. Según las propias palabras de la creadora, el proyecto ha sido útil para muchas personas, pues representa «una especie de espejo para aquellos que no se ven reflejados en ninguna etiqueta».¹  


Da la impresión de que la multiplicación de etiquetas es el paso previo a la asunción de su vanidad. Estamos dando el primer paso hacia el reconocimiento de que, sencillamente, no las necesitamos. Durante un cierto tiempo han servido para romper con una visión del mundo falsamente unitaria y para representar a grupos previamente ignorados o sometidos, pero, finalmente, queda de manifiesto que la subdivisión última es el individuo. El día que nos miremos de persona a persona y logremos trascender esas clasificaciones mentales con las que aprehendemos el mundo, nos habremos acercado un poco más a una convivencia en paz.


La necesidad de colocar al otro dentro de nuestros esquemas preconcebidos es una de las causas del uso de etiquetas. La otra es la búsqueda de una respuesta a la eterna pregunta «¿Quién soy?». Al llegar ante el oráculo de Delfos, se leía la inscripción: «Conócete a ti mismo». Este consejo puede ser malinterpretado como una invitación a definirnos conceptualmente, a buscar racionalmente las palabras que nos definen. Pero parecería que significa todo lo contrario: despréndete de la carga de esas definiciones que te limitan y descubre qué queda bajo el peso de lo que otros y, en última instancia, tú mismo habéis decidido que eres. Libera tu identidad de la carga conceptual. Renuncia a definirte y descubre así lo que eres de verdad, permítete acceder a tu auténtico valor incondicionado.


Ante la pregunta «¿Quién soy?» sentimos un pánico visceral al vacío, a no ser nada. Y llenamos ese vacío con el uso de etiquetas. Creemos que nos ayudan y, en cierto sentido social y temporal, puede que así sea. Pero la liberación última consiste en abandonarlas para continuar con el paso mucho más ligero y el camino abierto en lugar de predeterminado, haciendo camino al andar. Y es que la supuesta identidad es, en realidad, algo cambiante. No solo hay tantas identidades como personas, sino tantas posibilidades en el interior de una misma persona como instantes tiene su vida. En su ya clásico Gender Trouble, centrado en la cuestión del género, la teórica Judith Butler partía del cuestionamiento del concepto de identidad: la coherencia y la continuidad de la persona no supondrían la exteriorización de una esencia interna, sino que serían el resultado de normas de inteligibilidad instituidas y mantenidas socialmente.² En lugar de encorsetarnos con categorías que nos estancan y amordazan, reconozcamos nuestro derecho a reinventarnos cada momento. ¿Qué otra cosa es nuestra libertad? 


Ansiamos definirnos por una especie de temor inconsciente a desaparecer, a volatilizarnos si no lo hacemos, por la necesidad de materializar una existencia que se antoja etérea y huidiza, disuelta en el tiempo y similar a tantas otras que son, han sido y serán. Por eso la identidad mueve tantas pasiones: nos parece un asunto de vida o muerte. Liberarnos de las etiquetas nos aterra tanto como dar un salto al vacío: si no nos adscribimos a ninguna categoría, ¿qué es lo que somos? ¿Nada? Es el miedo a no ser el que nos empuja a identificarnos irracionalmente con una nacionalidad, con un equipo de fútbol, con una ideología, con una profesión, con un estatus social... Pero ya somos. No necesitamos completar la frase con una etiqueta. Simplemente somos. Qué liberación no tener que determinar y fosilizar qué es eso que somos. Qué liberación, sencillamente, ser y dejar ser, vivir y dejar vivir.

 

Fotografía tomada de needpix.com

 

Aunque dé vértigo, si tenemos el valor de renunciar a las etiquetas y a las identidades, estaremos desprendiéndonos de un lastre pesado como siglos y recuperaremos el buen sentido del término humanidad. Nuestra definición pasa necesariamente por la oposición al otro diferente, y ello tanto si nuestra identidad nos hace sentir superiores como inferiores al resto. Pero ¿y si nuestra auténtica identidad fuese lo que nos une y no lo que nos separa? Desnudémonos de etiquetas y descubriremos que nuestro valor no estaba en ellas, sino que se escondía detrás de ellas. Seremos algo mucho más real que una imagen mental. Y, sobre todo, quedará al descubierto, en su desnudez más vulnerable y a la vez más poderosa, nuestra humanidad. La evidencia de que, en realidad, y no solo como un bello constructo teórico, todos somos iguales y a la vez cada uno es diferente a los demás. Y ¿cómo voy a agredir a quien es un igual sin dejar de ser alguien único en su individualidad? 


Por lo tanto, recuerda: no eres tu identidad. No eres tu género. No eres tu edad. No eres tu estado civil. No eres el color de tu piel. No eres tu orientación sexual. No eres tu origen familiar. No eres el lugar donde has nacido. No eres tu país. No eres una bandera ni una ideología. No eres un partido político. No eres uno de los bandos de un partido político. No eres tu equipo de fútbol. No eres tu profesión. No eres lo que te dijeron que eras o debías ser. No eres tu coeficiente intelectual ni el índice de tu masa corporal.  No eres tu patrimonio. No eres tu posición de víctima o de verdugo. No eres tus opiniones ni tus creencias. No eres tus emociones. No eres tus logros ni tus fracasos. No eres tu pasado ni tu futuro. 


No eres tu identidad. Eres algo mucho mayor y más valioso, que trasciende todos esos conceptos mentales, que te une a todo lo que te rodea, que no necesita de la diferencia, la confrontación ni el conflicto para existir y que, ya sin patrones preestablecidos a los que agarrarse, no tiene más remedio ni menor privilegio que ejercer creativamente su libertad reinventándose a cada instante.

 

Aspirante a filósofa
(@Filoaspirante)


¹ Más información en la página web www.angelicadass.com. Son altamente recomendables las charlas TED en las que Angélica Dass explica el proyecto artístico (The beauty of human skin in every color), así como sus potentes aplicaciones en el ámbito educativo (What kids should know about race).

² Judith Butler, El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad, México, Paidós y Universidad Nacional Autónoma de México, 2001.