domingo, 31 de mayo de 2020

Los antropoides artificiales en la Ciencia ficción [Robots y cíborgs. Líneas narrativas y obras imprescindibles]

Nota: En nuestros artículos renunciamos al uso de la Inteligencia Artificial. Sabemos que Skynet se despierta cabreada de la siesta.  
 
Hemos hablado en otras ocasiones sobre una de las sagas más conocidas del gran escritor de Ciencia ficción Isaac Asimov, la de los robots. Con idea de ampliar el espectro de tan fascinante tema, en este artículo voy a incidir en como el de los humanoides artificiales es un subgénero de gran interés en diversos planos, desde el artístico hasta el filosófico, aprovechando para recomendar unas cuantas obras, algunas de ellas no muy conocidas. 

En Ghost in the Shell se bebe San Miguel (es una marca muy presente en Asia, pues la fábrica la fundó un español en Manila). Yo me voy decantando más por las bebidas sin alcohol, que mis engranajes rechinan.

 

La criatura sintética como reflejo de la humanidad, independientemente de si tiene componentes biológicos (cíborg) o estrictamente mecánicos (robot)  ha acompañado al ser humano desde hace largo tiempo. Desde luego desde antes del surgimiento oficial de la Ciencia ficción en 1818, con el imprescindible Frankenstein de Mary Shelley, o con la acuñación del término "robot" en la no menos recomendable obra teatral R.U.R. escrita por el checo Karel Čapek en 1920 y donde curiosamente los autómatas son en realidad cíborgs. La antiquísima historia del gólem, por ejemplo, encuentra nexos de unión con la Ciencia ficción contemporánea abordando los peligros de imbuir a un ente artificial de un espíritu sea lo que sea eso, y si esa posibilidad no refleja ya de por sí nuestra propia condición material y carente de divinidad. No es casualidad en este sentido que dos de las más consistentes obras de animación en la Ciencia ficción moderna tengan referencias, incluso explicitas en el caso de la segunda, al gólem. Me estoy refieriendo a las geniales Ghost in the Shell (1995) y su secuela Ghost in the Shell 2: Innocence (2004), ambas por Mamoru Oshii. Preguntas como qué nos hace humanos y si es algo tan especial o positivo, son cuestiones que imbuyen estas poéticas obras de arte. El resto de la franquicia es mucho menos rompedor, desde los irregulares mangas (1989-1997) de Masamune Shirow, la serie (2002-2006) con altibajos Stand Alone Complex o la vacua película protagonizada por Scarlett Johansson (Sanders, 2017) entre otros productos. El gólem por cierto está construido a partir del barro, lo que nos trae reminiscencias desde los albores de la humanidad, pues la tradición judeocristiana hace surgir al hombre de ese material (a la mujer de una costilla del primero), pero esto no deja de ser un eco de las primeras cosmogonías. En la babilónica Marduk crea al ser humano mezclando su sangre divina con barro con el objetivo —algo muy a tener en cuenta por su relación con la narrativa de los autómatas— de que las personas sirvan a los dioses. Es decir, que para algunas de las tradiciones más antiguas, los humanos son los "robots" de los dioses. Al respecto conviene recordar dos cosas:  Čapek elige la palabra porque en checo robota hace referencia al trabajo forzado y Mary Shelley establece como subtítulo de Frankenstein "el moderno Prometeo", pues el titán de ese nombre da a los seres humanos un poder exclusivo de los dioses: la tecnología y en concreto la posibilidad de crear vida con ella.

En el cine mudo están ya presentes todos los géneros. Y en la trilogía del gólem por Paul Wegener nos encontramos con una película original (1914, no es una adaptación del un tanto hermético libro homónimo escrito por Gustav Meyrink y publicado en 1915), una parodia o spoof (Der Golem und die Tänzerin, 1917) y un remake o reactualización (Der Golem, wie er in die Welt kam, 1920). La figura de la niña va a tener una presencia muy similar a la de la posterior Frankenstein protagonizada por Boris Karloff (abajo. Whale, 1931).

 


El camino del autómata como ser sin alma, sin la chispa divina, que es posible también esté ausente de nosotros, se encuentra en el mismo origen de una de las novelas más influyentes en el siglo XX en este campo: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968), aunque lo sea en gran medida por la fama y profundización —en este caso respetando la esencia temática—, de su famosa adaptación fílmica: Blade Runner (Scott, 1982). La idea de realizar un libro sobre seres artificiales el término replicante debería esperar a la película— (1) le vino a Philip K. Dick cuando estaba investigando para El hombre en el castillo, una distopía en la que los nazis ganan la Segunda Guerra Mundial. Rebuscando entre viejos documentos en una biblioteca, topó con la carta de un oficial de las SS en la que se quejaba de que en un campo de concentración los llantos de los niños prisioneros no le dejaban dormir (2). Esa crueldad, de ser un rasgo humano, ¿no nos deshumanizaba a su vez?, ¿no nos convertía en androides?. La pregunta que se formuló Dick acabaría revolucionando el género, en parte creando el Ciberpunk a través del éxito de Scott. No obstante, la película de forma magistral va a incidir más en la posible consciencia del ser construido, aunque es interesante ver que en el origen de esta historia el planteamiento era que los humanos nos convirtiéramos en máquinas. Como siempre, Dick dándole la vuelta a todo. No obstante con respecto a estas cuestiones hay que poner en valor la mencionada R.U.R. en la que los sintéticos se sublevan precisamente por ser algunos de ellos programados con una actualización que busca hacerles más similares a los humanos. En un inolvidable diálogo del texto de Čapek, se dice:
 
—(...) creí que si [los robots] fueran más como nosotros, nos entenderían mejor. Que no nos odiarían si fueran tan solo un poco más humanos.
 
—Nadie puede odiar más a los seres humanos que los humanos.
 
Es decir, que parecerse a la humanidad supone tener al menos en parte un gran impulso destructor. Terrible.  
 
 

Arriba: La portada del libro es apropiada, ya que da una idea de los esquemas mentales del tío Phil. Abajo: Cubierta de la primera edición de R.U.R. El diseño es de Josef Čapek, hermano de Karel.

 

En realidad el género de la entidad artificial de desplazamiento autónomo y habitualmente antropoide el robot o cíborg— que acompaña al humano desde que éste lo inventa, puede dividirse dentro de la ficción en dos grandes bloques: el que lo presenta como herramienta que puede ser utilizada con fines positivos o negativos, como cualquier otro instrumento; o el que —al imbuirlo de consciencia sirve para reflexionar sobre nuestra propia existencia y naturaleza, reflejándonos en él al encontrar un igual. Asimov exploró solo tangencialmente la segunda opción. Incluso aún cuando los robots pueden tomar decisiones inesperadas o aparentemente autónomas, como en el relato El conflicto evitable (The evitable conflict, 1950), responden a una lógica de programación basada en las famosas tres leyes de la robótica (3). Verdad es no obstante que en algunas ocasiones parece que cierta autoconsciencia robótica se despierta en unos pocos de sus escritos, siendo tal vez el más representativo El hombre bicentenario (1976), en el que el sintético Andrew (el nombre tiene reminiscencias a "androide") desarrolla una eso sí, única, pues ningún otro ente artificial lo logra personalidad que le hace desear la libertad. Ciertamente este texto, edulcorado en exceso por Chris Columbus en la adaptación cinematográfica (The bicentennial Man, 1999), apunta al hecho de que el ser humano no se diferencia en mucho del resto de animales, algo que comparto junto a filósofos brillantes como Jesús Mosterín. Si observamos a los demás seres vivos, sobre todo a los mamíferos superiores, podemos ver consciencia. En ellos son detectables sentimientos: dolor, reconocimiento del ser querido, curiosidad, juego entendido como diversión y no solo aprendizaje, deseo de libertad, así como percepción de la mortalidad. Andrew al convertirse en humano en realidad se integra en parte de la ecología natural. Pasa de objeto a animal. No obstante y aunque magistralmente, la mayoría de escritos de robots por Asimov se basan, más que en motivos existencialistas, en la premisa de que no deberíamos renunciar a la tecnología por temor a usarla mal. Es un debate que se puede rastrear en la ética aplicada a las redes sociales. ¿Son negativas per se o un simple instrumento? Son tan válidas tanto para buscar información o escuchar a gente interesante, como de la mano de algoritmos poco inocentes— para vender gratis nuestra privacidad o la de nuestros seres queridos, en un intento de provocar envidia o reafirmación a través de una felicidad artificial. Asimov parece que nos advierte de que de lo que tenemos que preocuparnos es de madurar como individuos y sociedad, no de restringir el avance tecnológico.
 

 Arriba: Robin Williams y Sam Neill en El hombre bicentenario (Colombus, 1999). La cuestión de la toma de consciencia por el androide ha servido para explorar los remas de la alienación o el racismo, como en Inteligencia Artificial, de Spielberg (2001. A.I. Artificial Intelligence), originalmente idea de Kubrick (abajo).

 

Ejemplos del robot-herramienta hay muchos, habitualmente sin la profundidad del querido doctor, desde el más puro entretenimiento incluyendo el más satisfactorio al estilo de Pacific Rim (del Toro, 2013) a algo más consistente. Como el querer aferrarse a una tecnología obsoleta por motivos emocionales,  por ejemplo en Steel del maestro Richard Mahteson, texto versionado en la televisión (“La dimensión desconocida”, episodio de 1963) y en la gran pantalla bajo el título de Acero puro (Real Steel, Shawn Levy, 2011). El apoyarse sentimentalmente en un objeto por no querer resolver los problemas interiores, o por intentar buscar refugio ante una sociedad hostil, está en el núcleo de esas páginas, llevando por eso mismo a la reflexión acerca de una sociedad que aísla a los individuos que la conforman. Otros ejemplos famosos de obras imperecederas pueden ser Robby de “Planeta prohibido” (Forbidden Planet, 1956, Fred M. Wilcox) cuya programación es muy posible que se inspirara ya en los relatos de Asimov; o el Gort de Ultimatum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, Robert Wise, 1951), también posiblemente basado en un relato de Astounding Science Fiction publicado en 1940. Por desgracia la versión del 2008 se rindió de nuevo al mero mercantilismo. En cualquier caso ambos, Robby y Gort, son instrumentos construidos (el primero por el Dr. Morbius y el segundo por la organización cósmica a la que pertenece el extraterrestre Klaatu) para ciertos fines.


¿Asustan, eh? Pues son los buenos de la peli (imagen por Brecht Bug en flickr).

No obstante la Ciencia ficción se ha inclinado a ir más por la vertiente del espíritu en la trama robótica, tal vez por el hecho de ser un género especialmente adecuado para la especulación filosófica, pese a ideas preconcebidas en otro sentido por parte de público y crítica. De nuevo los casos son inabarcables, desde los dedicados al público infantil, algo que se puede rastrear en el Pinocho de Carlo Collodi en el siglo XIX y sus adaptaciones (en cierta forma Inteligencia Artificial lo sería), siendo la obra original más bien cruda —aunque excelente— para los estándares actuales. El hilo nos puede llevar hasta la exitosa y en parte ejemplo del cine de los ochenta Cortocircuito (Short Circuit. Badham, 1986), donde es interesante que la toma de conciencia del robot protagonista, Número 5, venga por el impacto de un rayo, habitual poder divino en el imaginario colectivo desde tiempos inmemoriales y portador de la electricidad que ya sin magia anima a la criatura de Viktor Frankenstein. En los últimos tiempos uno de los mejores exponentes e injustamente olvidada es Chappie (2015) del sudafricano Neill Blomkamp, quien pese a la diversidad de opiniones respecto a sus creaciones ha demostrado ser uno de los directores que mejor pulso tiene rodando acción. Sin quedarse en pirotecnia vacía,  pues la pone al servicio de una trama consistente  como en Distrito 9 (District 9, 2009). Esta rama robótica está muy ligada a la de las Inteligencias Artificiales que en su aparición ficcionada suele  presentar un despertar de consciencia, pudiendo a veces servirse de robots-herramienta para sus propios fines, habitualmente atacar a o defenderse de la humanidad. Ahí tenemos a Skynet con sus Terminator, la IA de Matrix con sus agentes Smith por ejemplo, los mortales artefactos de los que se sirve la computadora de la inquietante Engendro mecánico (Demon Seed. Cammell,1977) pasando por el seminal H.A.L. de 2001, cuyas motivaciones quedan más claras en la novela —tampoco es una novelización del film— de Clarke (4) que en la magistral película de Kubrick.


El Engendro mecánico es una cinta basada en la novela del mismo nombre por Dean Koontz (1973). Muy recomendable, explora uno de los temas clave respecto a la esencia de los seres vivos: la reproducción.


En definitiva el mundo de los robots en el género que tanto nos apasiona ha seguido dos caminos diferenciados, aunque en ocasiones coincidentes: El robot-herramienta y el robot-ser. Ambos han sido usados por algunas de las mejores obras para reflexionar sobre nosotros mismos, algo que en definitiva y visto lo visto no está de más. 
 
Desde una perspectiva humorística y a la vez filosófica debemos recordar a Marvin de La guía del autoestopista galáctico (Adams, 1979. En la versión fílmica de 2005 con la voz del añorado Alan Rickman). Por otro lado (abajo) a Trurl y Clapaucio de Ciberíada (continuación de Fábulas de robots. Lem, 1964 y 1965) testigos de un universo en ocasiones desconcertante. Como recomendación final podemos decir que nunca, NUNCA, le preguntéis a Marvin qué tal le ha ido el día.
 

 
NOTAS
 
(1) Fue idea del guionista David Peoples (De Lauzirika, 2007). 
 
(2) Carrère, 1993. 
 
(3) A lo largo del universo robótico de Asimov se desarrollará una cuarta ley, la "cero", que incluye a toda la humanidad en la salvaguarda robótica de dañar por acción u omisión. Pero son las tres más famosas las presentes en toda la obra. 
 
(4) Tal vez la mejor fuente para conocer el proyecto en que se embarcaron Clarke y Kubrick es el ensayo del primero sobre todo lo que aconteció al respecto (Clarke, 1972).
 
 
 

 
 ¿QUIERE SABER MÁS?
 
 
—No sólo sobre Ciencia ficción, sino sobre historia del cine en general, pues narra de forma detallada lo que supone el rodaje de una película mítica, tenemos el documental Días peligrosos: Creando Blade Runner (Dangerous Days: Making Blade Runner. De Lauzirika, C. 2007).
 
De forma similar podemos recomendar el libro de Arthur C. Clarke sobre 2001, pues apunta gran cantidad de información de su trabajo y de la película: The Lost Worlds of 2001. (Clarke, A. 1972).
 
—Sobre citas y reflexiones de Clarke, incluyendo pensamientos acerca de la tecnología: Deckard, V.  Las máximas de Arthur C. Clarke: Un manual para filósofos, científicos y librepensadores (2026). Disponible en línea:
 
—En el proyecto Podcaliptus nos interesa mucho la interacción sobre diferentes formas de arte. Por ejemplo entre cine y videojuegos. Aquí tenéis también disponible en línea un artículo sobre los videojuegos en el universo de Terminator, lo que nos sirve además para reflexionar sobre la figura arquetípica del rebelde (Deckard, V. Los videojuegos ambientados en el universo de Terminator. 2025):
 
—Artículo sobre la obra de Philip K. Dick desde una perspectiva política y en relación con el posmodernismo. En él se enlazan además diversos pódcast sobre obras concretas del autor. (Deckard, V. Estigmas posmodernos y penúltimas verdades. Filosofía política en la obra de Philip K. Dick. 2026):
 
 —Pódcast sobre la obra de Isaac Asimov:
 
(Primera parte: La saga de los robots)
 
(Segunda parte: El legado en otras obras)
 
 —Pódcast sobre la Inteligencia Artificial en la Ciencia ficción:

—Pódcast sobre el mito del gólem:
 
 —Pódcast sobre Frankenstein:
 
 —Pódcast sobre Richard Matheson:
 
 —Pódcast sobre la saga Terminator:
 
 —Pódcast sobre Pinocho
 
 —Pódcast sobre 2001:
 
(Primera parte: sobre la novela)
 
(Segunda y tercera partes: sobre la película)
 
—Pódcast sobre Jesús Mosterín:
 
 
Los antropoides artificiales en la Ciencia ficción [Robots y cíborgs. Líneas narrativas y obras imprescindibles] © 2026 by Víctor Deckard is licensed under CC BY-ND 4.0

2 comentarios:

  1. Aquí dejo como recomendación la chica mecánica de Paolo Bacigalupi.

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